10 enero,2026 9:04 am

“Ya no nos callamos; hablamos de todos los temas, pero desde nosotras”: Blanca Athié, escritora acapulqueña

Obtuvo el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2025 con una serie de trabajos en la que rinde homenaje a Elena Garro, Lucia Berlin y Anaïs Nin. “Soy mujer y es muy importante para mí ganar espacios. A veces es muy difícil”, resalta al celebrar la publicación del libro este año. Bisnieta de una libanesa fundadora del mercado de Acapulco donde vendía ropa, se dice parte de una generación de autoras que “ha puesto mucho las poéticas, por decirlo así, del cuerpo” y “ha conseguido muchas lectoras porque ya se ven reflejadas”

El Sur / Ciudad de México, 10 de enero de 2026. Su nombre real es Blanca Elena Rivera del Río, pero firma su obra literaria como Blanca Athié. Aunque le han dicho que sus apellidos juntos son poéticos y preciosos, ella prefirió tomar el de su bisabuela, una mujer que llegó a Acapulco desde Líbano y que contribuyó, sin planearlo, a que Blanca se convirtiera en una destacada escritora mexicana.

La bisabuela hablaba español, pero no lo escribía ni leía. Quizá por ello se propuso cultivar a su hijo en esa lengua. Lo hizo leer los libros que ella no leyó. Muchos años después, ese niño se convirtió en el abuelo de Blanca, nacida en 1986, en la ciudad y puerto de Acapulco. Cuando ella tenía 12 años, él descubrió que a su nieta le gustaba le lectura y le dio los libros que su madre libanesa le encomendó y muchos más.

Blanca, más tarde, quiso escribir historias como las que leía. Bisabuela y abuelo estarían orgullosos si supieran que en julio de 2025 ganó el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez (PNCAY) 2025 –y que se le entregó durante una ceremonia realizada en Guadalajara en noviembre pasado– por su libro Elena, Lucia, Anaïs.

Se trata de una serie de ocho cuentos que combinan fantasía y un poco de realidad, en los que Athié imagina vivencias de las escritoras Elena Garro, Lucia Berlin y Anaïs Nin en Puerto Vallarta, Jalisco, donde escribió el que también es un homenaje a estas leyendas literarias, basado en una amplia investigación y un vasto proceso creativo en el que también se enfocó en los cuerpos de las tres mujeres y su relación con éstos.

El Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) Jalisco 2023 le permitió a Athié residir varios meses en ese puerto jalisciense y en los cuentos recrea el Vallarta de las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta del siglo XX.

Athié dice a El Sur que se sintió “muy, muy feliz”, pues es el premio más importante que ha ganado hasta ahora. “Se premia un libro de ocho cuentos. Es muy gratificante sentirnos valoradas, reconocidas y saber que vamos a llegar a lectores y lectoras”. Además de un estímulo económico de 150 mil pesos, parte del PNCAY consiste en la publicación impresa de las obras ganadoras.

Autora de la serie de relatos Mi cuerpo al este del den (2022), Athié también ha sido reconocida con el Premio Estatal de Cuento José Agustín (2013), el Premio Iberoamericano de Cuento Ventosa-Arrufat (2023) y una mención honorífica en el certamen Mujeres en Vida de la BUAP (2024).

“Tener uno de los premios más importantes en México que reconoce a los cuentistas me gratifica mucho –celebra–. Soy mujer y es muy importante para mí ganar espacios. A veces es muy difícil ganarlos. Estos premios hacen que uno se proyecte y llegue a más lectores, pues se va a publicar”.

Un homenaje “en el que ponderé la ficción”

Los cuentos premiados de Blanca Athié están inspirados en las tres escritoras. Investigó sobre su vida y su paso por Puerto Vallarta, “pero sí hay, por supuesto, notas de ficción, tintes fantásticos”, aclara.

“Yo soy mujer y me gusta leer a mujeres. No fue así durante mi infancia y mi adolescencia, cuando leía mayoritariamente a hombres o lo que mi abuelo me daba de su librero. Empecé con los británicos, con A.J. Cronin y Walter Scott”, recuerda la guerrerense.

En su adolescencia devoró la literatura de Anaïs Nin, conocida por sus diarios eróticos. “No es esa Anaïs Nin, estereotipada, la que me interesaba, por decirlo así, retratar en mis libros de cuentos. Quería darle más profundidad a su vida de mujer”, explica Athié.

Anaïs Nin fue una escritora francoestadunidense. Se casó en Estados Unidos. Tenía una casa en Cuba y también vivió en Acapulco.

“Estando en Puerto Vallarta en una tertulia, supe que Nin vivió ahí. Investigué: fue en sus últimos años. La fue mermando un cáncer de ovario que, de hecho, la mató. Tenía un amor muy especial por Puerto Vallarta, porque resistía como algo virgen, exótico, silencioso, mientras Acapulco vivía su época dorada y de bullicio.

“En un cuento hay una muerte apócrifa de Anaïs Nin en Puerto Vallarta. Pero también me interesó imaginarla creativa, reflexiva y profunda hasta el final de sus días”.

Cuando releyó los cuentos de Elena Garro, Athié encontró uno que se llama Luna de miel, en el que Garro recupera los personajes de Testimonio sobre Mariana. “Se ha dicho que esa novela es autobiográfica, que Vicente es Adolfo Bioy Casares (escritor argentino) y Mariana es Elena Garro”, expone Athié.

Cuenta que Garro y Bioy Casares mantuvieron una relación epistolar muy intensa. Se conocieron –en persona– en Francia. En Nueva York se reencontraron y hasta ahí.

“No hay documentación que diga que se vieron en México. Leer las cartas de Elena Garro a Adolfo Bioy Casares es también leer toda una historia que quise recrear en un escenario como Puerto Vallarta. La misma Garro se imaginó a sí misma con Bioy Casares ahí. O sea, es ficción dentro de la ficción.

“La idea de estos cuentos es que, al leerlos, no distingas. Que uno se convenza a sí mismo que lo leído sí es la vida de estas escritoras. Ese fue mi reto. Para el jurado, lo conseguí”.

Lucia Berlin, por su parte, fue una escritora estadunidense. “Ella estuvo en Acapulco y Puerto Vallarta. Huyó de Acapulco por los traficantes de droga. Eligió Puerto Vallarta, donde también la alcanzaron los traficantes”, cuenta Blanca entre risas.

“Ella decía que la playa más hermosa del mundo era Puerto Vallarta. Me la quise imaginar como superviviente de huracanes, en una celda con Ava Gardner. Retrato una Berlin muy ficcionalizada, pero también la sentimos muy ella. Muy su estilo y esencia. Pretendí no traicionar sus memorias y estilos, aun con la ficción.

“Fue un homenaje, pero también un gran reto en el que ponderé la ficción”, añade.

Necesitamos la ficción, el mito, para sobrevivir

–¿Cómo convergen realidad y ficción? –se le pregunta a Athié.

–Existe una relación que ha estado ahí desde siempre. Es casi como la naturaleza humana. Lo han hecho también los filósofos desde los mitos griegos. Parece una ficción, pero en realidad son nuestros pilares. Los mitos no dejan de ser ficción. Siempre hay un cruce muy poroso entre realidad y ficción, que nos ha servido para sobrevivir. Lo decía Marguerite Yourcenar. Creía mucho en Dios; la Navidad era una festividad que le gustaba mucho. A ella, escritora súper culta y muy reflexiva, le gustaba el fenómeno de cómo los seres humanos necesitamos la ficción, el mito, para sobrevivir. De otra manera no lo haríamos. Estos cruces entre ficción y realidad no son propios de la literatura. Lo vemos en el mismo ser humano. La función de la literatura es volver estético, profundizar, reflexionar sobre esta experiencia ficticia-real, real-ficticia.

En realidad, continúa Athié, “a mí el término que me gusta es la autoficción. Estas escritoras –Anaïs Nin, Lucia Berlin, Elena Garro–, como seguramente casi todas, fueron las madres de la autoficción.

“Así funcionó la literatura patriarcal: ellos escribían las grandes obras de ficción y las mujeres eran vistas como algo menor en jerarquía porque eran más íntimas. Se decía que las escritoras escriben de sus vidas. Sus novelas y escritos intimistas en la jerarquía literaria eran visto como algo menor. Pero, en realidad, eran escritoras que jugaban con la ficción. La autoficción nació de las escritoras”, subraya.

De hombres y personajes femeninos estereotipados

–¿Te consideras de una generación de escritoras jóvenes cuya literatura se distingue justo por ser escrita por mujeres?

–Las mujeres sí somos un movimiento. La escritura de mujeres, leernos entre mujeres. Es un florecimiento de la literatura de mujeres, que no deja de ser una pluralidad. Se abordan diferentes temáticas. Sobre este libro premiado, el jurado dijo: “Nos ofrece una mirada contemporánea de escritoras del siglo pasado”. Se refiere a que yo me enfoqué en sus cuerpos y su relación con los mismos”.

Lucia Berlin, detalla Blanca, “con su escoliosis sufrió mucho dolor, pero eso no le impidió ser la mujer que deseaba, la que se aferraba a la felicidad. Que viajaba. La madre de familia.

“Anaïs Nin con su cáncer. Elena Garro, en menor medida, con el tema de su aborto, y ya madura, pasando los 45, 50 años, empezó a explorar el deseo; ella se casó muy joven con Octavio Paz.

“Somos una generación que ha puesto mucho las poéticas, por decirlo así, del cuerpo. De las maternidades disidentes. Por eso esta literatura ha conseguido un fenómeno que no es gratuito. Este movimiento consigue muchas lectoras porque ya pueden verse reflejadas.

“Si los hombres creaban sus personajes femeninos era desde el estereotipo de la mujer muy sensible, o la femme fatale. Las mujeres no se identificaban.

“Si las mujeres estamos ganando más espacios y estamos escribiendo desde nosotras, entonces hay un boom de escritoras y un boom de lectoras que ya se ven reflejadas. Ya no nos callamos. Hablamos de todos los temas, pero desde nosotras. Esos temas ya se habían hablado antes, pero desde ellos. Nosotras lo que hacemos es deconstruir todas estas narrativas y se crea así un movimiento”.

“Vivíamos en la calle Tadeo Arredondo”, de Acapulco

Su bisabuela, de quien toma el apellido, llegó a Acapulco desde Líbano. Athié la recuerda:

“Cuando conocí la historia de mi bisabuela, se me hizo una mujer impresionante. Sola, se bastó por sí misma. Crió a su hijo sola. Ella fue de las fundadoras del mercado de Acapulco, donde vendía ropa. Construyó su propiedad, su casa.

“Ella, aunque hablaba el español, no lo escribía y por lo tanto no lo leía. Digamos que era una analfabeta en el español. Pero eso no le impidió desarrollarse, ni hacer lo que hizo. Era una mujer inteligente. No hablaba este idioma, pero le daba importancia. A mí abuelo lo cultivó con libros.

“Mi abuelo, a los 12 años, me descubrió siendo lectora y me empezó a dar libros. Creo que fue un vínculo muy especial descubrir a su nieta lectora. Mi abuelo fue muy importante en ese sentido.

“Hablando de Acapulco, vivíamos en la calle Tadeo Arredondo, por la Arena Coliseo. Mi infancia no fue sólo libros, también lucha libre. Recuerdo que me encantaba ver a los enanitos luchadores, a los rudos.

–¿Cuándo empiezas a escribir?

–No se hace el escritor sin hacerse lector. Elena Garro decía que también de lectora, de lector, uno tiene que graduarse. Es más, (Jorge Luis) Borges, que escribió cuentos, decía que para escribir una novela había que leerse toda una biblioteca. Soy de las que creen que el proceso comienza siendo un lector asiduo. Eso fui desde la infancia, en la adolescencia, de manera autodidacta.

“La serenidad, esencial en mi proceso creativo”

Athié, dice, es muy vivencial: “Cada escritor y escritora tienen su proceso. Hay escritores que escriben muchísimo. Decía un amigo, tienen diarrea verbal porque escriben impresionantemente rápido y ya tienen dos, tres libros al año.

“No es mi caso. Yo, al contrario, me considero de procesos, más que lentos, vivenciales. Mis cuentos pueden tener esta dosis de intensidad. Es la paradoja también de la experiencia literaria. Me gusta crear personajes obsesivos, intensos, llenos de matices. Pero el proceso es sereno para mí.

“La serenidad forma parte esencial de mi proceso creativo. Tengo que palpar, tengo que vivir. Para este libro de cuentos me fui a los lugares donde ellas –Garro, Nin, Berlin–estuvieron”.

Guillermo Rivera