
Tras el impacto del viento y la lluvia la madrugada del 9 de octubre de 1997, el fenómeno meteorológico dejó 200 muertos, 350 heridos, 50 desaparecidos y mil casas dañadas, según reportes oficiales
Acapulco, Guerrero, 9 de octubre de 2020. Eran las 6 de la mañana de hace 23 años cuando doña Estela Pineda vio como casas, árboles y animales eran arrastrados por el agua en el río de El Camarón, donde también quedaron atrapadas y sin vida decenas de personas.
La madrugada del 9 de octubre de 1997, el huracán Paulina categoría cuatro sorprendió a todos los acapulqueños quienes se encontraban dormidos. Según reportes oficiales, el fenómeno dejó unos 50 mil damnificados, 200 muertos, 350 heridos, 50 desaparecidos, 5 mil casas dañadas, 33 embarcaciones hundidas, 500 vehículos destrozados, 38 detenidos por pillajes y daños por 600 millones de pesos.
El ciclón produjo una torrencial lluvia en Acapulco de 411.2 milímetros de agua acumulados en menos de 24 horas, que ocasionó inundaciones y crecientes de ríos, deslaves de tierra que afectaron varias colonias. Una de ellas Palma Sola, donde vive la señora Estela.
Sentada junto a su puesto de comida, donde estaba degustando un bolillo, después de que preparó unas enchiladas a una clienta, platicó que ella tenía varios años viviendo en esa colonia y que nunca en una temporada de lluvias había vivido lo de esa madrugada.
“Escuché el ruido del arroyo, pero a mí me despertó el olor a gas, pensé que había dejado la estufa prendida y me paré para revisar. Después me subí a la azotea y cuando vimos el arroyo llevaba burros, estufas, llevaba todo lo que podía arrastrar”, platicó.
Agregó que ese día esperaba que amaneciera pronto “porque quería que amaneciera por lo menos para ver porqué no había luz, ni teléfono, nada, toda la gente nos juntamos”.
Cerca de su casa, ubicada a unos 100 metros del canal pluvial, dijo que en la orilla había cuatro casas, “pero me quedé pasmada por unos minutos al ver tanta agua, luego empecé a gritarle a los vecinos, sálganse, sálganse y cuando se salen se cayó un árbol”.
“En mi vida había visto caer uno, como se desprendió desde la tierra”, contó con asombró como ocurrió, y es que mencionó que las casas de sus vecinos se las llevó. En la actualidad, sus vecinos cuyas casas fueron arrastradas no viven ahí, el gobierno los ayudó con la reubicación en otra colonia y para allá se fueron.
Con su mano señaló hacia donde estaban las casas, las cuales estaban pegadas al cauce pluvial, de esas viviendas no quedaron rastros, los dueños fueron reubicados.
Agregó que ella estaba en la azotea de su vivienda, la cual mostró, está construida de concreto, y cuando observó la planta baja vio que el agua subía y “nos salimos, brincando para la otra casa, una casa de dos pisos, pero era mucha agua, parecía que aventaban cubetas, mucha, mucha agua”.
El suministro de energía eléctrica se interrumpió, tampoco había manera de comunicarse por teléfono, y sintió que no amanecía, que el reloj no avanzaba y la luz del sol no aparecía, “quería que amaneciera para ver qué estaba pasando”.
Las calles eran corrientes de agua, los vehículos habían sido arrastrados, había piedras, lodo, pedazos de árboles.
Su vivienda se encuentra en un andador que está cerca del río de El Camarón y un brazo del cauce pluvial, de manera que en esa fecha no podía salir por ningún lado por la crecida del río, y cuando llegó la ayuda del Ejército, Marina y autoridades tuvieron que pasarse con unas cuerdas para que no los fuera a arrastrar la corriente.
Explicó que el agua se regresaba porque los árboles, las estufas y todo lo que arrastró hacia abajo el río formó un dique, por ello se regresaba “pero gracias a Dios a mi casa no le pasó nada, pero la lechería que estaba cerca de la Secundaria Federal 12, Caritino Maldonado Pérez –que ahora se encuentra en avenida Ruiz Cortines–, fue arrastrada por la corriente, lo que permitió que el agua siguiera fluyendo, se dieron las 7 de la mañana y seguía lloviendo”.
“Cuando empezó a aclarar salimos los vecinos y vimos no había ninguna casa, el arroyo de lado a lado estaba crecido, no podíamos salirnos. Como tenía a mi hijo aquí, (ese día) porque vivía en María de la O, al otro día fue a visitar su casa y no estaba, se quedaron con lo que tenían puesto ese día”, declaró la señora.
Agregó que en la colonia Módulo Social Fovissste se habilitó el refugio temporal, pero su hijo no quería que fuera porque estaban criando a un bebé y le pidió que se quedara en la casa. En ese entonces ella trabaja en la cooperativa escolar de la secundaria y cuando fue a ver sus cosas las que no se dañaron las empezó a repartir.
Después, indicó, llegó el apoyo de las autoridades, “vino la Marina y se pasaba en reata, en cada casa les dio apoyo, agua como pedíamos que nos ayudaran con agua, así estuvimos porque el arroyo tenías que andar brincando, no se podía pasar, estábamos incomunicados”.
Aunque quedaron en medio de los dos cauces a ninguno de sus vecinos se los llevó la corriente, “todos alcanzaron a salir, saliendo ellos de sus casas tuvieron daños, el gobierno los ayudó les dieron otras casitas”.
“Tardamos años así, que llovía y teníamos miedo que nos fuera a volver a pasar lo mismo”, dijo la vecina, al tiempo que contó que en el cauce del río hay una piedra grande que tienen miedo que con otra lluvia fuerte se mueva y provoque un dique”, declaró.
Admitió que algunas de las casas que se llevó el río en esa ocasión estaban dentro del arroyo, como “mi mamá decía esa era parte del arroyo y lo que hizo fue agarrar lo de él, y cuando pasó el huracán era parte del arroyo y ahorita no ha pasado nada”.
“Tenemos miedo a la piedra porque se llega a desbordar Dios nos libre”, indicó, y citó que después de ese ciclón, los siguientes, como Ingrid y Manuel el arroyo no creció tanto pese a que también la lluvia fue constante y fuerte.
Estela Pineda dijo que “ha llovido, pero no ha crecido como antes de Paulina que llovía y el arroyo crecía bonito, para poder ir a bañarse o lavar, y es que no teníamos puente como ahora”.
Actualmente a orilla del río sigue habiendo viviendas de concreto, unas son de dos pisos, se construyeron dos puentes para pasar de una colonia a otra, uno de ellos frente a la Escuela Primaria Felipe Carrillo Puerto y el otro a 300 metros de su casa.
La Secundaria Federal 12 Caritino Maldonado Pérez, que resultó afectada se cambió, ahora se encuentra en la avenida Ruiz Cortines, y parte del edificio que no tuvo daño se remodeló y ahora está el Centro de Actualización del Magisterio.
El último reporte proporcionado por la Coordinación de Protección Civil y Bomberos indicaba que todavía existían viviendas cerca del río del Camarón y que había más de 5 mil viviendas en zonas de riesgo.
Texto: Aurora Harrison / Foto: Jesús Trigo


