24 junio,2025 6:34 am

¿Será posible evitar la guerra?

 

Abelardo Martín M.

En muy pocas ocasiones priva, como hoy en el mundo, una sensación de soledad, confusión, desorientación, desinformación, manipulación y desolación ante tantos mensajes disfrazados de información como lobos cubiertos con piel de ovejas. La existencia, la amenaza dejó de serlo hace mucho, de una tercera guerra mundial, empezó hace tiempo en la competencia comercial y de dominio de países y regiones por parte de las grandes potencias mundiales.
Países sumidos en la violencia, el conflicto y la guerra son incontables y el alud de versiones acerca de estas situaciones en todos los continentes del mundo nos ha vuelto impermeables y refractarios a sus consecuencias, al sufrimiento y al dolor de los millones de personas que viven atemorizados por la pérdida intempestiva de sus bienes y hasta de sus vidas, las de sus familiares, vecinos o compatriotas.
Más allá de los ataques militares con equipos aéreos tripulados a distancia o por hábiles pilotos, la guerra comercial y por delante la mediática es hoy el principal frente que debe ganarse, de ahí la ofensiva judío-estadunidense que dio los primeros golpes con gran eficacia en el mundo occidental. En la conversación social Irán está ya a la defensiva frente al alud de imágenes cuya veracidad está en duda permanente, pues hasta grandes cadenas de televisión europeas han puesto en entredicho la existencia de ataques iraníes en Tel Aviv. De entrada la guerra entre el frente formado por Israel y Estados Unidos contra Irán ya dejó de lado la devastación casi total de Palestina.
Con el ataque aéreo a tres instalaciones en territorio iraní, en donde Estados Unidos acusa se enriquecía uranio para fabricar bombas nucleares, la tensión bélica ha escalado, a un punto tal que hay preocupación global en el sentido de que estemos en la antesala de la Tercera Guerra Mundial.
La tercera guerra mundial empezó con la competencia comercial entre países y regiones y hoy se libra, sobre todo en todas las plataformas y medios de comunicación masiva, con el propósito de ganar la percepción de triunfador de unos sobre otros. Luego de engañosos guiños diplomáticos, Donald Trump, el candidato que prometió sacar a su país de “estúpidas e interminables” guerras en el Medio Oriente, acaba de encender la mecha de un conflicto que será muy complejo apaciguar.
Habrá que esperar la reacción del régimen fundamentalista que ha dominado Irán a lo largo de más de medio siglo, pero desde luego no tardará. Aparentemente, por lo pronto, los ataques a territorio israelí se intensificaron, así como los de respuesta; se produjeron ya los primeros ataques iraníes a bases militares norteamericanas, y el parlamento iraní ha aprobado el bloqueo militar del estrecho de Ormuz, canal por el que cruza más del 20 por ciento del petróleo que se comercia en el planeta. La consecuencia inmediata es la incertidumbre que el tránsito del petróleo a muchos países de Europa y Asia por esta vía y el consecuente aumento en los precios internacionales. Lejos de beneficiar a México, como ocurrió durante 40 años, hoy el aumento en los precios de los energéticos nos afectaría ya que somos importadores y la producción de crudo está en sus niveles más bajos.
Después del asombro, diversos líderes mundiales han manifestado su preocupación por lo que ocurre en Medio Oriente, y los riesgos de que Estados Unidos se involucre de lleno en el conflicto. En el Vaticano, el papa León XIV se refirió a la responsabilidad moral de “detener la tragedia de la guerra antes de que se convierta en una vorágine irreparable”. “La humanidad grita por la paz”, clamó el pontífice. El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, la ONU, manifestó que “la única solución es la paz”. En México, la presidenta Claudia Sheinbaum llamó a la ONU a trabajar en la construcción de la paz, y dijo que nuestro país siempre será un factor positivo en ese sentido.
La gran incógnita es cómo lograr desescalar la conflagración mientras las partes involucradas suman agravios. Las consecuencias de una contienda global serían catastróficas, e incluso la persistencia de una crisis regional traerá desajustes en el comercio, las finanzas, el turismo y la migración en el orbe. De las que nuestro país, por supuesto no estaría a salvo. Problemáticas como la migración, agravada por la campaña del gobierno estadunidense para incrementar las deportaciones y cerrar el flujo de indocumentados; las exigencias de control del tránsito de drogas, en particular el fentanilo, y las presiones en materia de seguridad y de combate al crimen organizado, adquirirían una nueva dinámica y mayor complejidad para el gobierno mexicano en un contexto alterado por la tensión bélica. Luego se sumarían las complicaciones económicas y financieras: inflación, recesión, desabasto, carestía, desempleo.
A nivel regional, además de los nubarrones del escenario internacional y sus interacciones locales, en Guerrero necesitamos algo más que una limpia para superar los males que se han normalizado. Luego del paso de Erick, el primer huracán de la temporada, que dejó una estela de destrucción y en estado de emergencia a los municipios de San Nicolás, Cuajinicuilapa y Ometepec, la actividad de los grupos criminales que se inhibió en el despliegue del meteoro, retornó el fin de semana con mayor virulencia, al contabilizarse al menos 17 muertes violentas en Acapulco, Chilpancingo, Zihuatanejo y otras localidades. Así llegamos al inicio del verano en el hemisferio norte, tiempos intensos, sombríos y amenazantes.