21 agosto,2025 8:52 am

“Que los mexicanos se reconozcan como afroamericanos”, uno de los propósitos del Festival de Danzas Negras

Con más de 60 actividades, entre danza, cine, música, conferencias, presentaciones de libros y talleres a cargo de más de 300 artistas de Guerrero, Oaxaca y Veracruz, e invitados de Brasil, Colombia y Cuba, este festival permitirá “a la población tener más información sobre las negritudes”, dice Alonso Alarcón Múgica, coordinador nacional de Danza del INBAL. Califica de “espectacular” la intervención de músicos de Cuajinicuilapa y Llano Grande en la producción Raíz que no muere, presentada en la función inaugural en Bellas Artes

El Sur / Ciudad de México, 21 de agosto de 2025. Paula Villaurrutia es una bailarina y coreógrafa con raíces en el pueblo El Guayabo, de San Marcos, en la Costa Chica de Guerrero. Nació en Ciudad de México pero su familia, su corazón y todo su ser, afirma, son totalmente guerrerenses. De 42 años, participa este viernes 22 en el Festival de Danzas Negras con su obra coreográfica Flores blancas, que combina géneros tradicionales como son jarocho, huasteco, arribeño y chilena.

“La Costa Chica siempre está presente en mi vida”, cuenta a El Sur la artista. Villaurrutia creció entre el campo y la ciudad, entre conocer riquezas y manifestaciones tradicionales que en su momento eran totalmente cotidianas.

Para crear Flores blancas, Paula se basó en los textos Trenzaré mi tristeza, de la escritora veracruzana Paola Klug, y La tiricia, del músico oaxaqueño Rubén Lenguas. La obra se enfoca en una mujer que transita por ese padecimiento emocional que se conoce como “tiricia”: sus estados de ansiedad y depresión, y el camino que elige para enfrentarlos y resolverlos.

Desde niña, Paula se ha maravillado con las chilenas. Su tío tocaba en la banda del pueblo, su tía abuela bailaba, su abuela cantaba versos costeños. La Costa Chica siempre está presente en sus piezas.

“Al final de la obra se dice que uno de los remedios para curar la tiricia es recoger flores blancas, por eso el nombre, y tirarlas al río para que se lleve la tristeza. Otro de los remedios es escuchar música porque cura la tiricia. Y por ocasión especial voy a estar acompañada de la Banda de mi Tierra de don Bilo Santiago, de Ometepec, Guerrero”, detalla.

Se conocen desde hace 20 años y la colaboración se hace desde el compañerismo y saberse paisanos guerrerenses. “Es importante que toquen esas chilenas que nos curan el alma. Que vengan a sanar y a curar de la tiricia a todos”, festeja.

La obra se podrá ver este viernes a las ocho de la noche en el Teatro de la Danza Guillermina Bravo del Centro Cultural del Bosque.

Flores blancas es una las más de 60 actividades, entre danza, conferencias, documentales, presentaciones de libros y talleres a cargo de más de 300 artistas que participan en el Festival de Danzas Negras-Reflexiones Afroindígenas, el cual comenzó el 9 de agosto pasado y concluirá el último día del mes. El listado completo de eventos se puede ver en inba.gob.mx.

En su primera edición, se eligió como sede principal a Ciudad de México, donde el programa se reparte en el Palacio de Bellas Artes, el Museo Nacional de Antropología, el Teatro de la Danza Guillermina Bravo, el Teatro Julio Castillo y el Pabellón Escénico y el Laboratorio de Creación Escénica, ambos en el Jardín Escénico del Instituto del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

Las otras sedes son Tlacotalpan, Veracruz, y Pinotepa Nacional, Oaxaca. En todas participan artistas oriundos de Guerrero, Oaxaca y Veracruz; además, invitados de Brasil, Colombia y Cuba.

Afromexicanidad, parte de la identidad nacional

“Es un tema de relevancia porque las danzas, en este caso de nuestros pueblos originarios y comunidades afroamericanas, han estado presentes a lo largo de la historia desde principios de 1500. Lo que pasa es que no ha habido una visibilización de las danzas”, explica en entrevista Alonso Alarcón Múgica, coordinador nacional de Danza del INBAL.

El Festival de Danzas Negras se efectúa en el contexto del Día Nacional de los Pueblos, Comunidades y Personas Afromexicanas en México, que se conmemora cada 10 de agosto, y del 31 del mismo mes, Día Internacional de las Personas Afrodescendientes.

“Son fechas muy importantes para los pueblos afromexicanos. Es importante hablar todo el mes de las danzas negras. Este festival se trata de diversas actividades que permitan a la población tener más información sobre las negritudes y específicamente desde las danzas”, enfatiza.

Alarcón Múgica recuerda que la afromexicanidad y las matrices negras africanas fueron reconocidas en la Constitución, apenas en 2019, como parte de la identidad nacional mexicana.

–Siempre se piensa en los pueblos originarios al hablar de danza o bailes típicos –se le comenta.

–Cuando hablamos de este festival dedicado a las danzas negras, pensamos en dos frentes. Por un lado, las danzas que corresponden o que son resultado de las expresiones culturales de los pueblos originarios y, por el otro, danzas que tienen una matriz negra africana.

Por ejemplo, añade, están las danzas de los diablos y los sones de artesa, que son un tipo de música y danza tradicional afromexicana, originaria de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca. O los sones y las chilenas de Pinotepa Nacional, o las cuadrillas de danzas de los negritos en la región Totonacapan, en Veracruz. Son danzas en las que, se ha demostrado, existe una influencia afrodescendiente.

“Muchas de estas danzas se están haciendo incluso desde antes de ser reconocidas como danzas con matriz negra. Son manifestaciones de los pueblos originarios que implican música, danza y ciertos ritmos”, expone el coreógrafo, curador e investigador de danza.

Actualmente, continúa, se desarrolla investigación sobre la línea de negritud en el fandango tradicional de Veracruz, el fandango jarocho y negro, que son sones y tradiciones en los que se ha reconocido la influencia flamenca europea, indígena y mestiza.

“Pero lo que es muy reciente es ver cómo en los ritmos en ciertas corporalidades se puede identificar la matriz negra, y hablamos de comunidades de Veracruz que claramente tenían personas negras en estos contextos”, abunda.

“Estamos visibilizando producciones contemporáneas de artistas afrodescendientes” que se reconocen como tales. Asimismo, “reflexiones afroindígenas para poner en diálogo esta historia de lo indígena que ha sido estudiada en México a través de la antropología y lo afro”.

Artistas de Guerrero que desbordan el escenario

En México, el foco de la herencia africana está en Guerrero, Oaxaca y Veracruz. De ahí que la presencia de Guerrero en el Festival de Danzas Negras sea vasta. El sábado 9, cuando fue la inauguración en el Palacio de Bellas Artes, presentaron su propuesta músicos de las localidades guerrerenses de Cuajinicuilapa y Llano Grande, en una producción del INBAL llamada Raíz que no muere, en colaboración con la Escuela Nacional de Danza Folklórica.

“Fue algo espectacular. Los músicos de estos pueblos originarios llenaron el Palacio de Bellas Artes con su música, con su presencia. El palacio lleno, con mil 300 personas en esa función inaugural lo hizo un acto muy, muy potente y muy poderoso”, recuerda Alarcón Múgica.

En días pasados participó con un fandango tixtleco la agrupación guerrerense Nahual, que hace sones de tarima. “También fue maravilloso. Yo estuve con ellos el domingo 10. Algo que está pasando en el Festival de Danzas Negras es que, en general, las propuestas generan un desbordamiento de los formatos escénicos a los que estamos acostumbrados en un espectáculo. Por lo regular ves el grupo en una disposición y al público sentado en sus butacas.

“Yo voy a ver prácticamente todo lo que programamos en la Coordinación Nacional de Danza y ha sido muy interesante que la programación del Festival de Danzas Negras, en todos los casos, ha provocado que la gente se levante, que baile, que se meta al escenario porque hay momentos en que los espectáculos propician ese intercambio entre el público y los músicos. Eso pasó en el fandango tixtleco, que estuvo en el Pabellón Escénico”, cuenta.

Break the Folk, de Acapulco, y Flores blancas, de Paula Villaurrutia, son dos de las propuestas más atractivas próximas del festival, además de la participación del coreógrafo guerrerense Serafín Aponte, quien va a estar en la clausura, el 31 de agosto.

“El maestro Serafín está en Ciudad de México, pero ha hecho varios proyectos para regresar a Guerrero. Tiene una producción muy importante de una pieza que se llama Yanga, que hizo hace 25 años. Es de las coreografías pioneras que hablaron de las negritudes en México. Clausura el festival con Yanga y vamos a develar una placa en conmemoración de los 25 años de la primera vez que el maestro presentó esta producción”, adelanta Alarcón.

“Vamos a tener presencia de Guerrero muy fuerte y esperamos hacia adelante poderlo fortalecer”. El festival será anual, agrega. “Cada año vamos a estar haciendo este evento en el mes de agosto con toda la intención de que los mexicanos nos reconozcamos en las danzas negras como afroamericanos y como afroindígenas también”.

En el festival se exponen proyectos que no trabajan con danzas de pueblos originarios, pero que desarrollan sus propias mezclas. El sábado 23 se presentará en el Jardín Escénico, por ejemplo, la agrupación Break the Folk, compañía que dirige Víctor Sierra.

“Ellos han tenido una aproximación a las danzas de los diablos, de sus pueblos originarios, pero ahora están haciendo una propuesta a partir de ritmos como break, folk, hip hop, mezclados con danzas de matriz negra africana”, profundiza Alarcón. “Como coreógrafos y coreógrafas afromexicanos reinterpretan las negritudes en una perspectiva actual”.

Presencia nacional e internacional

Finalmente, el coordinador de Danza del INBAL pone dos casos más como ejemplos de los proyectos de otras partes del mundo que se pondrán a consideración del público.

Uno es el de Argelia Arreola, coreógrafa veracruzana que durante un tiempo bailó danzas afro en su tierra natal y después migró a Nueva York, donde fundó el Jarana Beat Ensamble. Ella viene a presentar un encuentro afroamerindio, con la experiencia que le ha tocado vivir en Estados Unidos.

“Es un espectáculo bellísimo de música y danza con diferentes tipos de instrumentos, porque las danzas negras trabajan mucho con las percusiones”, comenta.

Otro es el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba, dirigido por Leivan García Valle. “Él trae una producción que tiene que ver con los orishas y las danzas vinculadas a los procesos religiosos dentro de la matriz negra africana, pero que son actualizados, retraducidos a un trabajo contemporáneo”.

Guillermo Rivera