28 febrero,2025 8:57 am

Sin libertad, difícil hacer arte verdadero, dice Leonardo Padura en la UNAM

Ofrece el autor cubano una charla en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario

Ciudad de México, 28 de febrero de 2025. Ante un auditorio repleto de sus lectores y lectoras más acérrimos, el escritor Leonardo Padura relató el momento preciso en el que, incluso para ser un cubano ateo, sintió que Dios se encargó de proveerle.

Era enero de 1996, a poco menos de un mes de haber hecho los trámites para convertirse en el primer escritor independiente de Cuba –sin vinculación laboral alguna con una empresa estatal–, cuando una vecina lo despertó a gritos para recibir una llamada.

“Me llaman a las 6 de la mañana, 12 del día en la hora de España, y crucé en pijama a casa de la vecina…”, contó el miércoles en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario, hasta que le ganó la risa: “Y se me caía el pijama porque estábamos tan flacos”.

De gira en México para presentar su más reciente libro, Ir a La Habana, y la edición conmemorativa por el 15 aniversario de El hombre que amaba a los perros, el autor fue recibido en la UNAM como en su casa, a ocho años de haber sido investido doctor honoris causa por la institución.

Nada de ello hubiera sido posible, sin embargo, si aquella mañana del 96 no hubiera sido avisado que su novela Máscaras, la tercera aventura del detective Mario Conde, había ganado el Premio Café Gijón, galardón que se traducía, entonces, a 16 millones de pesos cubanos, en un momento angustioso en el que, tras dejar su empleo en la Gaceta de Cuba, tendría que vivir con los 300 pesos mensuales que ganaba su esposa, la guionista Lucía López Coll. “Lo que costaba un pollo y medio”, puntualizó.

En una charla plena de anécdotas y reflexiones, conducida por su colega Rosa Beltrán, el escritor destacó este momento no por el dinero, sino porque ganar ese premio fue la puerta para publicar en Tusquets.

“El hecho de terminar mis libros, apretar una tecla y que ese libro salga directamente de mi computadora a la computadora de mis editores en Barcelona, me dio independencia, me dio libertad”, celebró. “No tiene que pasar por ningún filtro institucional cubano, y los niveles de autocensura que yo me aplico son niveles de autocensura ética”.

Catorce novelas después, además de volúmenes de cuentos y ensayos, recordó que, en los oscuros años 90 en Cuba, durante el “Periodo Especial”, lo que lo salvó de todo fue la escritura.

“Sin libertad es muy difícil poder hacer arte verdadero”, zanjó.

Texto: Francisco Morales / Agencia Reforma