
A través de la palabra se hace escuchar, reimaginar mundos y realidades e intercambiar almas con quien lo lee, dice el autor, el primer africano en recibir el prestigioso reconocimiento
Guadalajara, Jalisco, 2 de diciembre de 2024. La escritura es un ejercicio de dimensiones místicas. Es a través de la palabra que alguien se hace escuchar, que puede reimaginar otros mundos y otras realidades, establecer un intercambio que descifre el alma desde lo más íntimo, describió el escritor Mia Couto (Mozambique, 1955), primer autor africano en alzarse con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.
El escritor mozambiqueño recibió este sábado el galardón por su innovación lingüística, por el cruce de géneros en su obra, pero también porque poner los reflectores sobre la cultura, la diversidad biocultural y el anhelo de paz en su país y en su continente.
“(Esto es) lo que yo busco en la escritura: alguien que me escuche y que intercambie su alma conmigo. Y que lo haga con tal delicadeza que yo me convierta en esta otra criatura que me deletrea. Ese es el oficio de la poesía: entregarnos la palabra que nos hace nacer”, remarcó el autor de Trilogía de Mozambique y Venenos de Dios.
Couto es un ser híbrido, un poeta, cronista y novelista, pero también una especie de historiador y fabulador de múltiples voces que llama a comprender y amar lo indomable, que busca llamar la atención sobre la celebración de la vida y de la paz, definió por su parte Jerónimo Pizarro, representante del jurado del Premio FIL de Literatura 2024.
En su discurso de aceptación, Couto habló de su fascinación por las palabras, por su amor por el lenguaje y por su poder de convertir a los humanos en personas. Ese terreno lingüístico ha sido su herramienta más poderosa para desentrañar los contrastes de la historia de su país y de su continente.
“En nuestros días, la llamada realidad se tornó tan vacía y, al mismo tiempo, tan insolente y tan arrogante. Nuestra cotidianeidad se volvió tan brutal y empobrecida que, para hacernos humanos, necesitamos más que nunca ver esas otras caras de la realidad.
“Porque esa puesta en escena de la realidad que nos llega por medio de una pantalla luminosa no es solamente una imagen. Es un muro. Un muro que no nos deja ver nuestra propia humanidad”, completó Couto.
Para él, la escritura es un ejercicio de resistencia, un esfuerzo por dar forma al caos y, al mismo tiempo, entenderlo. A través de su pluma, ha logrado hacer visible lo invisible, para construir un universo literario en el que las palabras no solo cuentan historias, sino que transforman y revelan.
“Vengo de un país donde los ríos y las piedras hablan con las personas, los animales y los árboles comparten silencios con los dioses. No estoy folclorizando lo que es, sobre todo, una sabiduría ancestral. En esas cosmogonías no existen las fronteras entre lo vivo y lo no vivo, no existen las fronteras en los sueños y los dioses que viven dentro y fuera de nuestro cuerpo”.
Texto: Agencia Reforma


