
Creadores también reiteran la exigencia de una disculpa pública por el homenaje que organizó la Secultura estatal a Rubén Figueroa Figueroa
Acapulco, Guerrero, 4 de diciembre de 2025. Unas 20 personas tuvieron la oportunidad la noche del martes a las afueras del Palacio de Cultura de Chilpancingo de ver el documental El señor gobernador, trabajo realizado por periodistas franceses a principios de los años ochenta y que tiene como personaje a Rubén Figueroa Figueroa, gobernador de Guerrero entre 1975-1981, calificado como represor y asesino por colectivos y organizaciones sociales.
Dicha proyección, a cargo del Movimiento contra el Homenaje al Genocida, Cacique y Violador y por la Reivindicación de la Historia de Guerrero, que reiteró la exigencia primero de una disculpa pública por parte del gobierno de Guerrero por permitir el pasado 9 de noviembre que la Secretaría de Cultura (Secultura) organizara un homenaje a Figueroa Figueroa y segundo, de la destitución de la titular de la propia Secultura, Aída Melina Martínez Rebolledo.
Dicho documental realizado durante el último año de gobierno de Figueroa Figueroa por la Televisión Francesa y por el Institut national de l’audiovisuel es parte de una serie de cortos llamados Un viaje a México y pretende exponer algunos momentos de la vida del entonces gobernador, su forma de trabajar, su manera de hacer política y cómo es que recorría el estado, así como su relación con la gente de la que dijo, siempre velaba por sus intereses.
No obstante, muestra a un político autoritario, excéntrico y en momentos absurdo.
Una primera escena nadando y cantando en su residencia ante el aplauso de su personal de confianza, la forma en mostrar y ufanarse de su dominio de las armas, un trío de guitarras acompañándolo por sus giras de trabajo o sus dichos en torno a ser amante de las mujeres, en especial de las menores de edad, son prueba de ello.
“No les veo pelo ni tamaño, todas me gustan, prietas, chaparras… las prietas, hasta las mulas son buenas, y las güeras ni se diga, son mi especialidad y son las que me ha recetado mi médico”, dice en algún momento y posteriormente añade: “de 15 a 20 (años de edad) me las ha recetado mi médico porque son las que más me conviene cultivar.
“Mi sombrero y mi pistola y dejad que los niños se acerquen a mí”, es tan sólo una de las varias frases que pretenden pasar por divertido a un personaje que antes de ser gobernador, en mayo de 1974, fue secuestrado por el Partido de los Pobres (Pdlp), de Lucio Cabañas y después rescatado por el Ejército.
Respecto al profesor y guerrillero, caído en combate el 2 de diciembre de 1974 en un enfrentamiento con el propio Ejército en El Otatal, Atoyac, Figueroa Figueroa dice en dicho documental, en medio de un tranquilo desayuno, rodeado de su familia: “hay un refrán mexicano que dice que cuando se muere un perro rabioso se acaba la rabia… así cuando se murió el guerrillero se acabó la guerrilla…”.
El documental, que dura alrededor de una hora, contiene decenas de imágenes y tomas de diferentes lugares de Guerrero, incluyendo un vuelo en helicóptero hacia Acapulco para concretar la expulsión, en su último año de gobierno y con el pretexto de que ensuciaban la bahía, de 120 mil personas de los cerros del anfiteatro para llevarlas a la recién creada Ciudad Renacimiento.
Con entrevistas a distintos personajes, principalmente colaboradores suyos para hablar bien de él y con declaraciones del político en torno a su satisfacción por haber alcanzado su meta política –ser gobernador–, el trabajo concluye con la respuesta a una última pregunta del entrevistador sobre cómo quiere él que lo entierren: “con unos brasieres sobre mis ojos y unas pantaletas sobre mi corazón”.
Para este viernes el Movimiento contra el Homenaje al Genocida, Cacique y Violador y por la Reivindicación de la Historia de Guerrero, al que pertenecen creadores como como los escritores Carlos Ortiz y Emiliano Aréstegui, anunció también a las 6 de la tarde y en el exterior del Palacio de la Cultura, la proyección ahora de un documental, aún por definir, sobre la vida de Lucio Cabañas.
Óscar Ricardo Muñoz Cano


