
El acapulqueño Julio Bárcenas, asistente de dirección de la película, afirma que “revivió” el histórico concierto que se dio en el Estado de México, a meses de la masacre de estudiantes el 10 de junio de 1971 y cuando se preparaba la guerra sucia en estados como Guerrero
Acapulco, Guerrero, 10 de enero de 2025. Para el director de cine Julio Bárcenas Sánchez, la cinta mexicana Autos, mota y rocanrol reivindica un evento que marcó a toda una generación: el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro, celebrado el 11 y 12 de septiembre de 1971 en Valle de Bravo, Estado de México, y que reunió a unas 300 mil personas en medio de un México que reprimía a los jóvenes, a los que se les coartaban sus libertades, incluso de tránsito y expresión, y la prohibición del rock.
Además, la cinta estrenada en 2025 y siendo un falso documental en el que colaboró como primer asistente de dirección, revela algunas cosas que la gran mayoría de la gente desconoce.
Avándaro se redimensionó, comentó el cineasta acapulqueño en una charla sostenida con El Sur hace unos días durante su visita al puerto con motivo de las vacaciones decembrinas, “fíjate, mi vestuarista, por ejemplo, nos comentó que de niña quería ir a Avándaro, tenía 15 años y su mamá no la dejó ir y con esto, con la película, nos dijo: ‘ustedes me llevaron’”.
Así, agregó, la experiencia de hacer la película incluyó el haber llevado a mucha gente al festival, “porque al verla uno ve la historia, la gente, el concierto y la vibra; Avándaro revivió a través de esa puesta en escena”.
Breve historia
El festival se llevó acabo apenas unos meses después de la masacre del Jueves de Corpus (junio de 1971), que dejó alrededor de 200 muertos en la Ciudad de México, y fue la primera gran movilización estudiantil tras la anterior masacre, la del 2 de octubre de 1968.
Eran ya las épocas del presidente Luis Echeverría Álvarez y se gestaba entonces el inicio de la guerra sucia en el país, donde el Ejército llevaba a cabo acciones represivas para combatir grupos y organizaciones contrarias al gobierno en diversos estados de la República.
De hecho, Guerrero fue uno de los puntos más duros donde ocurrió esta persecución: a principios de la década de 1970, el Ejército desplegó cerca de la tercera parte de sus fuerzas para combatir al movimiento popular de Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos.
El festival nació relativamente ajeno a todo ello y organizado por los entonces jovencísimos Justino Compeán y Eduardo El Negro López Negrete –miembros de la llamada realeza mexicana–, serían dos días de carreras de autos sobre una pista en Valle de Bravo, amenizada por la presentación de algunos grupos musicales de aquel entonces.
Dug Dug’s, Peace and Love, Tinta Blanca, Tequila, Epílogo y Three Souls in My Mind –que después se convertiría en El Tri–, algunas de las bandas que en su momento definieron la época de La Onda y el rock mexicano y que participaron.
No obstante, hubo una afluencia superior a lo esperado a dichas presentaciones, por lo que las carreras tuvieron que suspenderse.
La prensa de la época (Excelsior, El Sol de México, Novedades…) criticó y satanizó el evento, al que calificó como un desastre moral y social: “no hubo carreras de autos, ¡fue de motos!”; “Mariguaniza” o “¡Mugre, pelos, sangre, muerte!”, algunos de los titulares.
Pero al final y al paso del tiempo, lo que sobrevive son esos días de música y hermandad entre jóvenes de una generación que sólo aspiraba al amor y la paz.
Un juego para cineastas
Bárcenas Sánchez recordó que fue invitado al proyecto por el director J. M. Craviotto, con quien ha colaborado en al menos una docena de trabajos, y que le pareció divertido hacer una película de esa de época llena de música.
“Todo inició como un juego: alguien conocía a Justino Compeán de esas reuniones de la aristocracia mexicana y a partir de esa relación, de esa conexión, alguien se enteró que él (Compeán) junto con un amigo habían organizado el festival y luego pensaron que sería buena idea hacer una película sobre Avándaro porque nunca se había hecho una”.
Iniciaron las charlas, las conversaciones y finalmente se firmaron los derechos, los contratos, para ponerse a escribir y a trabajar.
La idea fue hacer un falso documental con un toque de sarcasmo y humor negro donde se contara cómo es que se planeó el evento y cómo es que terminó siendo otra cosa.
Los actores Alejandro Speitzer y Emiliano Zurita, que interpretan a Justino y al Negro, se sumaron al proyecto al igual que Juan Pablo de Santiago, Enrique Arrizón, Ianis Guerrero, Luis Curiel, Ruy Senderos, Carlos Basabe, Iván Lipkies y el guerrerense José Salof, a quien ya hemos visto en trabajos como La raya (2024), ZeroZeroZero (2019) o El sobreviviente Elizalde (2024).
“Los productores le apostaron todo al proyecto y fue toda una experiencia”, destacó, para señalar que también fue un reto audiovisual, ya que por un lado tenían que filmar la mitad de la película, pues la otra mitad existía en material de archivo de Televisa y de la Filmoteca de la UNAM, de la cual tomaron prácticamente todo lo que pudieron.
“Venía yo de hacer una película en Italia (Casi el paraíso, donde también colaboró con primer asistente de director) y cuando Craviotto me cuenta y me invita y le dije: ‘¡va, se ve que va a estar bueno!’. Así que llegué de Italia y me tocó hacer todo el plan logístico de trabajo; desde revisar el guion, su desglose, hasta presentar un plan de trabajo ajustado al tiempo que teníamos y los recursos que se consiguieron”.
Todo lo anterior, en tres semanas, “súper cansado”, reveló, “¡pero íbamos a jugar todos a hacer una película sobre Avándaro!”, juego que incluyó transformarse ellos mismos; “nos dejamos crecer el pelo, la barba, nos pusimos los disfraces (el vestuario), toda una experiencia de pura diversión”.
Serios, pero no tanto
“La filmamos en tres semanas, todo un récord para lo que se hizo, las escenas, las locaciones, el concierto, los emplazamientos y una apuesta en cámara bastante ambiciosa”.
Para las locaciones, precisamente, se buscaron lugares como pistas de go-karts, explanadas parecidas a la de Avándaro en La Marquesa, también en el Estado de México y poder filmar.
Así también, el tema de la música tuvo su dificultad ya que en la película “participaron verdaderos músicos, de bandas como Enjambre que están ahí y que personificaron a los músicos de esa época y que además se dieron a la tarea de escuchar las rolas e interpretarlas.
“Decidimos grabarla en multiformato; usamos 16 milímetros, 8 milímetros, Súper 8 y tuvimos la toma segura con una cámara digital grande, profesional.
“Trabajamos con el encuadre, somos los magos y ese el truco a veces sobre cómo filmar y para mí fue un reto muy grande porque no nada más es contar una historia y entenderla, sino saber cómo cruzarla con elementos existentes (material de archivo) y que las tomas fueran creíbles”.
En ese sentido, celebró el trabajo de Martha Poly, encargada de encabezar el trabajo de edición y quien consiguió efectivamente que el falso documental quedara listo.
Bárcenas Sánchez señaló que la película nació para ser exhibida en cine, contando para ello desde el principio con un Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (EFICINE) pero cuando se supo del proyecto, se sumaron otras entidades como la propia Cinepolis y más adelante la plataforma de streaming Prime y luego Apple TV.
“Y la película funciona muy bien, es divertida, es coherente, yo creo que le hace justicia al festival; en mi memoria recuerdo muchos documentales con mucho rollo pero creo que siempre hubo un miedo para filmar algo sobre Avándaro y a lo mejor, desde nuestra inocencia, de nuestra candidez, decidimos hacerlo como fue”.
Ahora que terminó el trabajo y que la película se estrenó en salas en septiembre de 2025, reflexionó: “valió la pena porque sí se le apostó a su salida comercial y no salió con tan pocas copias (llegó hasta Acapulco), con un estreno comercial grande y yo creo que dentro de lo que cabe le fue bien”, para después llegar a plataformas de streaming.
“El cine es un negocio muy complicado pero en el caso de Autos, mota y rocanrol fue un caso de éxito, tal vez no hizo tantísimo (dinero) pero se vio bastante y la gente la sigue recomendando de boca en boca”.
Avándaro, el legado
El impacto que generó Avándaro aún es tema de discusión entre académicos y rockeros, pero si hay algo claro es que ese evento sentó las bases del rock mexicano y le dio confianza al movimiento contracultural juvenil mexicano, iniciado años atrás, siendo un antes y un después en temas como la libertad de expresión, la música, la moda y las costumbres culturales y sociales, a pesar de la posterior represión gubernamental.
Al principio no sabía mucho de los detalles del evento, aceptó Bárcenas Sánchez, egresado de la Universidad Americana de Acapulco y director de cintas como Emma, de 2017, además de colaborador en otras películas como Roma, de Alfonso Cuarón en 2018 y series como la icónica Soy tu fan, de 2011, “y con la película supe que todo empezó con las carreras de autos y que el tema del concierto era sólo un entretenimiento nada más, que se fue transformando en lo que terminó siendo; el asunto creció tanto que se comió la pista y me queda claro que Avándaro revivió a través de esta puesta en escena y su legado ahí está.
“Autos, mota y rocanrol es una película que no fue a festivales, no es festivalera, es una película que pretende solamente contar una versión de las cosas; a mí me parece que eso la hace auténtica, no pretende ninguna otra cosa, es hasta graciosa”, por lo que invitó a la gente a verla en las plataformas de streaming.
Óscar Ricardo Muñoz Cano


