
El director James Vanderbilt busca confrontar la ética del espectador al retratar a Hermann Göring como un personaje seductor y culto, alejándolo del arquetipo del monstruo unidimensional
Ciudad de México, 26 de febrero de 2026. El director Jame Vanderbilt construyó Nuremberg: El juicio del siglo como un desafío ético: al avanzar el metraje, Hermann Göring, uno de los mayores criminales nazi, comenzará a caerle bien al espectador.
A pesar de estar derrotado, capturado tras la Segunda Guerra Mundial, el segundo líder de Alemania tras Adolf Hitler (interpretado por Russell Crowe) se muestra hechizante, seductor, amable, culto y procurador de su familia.
“Llegarán a esta película pensando que Göring es alguien horrible y luego, con la actuación de Russell, empezará a conquistarlos un poco, lo cual es incómodo. Es lo que buscábamos”, afirma el realizador y guionista en entrevista.

Göring, mariscal del Tercer Reich, entre otras cosas, autorizó “la solución final de la cuestión judía”: su exterminio en los campos, matando a unas 6 millones de personas.
La cinta Nuremberg, que llega a cines mexicanos hoy, lo presenta a él y a otros 21 oficiales supervivientes de la Alemania nazi mientras son juzgados por un inédito tribunal internacional, entre 1945 y 1946.
Los juicios son considerados un hito en el derecho penal internacional, pues participaron Estados Unidos, Francia, la URSS y Reino Unido y plantearon el concepto de “crímenes contra la humanidad”.
“Al juzgarlos, hubo riesgo, porque quizás los nazis se salieran con la suya, quizás convirtieran a más gente con sus ideas porque les daban una plataforma”, dice Vanderbilt.
Uno de los momentos cruciales del proceso histórico fue cuando los fiscales acusadores mostraron videos de las masacres en los campos, horror desconocido por muchos y que en el filme son utilizados también.
“Quería usar el material real. No creo que Hollywood pueda crear algo tan impactante que eso. Quería que el público tuviera la misma experiencia que tuvieron hace 80 años en ese tribunal”.
A pesar de la demoledora documentación sobre el Holocausto, en pantalla, el astuto Göring, argumentando no saber nada de las matanzas, buscará salirse con la suya.
Contrario a lo que su título invite a pensar, el filme no es un espeso drama judicial, sino un thriller al estilo del El silencio de los inocentes, ese filme donde un asesino serial caníbal “ayuda” en una investigación a una joven agente del FBI.
Aquí el primero sería Göring, y el segundo, Douglas Kelley (Rami Malek), siquiatra estadunidense reclutado para evaluar el estado mental de los capturados y quien entablará una confrontación intelectual con el jerarca.
“El silencio de los inocentes es uno de los mejores ejemplos de eso: dos personas que no son amigos, pero que terminan compartiendo una conexión, y con ambos intentando obtener algo del otro”.
Mario Abner Colina / Agencia Reforma


