
Guadalajara, Jalisco, 4 de diciembre de 2025. Leonardo Padura es un escritor de carne y hueso, de nervios y obsesiones, que de adolescente soñaba con ganar medallas por ser un exitoso jugador de beisbol; hoy se las merece pero por ser un escritor que con la precisión de un periodista y la pasión de un novelista ha sabido reflejar las grandes contradicciones del ser humano, los ideales fracasados de una revolución, que en un sueño de utopía, buscaba la igualdad de todos los seres humanos.
Leonardo Padura, (La Habana, 1955) subió ayer al estrado del Paraninfo Enrique Díaz de León para recibir su cuarto doctorado honoris causa, tres en México y uno más en Perú, ninguno en Cuba, su país natal, precisamente por sus aportaciones a reconstrucción de la historia y el pensamiento crítico de América Latina, por ser un autor que en las palabras ha encontrado un ejercicio de plena libertad y que a través de su obra literaria ha logrado configurar una lectura acuciosa de la historia contemporánea.
La distinción, propuesta por el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), de la Universidad de Guadalajara (UdeG) reconoció a Padura por encontrar en las palabras un territorio resistencia y crítica a un sistema que colapsó.
Durante la ceremonia, la directora del CUCSH, Dulce María Zúñiga, destacó que Padura ha construido una obra marcada por la coherencia y la fidelidad a su origen, incluso en medio de las condiciones políticas y económicas que han marcado la vida en Cuba, en la que ha permanecido a pesar de múltiples dificultades.
“Ha elegido permanecer y mirar desde adentro para escribir desde la raíz”, dijo Zúñiga, al subrayar que esa mirada crítica y entrañable hizo posible novelas como El hombre que amaba a los perros, donde el autor reconstruye el asesinato de León Trotsky y, al mismo tiempo, el derrumbe de las grandes ideologías del siglo XX.
Zúñiga señaló que Padura ha logrado unir periodismo, investigación y narrativa para examinar la fragilidad de las utopías, los dilemas éticos del individuo y la memoria colectiva. Recordó también que su serie del detective Mario Conde transformó la novela negra en un espacio para observar la vida cotidiana de La Habana y explorar la nostalgia, el humor y la dignidad de una ciudad que es, en sí misma, un personaje.
Padura agradeció la atención y recordó que esta distinción se deba quizá a la larga historia de colaboración con la Universidad de Guadalajara, que le ha invitado a ser orador de la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar y a ser protagonista de diversas mesas literarias y académicas en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde hace unos días precisamente acaba de presentar su novela más reciente Morir en la arena, que habla precisamente del colapso de la sociedad en la isla, particularmente de su generación.
Entre risas, el autor recordó que no trajo consigo una pelota de beisbol para demostrar su amor por ese deporte, pero sí sacó del bolsillo unos cigarrillos venidos de Cuba.
“Me cuesta pensar que todas esas cosas bonitas que han dicho, las he hecho yo”, lanzó Padura frente a un Paraninfo Enrique Díaz de León atiborrado.
El autor advirtió que su trabajo como escritor ha sido observar su entorno, su barrio, su país, el mundo, para reflexionar sobre las contradicciones y las motivaciones del ser humano.
En su discurso, en el que habló de la razón de ser de su novela El hombre que amaba los perros, el autor relató que a partir de esa novela, que se ubica en México, se reflejan parte de sus preocupaciones personales y profesionales.
“Como bien se sabe, el romántico proceso histórico de la construcción de la comunidad de los iguales, ese mundo añorado en el cual los hombres vivirían con la más plena equidad y la máxima libertad responsable, una vez superadas todas las diferencias clasistas y todos felices de la vida, casi desde el inicio de su puesta en práctica sufrió la trágica perversión de muchos de sus principios”, definió el autor.
Rebeca Pérez Vega / Hiram Osiris / Agencia Reforma


