10 junio,2026 8:56 am

“Si algo aquí nos sobra en Acapulco es muerte”, dice el pintor Luis Vargas ante el entorno de violencia

El porteño tiene entre los temas principales de su obra las víctimas de la guerra sucia de la década de los 70, los desplazados, los desaparecidos y la pederastia

Acapulco, Guerrero, 10 de junio de 2206. ¿Qué pasaría si los pescadores acapulqueños, en vez de sacar peces del mar con el chinchorro, pescaran cuerpos? La respuesta se gesta entre lienzos y colores en un pequeño cuarto en La Pocita, de los Barrios Históricos del municipio, donde pinta Luis Vargas Santa Cruz, “si algo aquí nos sobra en Acapulco es muerte”, suelta.

El municipio en el que nació el artista hace 45 años y la narcoviolencia son el escenario en el que ha desarrollado su carrera de 25 años plagada de cuadros sobre las víctimas de la guerra sucia de la década de los 70, los desplazados, los desaparecidos, la pederastia.

Indisciplinado, autodidacta, iconoclasta y heterodoxo, el artista multidisciplinario defiende la independencia frente a las reglas políticas y sociales a las que se ha enfrentado, “yo me siento mejor conmigo mismo siendo rechazado y siendo excluido, de hecho mi tema tiene mucho que ver con el exilio, con los rechazados, con la gente que no forma parte de algo”.

–¿Qué te ha costado?

–Comer mal, no tener trabajo.

El 15 de mayo recibió a El Sur en su estudio, la casa de tres generaciones de su familia en la que vive alejado de las comodidades que le han ofrecido distintas ofertas laborales, “decidí vivir en un lugar en los Barrios Históricos, en una casa vieja, suficiente para mí en donde yo puedo manchar sin pedos”.

Willem de Kooning (1904-1997) dijo que la carne es la razón por la que se inventó la pintura al óleo. Aquel viernes, Luis Vargas le introducía color a los muslos de una pierna de un ser humano haciendo el gran esfuerzo de jalar la atarraya; la base de la pintura es la calcita, material mineral hecho polvo que le permite “una textura más fuerte, más violenta, lo que me permite jugar hacia la escultura siendo pintura, entonces ya lo que hago es mezclar colores”.

Su obra es considerada barroca, por la paleta de colores y el uso de los cuerpos, “pero a mí lo contemporáneo no me gusta, el tiempo que estamos viviendo lo detesto y el arte al que nos están queriendo llevar tampoco me gusta porque todo tiene un patrón, todo lo que ves en Instagram es igual, salvo algunos que se salen del molde”.

Luis Vargas nació el 27 de febrero de 1981, terminaba el gobierno represor de Rubén Figueroa Figueroa, personaje contra el que el artista protestó, junto con decenas de integrantes de la comunidad cultural del estado, en noviembre del año pasado a raíz del homenaje realizado por el gobierno de Evelyn Salgado Pineda por el 117 natalicio del priista, insignia de la contrainsurgencia.

“Yo estoy en contra de las categorías, de las jerarquías, porque te nulifican. Siempre dicen, ‘el presidente es el cargo más importante de un país, el puesto más alto al que puedes aspirar’, y para mí es una mamada porque nos están obligando a encontrar formas y maneras de ser algo que está ahí jerarquizado y catalogado”.

La apuesta por el arte empezó a los 14 años, cuando la terapia con Ezequiel Gallardo, también caricaturista, se convirtió en las primeras clases de pintura, “nos hicimos grandes amigos, fue mi sicólogo de cabecera de por vida y aparte mi maestro de artes”.

Diseñador gráfico de profesión, en la Universidad Loyola del Pacífico, Luis Vargas es especialista en diseño editorial, “para mí hacer libros y revistas es mi gran pasión”, confiesa el extrabajador de este periódico para mostrar parte de su proceso creativo.

¿Por qué es necesario escribir sobre Luis Vargas? Eufórico en la palabra y sereno en la pintura, vive de sus experimentos desde los márgenes culturales y políticos, la entrevista sirve para repasar la carrera y las ideas del bohemio que dibuja en una servilleta en una cantina de la zona del Tamarindos con miras permanentes al futuro, “yo soy poco ortodoxo para trabajar, soy heterodoxo”.

–¿En tu vida?

–Sí, siempre voy contra las cosas y según la escuela de Leonardo da Vinci, experimentar aunque te salga mal.

Los callejones de La Pocita pierden su encanto ante los constantes cortes de energía eléctrica y de agua potable, “resulta que la carencia, cuando no tienes todo y no se te da todo y vives en un barrio y no tienes tiendas de arte y no tienes una escuela, te hace más creativo, más resiliente, te da una fuerza distinta, aunque la competencia también lo hace.

“Un cuadro es la suma de sus destrucciones” se lee la frase de Pablo Picasso en uno de los pocos muebles que ocupan el estudio, antiguo cuarto en el que creció y en el que vio la evolución de su barrio, estudio actualmente, tapizado de bocetos de su obra en proceso.

Una inspiración: una tarde cualquiera en la playa Dominguillo, algunos rostros endurecidos, una gruesa cuerda amarrada en los brazos de hombres bronceados, un olor a pescado fresco, poco a poco los cuerpos se van alejando del mar para sacar cientos de pescados y basura.

Otra inspiración: “Jesús iba caminando por la orilla del Lago de Galilea, cuando vio a dos hermanos: uno era Simón, también llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red al agua. Jesús les dijo: Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”: el Evangelio de San Mateo.

Luis Vargas estudió parte de la primaria y toda la secundaria y la preparatoria en el Colegio La Salle, escuela a la que acuden las clases medias porteñas, antecedente que aún resuena en su nueva obra, “quise llegar a algo que tuviera que ver con los cuerpos, pero tengo una carga religiosa, católica por mi pasado lasallista”.

Luis Vargas tenía 9 años en 1990, primer año que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reporta homicidios, en Acapulco fueron 79. A partir de 2006, la narcoviolencia desquició el sitio turístico, las calles dejaron de ser tranquilas y desde entonces los jóvenes profesionistas enfrentan la disyuntiva de quedarse a ver la decadencia de su ciudad o salir para buscar un mejor futuro. Hasta 2024, se acumulan 16 mil 862 víctimas mortales, y del mismo periodo se encuentran mil 81 personas desaparecidas.

“Soy un artista acapulqueño que decidió quedarse en Acapulco, aunque salgo a orearme un poquito”, dice el autor de Un mural acerca de la conexión entre la naturaleza y el ser humano, trazado en la región de Baviera, Alemania, en 2025. En el mismo tour, inauguró en Cáceres, España, la exposición Sísifo y la montaña de la condición humana, en la que explora la condena eterna, el absurdo y la esperanza “por medio de la redención humana mediante elementos simbólicos compuestos por pinturas y dibujos cargados de fuerza y materia”.

Este año no va a salir del país, “y es lo que me tiene mal, las salidas de México me dan un respiro, cada año salir es como agarrar un respiro, me voy tres meses y regreso con mucha fuerza para seguir transformando y haciendo cosas. Es como un retiro espiritual que en México no lo puedo tener”.

La exposición de 25 años de su carrera realizada en la galería del Fuerte de San Diego y en el Bar de Puerto en febrero pasado, dos de los lugares más concurridos por este hombre que viste casi siempre unos jeans y una camisa de manga larga arremangada hasta los codos, lo hizo pensar que tendría que pintar algo diferente.

“Mi pintura es propositiva, sí estoy proponiendo un tema. Eso de que el arte va a cambiar es una mamada, por supuesto que no va a cambiar ni un puto carajo, al contrario, el gobierno utiliza el arte para su propio beneficio. Es lo que se está haciendo con los muralistas de Acapulco, que se convirtieron en rotulistas del gobierno, oficialistas”.

Alguno de sus antecedentes fueron unos murales pagados por la secretaría de Bienestar del estado, “mi consigna era, no me voy a vender, voy a hacer lo que yo quiera y me lo respetaron, los tres que hice, uno sí lo hice para la banda, allá por la entrada de Homex”.

Aborrece murales como el del parque Papagayo a un costado del Ayuntamiento, “¿qué tiene chingados que ver con Acapulco?, nada”; o los de la playa Bonfil, “yo no quiero poner a Jorge Campos como lo hizo David de León, con todo el dolor de mi corazón, pero es que ya”.

Su necesidad de renovación no olvida su fundamento: todo artista es crítico y “nos corresponde, estamos viviendo aquí, o sea, tenemos que organizarnos, el vivir no es nada más así, no somos animales, somos animales organizados y para organizarnos tenemos que ser políticos y para ser políticos tenemos que ser también críticos”.

Con la fotografía y el video ha experimentado otras formas de expresión. El cortometraje El rostro de Fátima fue ganador del Festival TriState de Nueva York en 2022, “desde niño, cuando empecé a dibujar, lo que yo hacía no era dibujar, era contar historias, entonces lo que hago es contar historias a través de la foto, del video y de la pintura y el diseño gráfico”. Irlanda, Italia y Canadá son los otros países a los que sus obras han llegado.

Luis Vargas reflexiona que el “presente desde un punto de vista muy particular, muy personal, pero pensando siempre en el pasado, mis conexiones con el pasado son necesarias”. Una de sus inspiraciones más recientes es la resistencia de los yopes a los mexicas, “mi tipo de pintura es errática e impredecible, realmente no sé qué estoy haciendo, me estoy dejando llevar”.

Ramón Gracida Gómez