11 agosto,2026 4:02 am

Ruth Morelos, del juego con chiquiliques en la playa al derroche de color en París

 

Zihuatanejo, Guerrero, a 11 de agosto de 2026.- Entre el trazo firme sobre el muro y el ruido cotidiano que no cesa en la cancha municipal, la artista plástica zihuatanejense Ruth Morelos, transforma la concha acústica en un lienzo monumental, el cual pinta de noche, desde las 18:30 horas hasta la madrugada, robándole horas a la penumbra costeña bajo la luz artificial y el aire fresco que entra desde la bahía.

A unos metros del mar, entre andamios, latas de pintura y la curiosidad de los transeúntes que se detienen a observar, la creadora de 26 años plasma una explosión de color que busca dejar una huella imborrable en el corazón de la tierra que la vio nacer.

Radicada desde hace casi una década en París, Ruth Morelos ha llevado el nombre y la estética de Guerrero a escenarios internacionales de primer nivel. Su trayectoria, sin embargo, no siguió una línea recta. Formada originalmente en el ámbito del Fashion Business y la estrategia digital, área que la llevó a colaborar con firmas de la alta costura global como Dior y Chanel, la joven decidió dar un viraje orgánico y definitivo hacia la pintura de tiempo completo durante el encierro de la pandemia por el Covid-19.

De exponer en galerías de Montmartre y Versalles, o realizar sesiones de live painting en el prestigioso Museo del Quai Branly, Ruth Morelos hoy vuelve a su origen.

Este regreso a Zihuatanejo no es fortuito ni silencioso; la visita de la creadora de 26 años coincide con la reciente inauguración de su exposición pictórica Sirenas en el centro cultural El Partenón, así como con la creación de este mural público en la concha acústica, en pleno corazón de este puerto y a una cuadra de su casa paterna.

Ambas iniciativas rinden un homenaje a la mujer costeña, al matriarcado que sostiene la vida cotidiana en la zona y a la riqueza mitológica y vegetal de la Costa Grande, reinterpretada desde un lenguaje visual vibrante y contemporáneo.

En entrevista con El Sur, realizada al pie del andamio mientras el color fresco se asentaba sobre la pared de la concha acústica, Ruth Morelos reflexiona sobre sus inicios jugando entre la arena y los chiquiliques, al salto de la industria de la moda al lienzo, la forma en que el público europeo recibe el folclor mexicano y la importancia de transmitir a las nuevas generaciones que el arte es un camino posible y digno de ser habitado.

Dar el primer trazo aquí fue un apapacho al corazón

–Para la gente que te vio crecer y que hoy observa tu trabajo, ¿cómo recuerdas tu primer trazo aquí en Zihuatanejo y qué de esta tierra te llevaste en la maleta cuando saliste?

–Bueno, primero que nada, muchas gracias por esta entrevista. Para mí siempre es un honor poder compartir mi trabajo y recibir esta atención del público. Yo creo que lo que sentí cuando di aquí el primer trazo fue un abrazo a la Ruth de niña que siempre soñó con ser artista y ser muralista. Siento que fue literalmente un apapacho al corazón. He tenido ya proyectos en el extranjero, en París, Italia, España, Dubai, pero el hecho de poderlo hacer en mi casa, rodeada de mi familia, de amigos de mi infancia… incluso vino mi maestro de tercero de primaria a verme pintar. Son cosas que para mí representan un gran abrazo y también una manera de sanar este duelo migratorio que al final tenemos los que nos vamos del país.

En la maleta de esta visita a Zihuatanejo me llevo un gran amor de todo el pueblo, de mi familia, y una experiencia inolvidable. Conocí a muchas personas que vinieron a acercarse con sus niñas para decirme: “Es que ella quiere ser artista”. Me dio la oportunidad de compartir mi historia de cómo yo crecí aquí, jugaba con chiquiliques en la playa y al final terminé soñando con ser artista hasta cumplirlo. Poder compartir esto con otras niñas y con la gente que me conoce ha sido un gran sueño hecho realidad.

–Decidiste estudiar Negocios de la Moda y eso te llevó a colaborar con firmas como Dior y Chanel, ¿por qué elegir la moda en un inicio y por qué París como tu hogar permanente?

–Cuando tenía siete años, mi mamá nos llevaba en verano a la Ciudad de México y un día nos llevó al Museo Mural Diego Rivera. Entré y creo que en ese momento cambió totalmente mi vida: vi un mural que me impresionó demasiado por sus colores y por todas las figuras que tenía. Cuando me explicaron que era una sola persona la que había imaginado todo eso, me impactó. Mi mamá me regaló después un libro sobre él y leí que Rivera había estudiado en París. Desde ese momento siempre dije: “Me voy a ir a París, voy a hacer allá mi vida y mi carrera”.

Sin embargo, hubo un momento en el que tuve miedo por todos estos clichés de que los artistas se mueren de hambre o que uno no vive de eso. Mi primer impulso fue estudiar relaciones públicas, imagen y hacer mi maestría en negocios enfocados a la moda. Ahí aprendí cómo la moda ve el arte: lo entienden como una interpretación de la realidad que te saca de tu zona de confort, y fue gracias a eso que me atreví a ser artista. Estudiar negocios de la moda me sirvió mucho para presentar mi trabajo de manera que las grandes marcas le pusieran atención. Pero también tengo que decir que el hecho de ser de Zihuatanejo es una de mis principales fuerzas en el extranjero. Siempre que digo que crecí en la playa y enseño fotos de este lugar tan increíble, veo sus caras de asombro, de no poder creer que viví en un paraíso.

El salto al lienzo y la recepción en Europa

–¿Cómo fue el salto de la industria de la moda al lienzo y al pincel de tiempo completo?

–Fue justamente en pandemia. Siempre tuve este sueño y cierta frustración cuando entraba a redes sociales y veía a otros artistas; decía: “¡Guau!, yo quisiera hacer eso y vivir de esto”. Yo siempre pinté y tomé clases de todo de manera artística, pero no me lo tomaba en serio, me decía que no era artista y que sólo era un pasatiempo. Justo en la pandemia llegó esta reflexión de que la vida se puede acabar en cualquier momento y no quería quedarme con la frustración de no haberlo intentado.

Fue ahí que me aventé. Me dije a mí misma que era el momento de ir por mi sueño. Claramente no fue un camino fácil; al principio me costó entender desde mi estilo hasta la manera en la que se podía ganar dinero siendo artista para tener estabilidad, pero poco a poco fui trazando mi camino y abriéndome un espacio para el arte mexicano en París.

–Estar en galerías de Montmartre, Versalles o haciendo live painting en el Museo del Quai Branly…, ¿cómo reacciona el público europeo ante los colores, las deidades y las mujeres de tu obra?

–Al principio tenía miedo de enseñar lo que había en mi imaginación o esta parte de mi alma tan colorida. Me sorprendió bastante ser invitada por museos y después ver la curiosidad de los franceses y del público europeo en general, preguntándome por qué me atrevía a usar tanto color. Hasta me parecía chistoso, como si la paleta de colores estuviera prohibida.

Después me di cuenta de que ser de Zihuatanejo es una de mis mayores fortalezas, porque aquí todo tiene color: desde el plato de tiritas que te sirven con habanero y pepino, hasta la forma en que nos vestimos. El color era parte de mi identidad y nunca me dio miedo agregarlo. Los franceses lo aceptan muy bien; se paran, quedan admirados y cuando les digo que crecí en la playa, todo cobra sentido para ellos. Algo que me repiten mucho es: “es que tu obra nos hace salir de nuestra vida cotidiana”; eso me hace darme cuenta de la magia que tiene el arte para hacernos viajar y volar a otros lugares.

Sirenas y el tributo al matriarcado costeño

–Acabas de inaugurar Sirenas en El Partenón y ahora estás pintando de noche en la concha acústica. ¿Qué representa Sirenas y qué historia cuenta este mural en el corazón del puerto?

–Sirenas es una serie que hice literalmente llegando a Zihuatanejo el 3 de julio de este año. Para mí fue una manera de conectar con mis raíces y mi infancia, recordando a todas las mujeres costeñas que me criaron y los hábitos cotidianos que tenemos. Viviendo en el extranjero te das cuenta de la magia que tiene comerse un mango acostado en una hamaca, cortar fruta con tu mamá o tu papá y buscar qué guayaba está buena. Son rituales cotidianos de la costa a los que ya no les vemos lo extraordinario, pero en realidad son muy mágicos. Hice esta serie para darle valor y un espacio en el arte a la mujer de la costa, haciéndole un homenaje a estos actos.

Respecto al mural de la concha acústica, es un homenaje a las sirenas de Zihuatanejo representando a nuestras playas: Las Gatas, La Madera, La Ropa. Y también a la mujer costeña. A pesar de ser un país machista, la mujer costeña tiene un lugar central en nuestra vida: si ella dice que a tal hora se come, a esa hora se come; si dice que se hace algo, se hace. Es un homenaje a este matriarcado y a todo lo que crea una mujer. Alrededor de cada sirena hay un universo: hay pulpos saliendo de una hamaca, cocos y piñas en la cabeza representando la danza con elementos sobre la cabeza, y toda la fantasía que existe en Zihuatanejo. Eso de que la luna se come los cocos o de qué lado masca la iguana es parte de nuestro folclor. Quise representarlo para que cuando los visitantes lleguen digan: “Zihuatanejo es magia pura”.

Proyectos futuros y un mensaje a las nuevas generaciones

–¿Qué sigue para Ruth Morelos después de plasmar tu huella en Zihuatanejo? ¿Hacia dónde llevan tus próximos proyectos?

–Por el momento la mayoría de mis proyectos están en Europa, ya que vivo allá todo el año. Tengo cosas planeadas para el Fashion Week en septiembre, exposiciones para Día de Muertos e intervenciones artísticas. Claro que me encantaría tener muchos más proyectos en México, hacer más murales, exposiciones y talleres, pero por el momento los compromisos de este año van enfocados a Europa.

–¿Cuál sería tu mensaje para las niñas y adolescentes que, como tú cuando eras niña, sueñan con el arte pero creen que seguir sus sueños es algo imposible?

–Les diría primero que se quiten estos miedos e ideas que todo el mundo te dice que “del arte no se vive” o “no vas a llegar lejos pintando así”. Segundo, que abran su mente, porque a veces creemos que el hiperrealismo es el único estilo válido y no es así; lo bello del arte es interpretar la realidad de la manera en la que la vea tu imaginación. Y tercero, que si les gusta el arte no lo suelten, que se lo tomen en serio y sigan pintando diario. Véanlo como algo para conectar con su familia y con otras mujeres, porque el arte abre más puertas de las que uno se puede imaginar.

Brenda Escobar