
Ciudad de México, 6 de noviembre de 2024.- Tras prácticamente 5 años fuera de la colección permanente, las obras de grandes maestros de la Academia de San Carlos regresan a las salas del Museo Nacional de Arte (Munal).
Con un discurso curatorial nuevo, titulado El arte mexicano del siglo XIX, más de 60 piezas, entre óleos, esculturas y litografías, han sido devueltas a un lugar protagónico, como corresponde a uno de los acervos constitutivos del recinto fundado en 1986.
“Parte del proyecto nodal de esta Administración fue, justamente, recuperar el espacio con la dignidad que merecen los grandes maestros de la Academia, cuando pensamos en grandes artistas como José María Obregón, como Luis Monroy, como el gran Félix Parra, o escultores de talla, de primerísimo orden, como Gabriel Guerra o, por supuesto, el gran Manuel Vilar, entre muchos otros”, explicó Héctor Palhares, director del Munal, al presentar este miércoles la renovación.
De acuerdo con el funcionario, una de las primeras vocaciones del recinto fue, precisamente, el resguardo de las colecciones de la Academia de San Carlos, por lo que se decidió que un grupo de salas en el primer piso del edificio, antes destinadas para exposiciones temporales, ahora sean el hogar permanente de las piezas.
El diseño del nuevo recorrido estuvo a cargo de Ramón Avendaño, curador en jefe del museo, quien no buscó trazar un viaje meramente histórico a través del convulso siglo 19 mexicano, sino un indagación sobre los inicios de la conformación de la identidad de una nación independiente a través de sus artistas.
“Coloquémonos en aquel siglo, en aquel tiempo que fue de un montón de transformaciones, de un montón de cambios; México se estaba liberando, se estaba haciendo un país independiente, pero hay que recordar que, en el camino, hubo muchas guerras, muchos problemas civiles, invasiones, imperios, etcétera, entonces fue un siglo particularmente complicado”, contextualizó.
En medio de toda esta turbulencia, la Academia de San Carlos atravesó una crisis en la primera mitad del siglo 19, pero después fue decididamente impulsada para comenzar a cimentar la identidad nacional a través de la recuperación de mitos fundacionales.
“Será desde la Academia, desde estos pinceles y estos lienzos, que se busque exaltar el gran pasado prehispánico, en algunas ocasiones incluso haciendo omisiones de ese periodo virreinal, que también fue importante, de tres siglos”, detalló Avendaño.
El nuevo guión curatorial comienza, entonces, con la obra Fundación de la Ciudad de México (1889), de José María Jara, que muestra el mítico hallazgo que señaló el lugar propicio para erigir Tenochtitlan, y que se muestra de cara a la escultura de mármol Águila mexicana (1833-1834), de José María Labastida.
Este ejercicio de propiciar el diálogo entre diversas piezas ocurre también con una de las más emblemáticas de la colección, El suplicio de Cuauhtémoc (1893), óleo de gran formato pintado por Leandro Izaguirre, cuya escena, la tortura del huey tlatoani, se repite en El tormento de Cuauhtémoc (1883-1886), relieve en yeso que forma parte del proyecto del escultor Gabriel Guerra para el monumento al personaje, hoy en Paseo de la Reforma.
“Para no olvidar que, aunque aquí resguardamos estas piezas tan importantes del arte nacional, están conviviendo en espacios urbanos por los que todos los días transitamos, y de los que a veces no reparamos en la importancia que tienen y en los autores que realizaron estas obras”, reflexionó el curador.
Otra sala está dedicada a las obras que muestran a las representaciones de la Matria mexicana, con figuras alegóricas de mujeres que reciben los atributos de la nación independiente, al igual que otros importantes íconos de su historia, como una Virgen de Guadalupe pintada por Cayetano Padilla en 1837.
Las nuevas salas desembocan en la gliptoteca, donde algunas de sus piezas clave continúan el discurso de la construcción identitaria, como el Tlahuicole (1851) de Manuel Vilar y Roca, vaciado en yeso que muestra a un general tlaxcalteca con rasgos indígenas pero con la pose y atributos de un gladiador de la tradición grecorromana.
Ya abiertas al público, las salas renovadas concluyen su reivindicación con la escultura Malgré tout (1898), de Jesús F. Contreras, históricamente situada en el vestíbulo del recinto, después de su paso por la Alameda Central, y que ahora, por fin, tiene un lugar en la colección permanente.
Esta renovación es también un homenaje a Víctor Rodríguez Rangel, curador en jefe del museo fallecido en 2020.
Texto e imagen: Agencia Reforma


