
Ciudad de México, 4 de enero de 2018. La música es diálogo y encuentro. También es compañía, está presente desde el nacimiento hasta la muerte. Rubén Luengas, músico y compositor mixteco, director de la Orquesta Pasatono, lo define de este modo: “La vida en las comunidades está completamente enlazada con la música. No se puede entender una sin la otra. Del nacimiento al funeral, de la fiesta patronal a la fiesta del barrio, la música está siempre presente”.
La Orquesta Pasatono se presentó –hace algunas semanas– en el Museo de Arte Americano del Smithsonian Institute, en la ciudad de Washington, capital de Estados Unidos. En 20 años de existencia, Pasatono ha mutado y se ha expandido. Se inició con tres integrantes: Rubén Luengas, Patricia García y Edgar Serralde, músicos y estudiantes de etnomusicología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Con la llegada de Julio García, se volvió cuarteto. Posteriormente se transformó en una orquesta tradicional de nueve músicos. Ahora está integrada por 22 músicos y, desde hace cuatro años, se presenta como “orquesta mexicana”, un conjunto instrumental ideado originalmente por el compositor Carlos Chávez.
Luengas ha trabajado los últimos 20 años en este proyecto que se desarrolla en tres pistas: Pasatono es creación musical, desarrollo de investigación académica y formación de nuevos ejecutantes. Su objeto de estudio es la música tradicional de la mixteca, base de sus composiciones. La investigación que han desarrollado los fundadores de Pasatono tiene lugar en la academia, pero también a campo abierto: la música es un diálogo y ellos han establecido vínculos con bajistas, lauderos, violinistas y banjeros –los que tocan el banjo– de su natal Oaxaca. Pero también con músicos tradicionales de Guerrero y Puebla, o incluso de países lejanos, como Japón y Malí. “Hay un común denominador que une a los integrantes de Pasatono: somos músicos conocedores de la tradición, pero también conocemos el lenguaje de la academia, sabemos leer partituras y seguir las indicaciones de un director”.
Gracias a estas cualidades, Pasatono ha derivado en orquesta mexicana, un concepto creado a principios de los años treinta por el director de orquesta, y fundador de la Orquesta Sinfónica de México, Carlos Chávez.
“Chávez tuvo la idea de crear una orquesta que contuviera los instrumentos indígenas y tradicionales de México y le llamó orquesta mexicana –explica Luengas–. Fue muy criticado por tener esa visión indigenista, pero la acción de Chávez fue visionaria: escribir partituras para instrumentos como la vihuela o la flauta de carrizo. Nadie lo hacía antes. En 1933, Chávez fue el primero”. Ochenta años después, Luengas reactivó el concepto de orquesta mexicana para Pasatono, y desde entonces se ha presentado en Oaxaca, Ciudad de México, Los Ángeles y Nueva York. Han interpretado composiciones propias, pero también de Chávez, como Cantos de México o Xochipilli-Macuilxóchitl). El 2017 lo cerró con su presentación en el Museo de Arte Americano, como parte de la exposición Tamayo. The New York Years.
El concierto de Pasatono fue un guiño histórico. Hace 91 años, Carlos Chávez acompañó a Rufino Tamayo en su primer viaje a Estados Unidos. Llegaron a Nueva York, donde compartieron departamento. Con el paso de los años, el afecto entre ellos desapareció, según dan cuenta los historiadores y críticos de arte. Sin embargo, para la retrospectiva de la obra de Tamayo organizada en Washington, se quiso evocar esa amistad perdida a partir de la ejecución de la obra de Chávez por una orquesta mexicana del siglo XXI.
Tradición oral, academia y ruptura de la tradición
A los 12 años Rubén Luengas comenzó a tocar la guitarra. La música tradicional mexicana no le interesaba tanto como el rock. La influencia de la música mixteca pesaba menos que la de, por ejemplo, su hermano mayor.
“Soy un migrante mixteco que llegó a la ciudad de México a los cinco años. Como mi hermano tocaba la guitarra, yo también comencé a tocar. A los 12 años me volví roquero. Todavía lo soy. Rockdrigo González me parece uno de los grandes compositores que ha dado la ciudad, y además soy un Caifán de corazón”, cuenta, en referencia a su gusto por Caifanes, grupo liderado por Saúl Hernández, con quien Pasatono ofreció un concierto en 2013 en la sala Nezahualcóyotl de la UNAM. “Mi acercamiento a la música fue así: con canciones de Rockdrigo, con música de Caifanes, y con música popular”.
No fue sino hasta que ingresó a la Facultad de Música de la UNAM, que su interés se concentró en la música tradicional. “Me interesa desarrollar un tipo de investigación que no se aleje de lo que pasa en el Itsmo”, dice Luengas. “Desde que era estudiante comencé a viajar con músicos tradicionales, gente que sabía tocar instrumentos. Me di cuenta que conocía la música, pero no la entendía como lo hago ahora”.
Por ejemplo, hace 20 años, Patricia García, fundadora y violinista de Pasatono, realizó una investigación sobre el uso del banjo en la música mixteca y la presencia de géneros como el jazz y el swing. “Como orquesta, nos preguntamos por qué existía eso en la región. No lo entiendes, hasta que lo averiguas”. Patricia hizo una buena investigación sobre los procesos que llevaron a la adopción y el desarrollo de estos géneros. “La historia es una herramienta para explicar por qué la música es como es”.
Para Rubén, la música es ante todo algo que posee vida. “Desde una visión conservadora, la música tradicional debe tocarse siempre de una sola manera. Defiende que no hay que intervenirla, no hay que moverle. Eso es un riesgo, porque las cosas que no se mueven, no tienen vida. Qué peligro desear que la música no sea algo dinámico y móvil”.
Por eso, dice, “nosotros le hemos metido mano a la música tradicional”. El director de Pasatono está a favor de la experimentación, la búsqueda de nuevos sonidos, la fusión de instrumentos y ritmos. “Si no te arriesgas a tocar otras cosas, te quedas estancado”.
Pasatono ha apostado, también, por la creación de nuevos músicos. En el municipio de Tezoatlán de Segura y Luna (Oaxaca), de donde es oriundo Rubén, Pasatono fundó una escoleta de músicos.
“Enseñar música a las nuevas generaciones es parte del proyecto que hemos desarrollado en estas dos décadas –presume Rubén–. Tenemos la responsabilidad de compartir lo que hemos aprendido y de transmitir el mensaje de la importancia de nuestra música. Hoy, nos podemos parar en escenarios de todo el mundo y decir con orgullo que somos mixtecos, que somos zapotecos”.
Texto: Tatiana Maillard/ Foto: Internet.


