
Acapulco, Guerrero, 24 de diciembre de 2023.- En vísperas de la Navidad, decenas de turistas de la Ciudad de México y el Estado de México disfrutaron de la playa Papagayo, mientras otros observaban anonadados los daños en los hoteles y condominios de esta zona de Acapulco.
Cervezas, música y comida que ofrecieron los vendedores ambulantes, acompañaron a los visitantes, que a simple vista llegaron en mucho menor número a lo que se ha registrado en las mismas fechas de los años anteriores, pero que han venido por ser un lugar “accesible”.
O por lo menos así lo percibió un mexiquense, que caminaba sobre la arena rumbo al Asta Bandera, donde estaban sus cuñados y su hijo, en total son cinco integrantes de la familia que llegaron desde el martes pasado al puerto.
“Yo ni sabía, sólo me dijeron”, contestó a la pregunta de por qué decidió visitar Acapulco a pesar de la devastación que causó el huracán Otis durante su paso el 25 de octubre y cuyas consecuencias le han dado la vuelta al mundo.
Agregó que desde hace un par de años ha visitado el municipio turístico en estas mismas fechas del año, entonces no resistió la tentación de mantener su tradición, además de que ya visitó otras playas de Veracruz.
Además es “accesible” por los precios, comentó con los pies hundidos bajo la arena después de una ola rompió a unos metros y el agua subió en la pendiente de arena, que parece más pronunciada después del huracán categoría cinco.
Dijo que la presencia de turistas también ayuda a Acapulco porque los trabajadores que viven de esta actividad económica y resultaron damnificados, necesitan dinero para poder subsistir durante la emergencia ocasionada por el huracán Otis.
Supuso que otros turistas vendrán por el “morbo” de constatar cómo quedó la ciudad, de la cual han circulado cientos de imágenes que han retratado el desastre en distintos puntos, particularmente en la zona turística, desde el primer día, el 25 de octubre.
El movimiento de personal y comensales en el restaurante Bocana Beach, ubicado a un costado del Asta Bandera, constató lo dicho por el turista del Estado de México. Los jóvenes meseros esperaban ansiosos a potenciales clientes que descendían en la rampa y decidían si rentar una sombrilla o pasar al restaurante.
Frente al restaurante, una moto acuática y el típico inflable de paseos marítimos Banana, quedaron estacionados en la arena en la espera que los prestadores servicios que las administran consiguieran clientes para dar un paseo en la bahía de Santa Lucía.
Varios vendedores ambulantes transitaron por esta playa en tan sólo unos minutos, uno ofrecía mango con chile, otras dos mujeres inflables para los niños, un señor cargaba la ropa que ofrecía y otro transportaba en su cubeta los ostiones para vendérselos a los turistas.
Algunas mesas sobresalían por la música que emanaba de la bocina portátil con un volumen alto, alrededor de ésta varios jóvenes departían con sus cervezas ayer, dos días antes de la Navidad.
Pareciera cualquier fin de semana típico de Acapulco si no fuera porque una pareja de turistas de la Ciudad de México observaban el hotel Kristal, cuya área de playa está intocable desde el paso del huracán Otis: todas las enramadas están caídas y no hay ningún servicio, algunos trabajadores limpiaban por dentro del edificio, uno de los más dañados de la avenida Costera.
La misma pareja vio otros edificios que se encuentran a un costado del hotel Kristal, entre ellos uno que está abandonado desde hace años y que después del huracán pareciera que también fue dañado por los fuertes vientos que rompieron los vidrios de las edificaciones cercanas.
Los camastros ocupados por turistas que se bronceaban fuera del hotel Ritz, uno de los que ya volvieron abrir, resaltaron en el panorama de los edificios abandonados y aún más dañados por el Otis.
Texto: Ramón Gracida Gómez
Foto: Carlos Carbajal


