10 diciembre,2025 9:05 am

Se presentan problemas sociales en muestra de grabados hechos por mujeres indígenas

 

Ciudad de México, 10 de diciembre de 2025. Sus fiestas, paisajes o la organización de sus comunidades, pero también las injusticias en su contra y las violencias que padecen, son algunas de las estampas que creadoras de pueblos originarios plasman ampliando las posibilidades de la gráfica.

De ello da cuenta la muestra Grabadoras de historias: Mujeres en la gráfica de los pueblos de México, que abre este miércoles en el Museo Nacional de la Estampa (Munae) con el trabajo de más de 140 artistas de raíces culturales como la maya, mazahua, náhuatl, otomí, tzeltal, tsotsil, purépecha y zapoteca, por mencionar sólo algunas.

“A partir de sus obras, las mujeres exploran su territorio, denuncian sus luchas y lo que se está viviendo, por ejemplo, el despojo de tierras comunales, el cambio de uso de suelo y la violencia en todo el país, pero sobre todo en las comunidades indígenas por el crimen organizado”, detalló en entrevista la gestora Rosa Huaroco, parte del equipo curatorial junto con Mónica Villegas y Demián Flores.

La exhibición reúne más de 200 obras en una amplia variedad de técnicas: aguafuerte, aguatinta, xilografía, grabado en linóleo, monotipo, stencil, cerámica y textil.

La disposición de las piezas a lo largo de todo el Munae se hizo de tal forma que pudiera haber un diálogo entre ellas siguiendo los cuatro ejes temáticos en que se divide la exposición: Usos y costumbres, Cuerpo y territorio, Mitos y naturaleza y Lucha y resistencia.

“Dentro de esos cuatro marcos, nos enfocamos a hacer realmente una investigación de campo bastante profunda (…) Sí que tocó hacer una revisión de todo el trabajo, de toda la producción a nivel nacional, partiendo de la gráfica”, compartió Flores, reconocido artista plástico originario de Juchitán, Oaxaca.

“También la gráfica como una práctica contemporánea es un lenguaje que ha ampliado su propia estructura y trastoca otras disciplinas y otros lenguajes”, agregó, a propósito de la originalidad de obras en esta muestra en la que figuran creadoras con cierto camino recorrido en los principales circuitos de arte.

Destaca, por ejemplo, el trabajo de Aydeé Rodríguez López –quien participó en la pasada Bienal de Venecia– en torno a la tradición oral y la afrodescendencia; así como una pieza acerca de la pérdida de las lenguas originarias en el país, que la istmeña Ana Hernández realizó en estarcido, técnica muy empleada por los muralistas.

“Pero también se usa para el bordado de la ropa tradicional, tanto del istmo como en los yaquis”, refirió Villegas, también gestora.

Mas la exhibición sobresale por arrojar luz sobre creadoras menos conocidas, y también por el acercamiento que los miembros del equipo curatorial tuvieron con distintas comunidades para realizar talleres de producción gráfica.

Mientras Villegas y Flores fueron al norte a trabajar con mujeres comcáac y yaquis, la cuales compartieron algunos de sus diseños ancestrales de pintura facial con distintos fines ceremoniales, Huaroco hizo lo propio en Cherán, Michoacán, de donde es oriunda.

“Tratamos de abrir este espacio de curaduría tradicional de invitar artistas individuales, a hacer también procesos como de experiencia comunitaria, donde abriéramos hacia una reciprocidad de saberes; no solamente llegar a una comunidad, sino más bien aprender nosotros también de esa comunidad”, explicó Flores.

“La parte más interesante es el planteamiento que ellas nos hacen de sus tradiciones, principalmente de sus usos y costumbres, y también de la defensa del territorio, en algunos casos”, resaltó Villegas.

Huaroco, por su parte, relató cómo de dicho taller surgieron grabados que reflejan lo mismo el proceso de cultivo de alimentos en el traspatio o las manifestaciones del patriarcado que se siguen perpetuando.

“Una chica habló de los procesos que venimos generacionalmente cargando como mujeres en los pueblos (…) donde las abuelas van heredando de generación en generación como una carga el respeto hacia el hombre de manera que nos violenta”, dijo la gestora delante de un grabado donde se ve a varias mujeres cuidar de un hombre en estado de ebriedad.

Otra presencia importante en esta exposición, la cual tomó ocho meses de preparación, es la de varias colectivas, incluida una de mujeres mazatecas que exigen la liberación de presos políticos mediante una obra que integra parches de serigrafía con bordado llenos de consignas.

Los integrantes del equipo curatorial remarcaron la importancia de dar visibilidad a estos trabajos sin folclorizar ni romantizar aquello que suele denominarse como arte indígena; “creemos que es hasta una posición totalmente colonialista usar ese término”, apuntó Flores

Israel Sánchez / Agencia Reforma