
La temporada de huracanes en Guerrero arranca en mayo y no da tregua hasta noviembre. Cada año, miles de familias en Acapulco, Zihuatanejo y la Costa Chica buscan formas de blindar sus ventanas antes de que llegue el primer ciclón. Elegir el tipo de persiana adecuado no es solo una decisión decorativa: puede marcar la diferencia entre una ventana reventada por un objeto volador y una casa que resiste el embate con daños mínimos. Conocer qué persianas aguantan vientos ciclónicos y cuáles no es información que todo guerrerense debería tener clara antes de junio.
No todas las persianas resisten un ciclón
Existe la creencia de que cualquier persiana bajada ofrece protección durante una tormenta. La realidad es muy distinta. Las persianas de lamas delgadas, como las venecianas de aluminio ligero o las cortinas verticales de PVC flexible, están diseñadas para regular luz y privacidad en condiciones normales, no para soportar vientos de más de 100 kilómetros por hora ni impactos de escombros.
Cuando un huracán categoría 1 golpea la costa guerrerense, los objetos sueltos se convierten en proyectiles capaces de atravesar materiales ligeros. Una rama gruesa, una teja arrancada de un techo vecino o un letrero de lámina pueden perforar una persiana liviana como si fuera cartón. El problema no es solo el daño en la persiana: una vez que el cristal se rompe, el viento entra a la vivienda y la presión interna puede arrancar el techo desde dentro.
Por eso, antes de que arranque la temporada ciclónica conviene hacer una evaluación honesta del tipo de protección que tienen las ventanas de casa. No todas las persianas son iguales, y la diferencia entre unas y otras puede medirse en decenas de miles de pesos en reparaciones.
Persianas enrollables de aluminio reforzado
Las persianas enrollables de aluminio con lama de doble pared son la opción más extendida en zonas costeras del Pacífico mexicano. Su estructura consiste en lamas de aluminio con relleno de espuma de poliuretano que encajan entre sí formando una barrera continua, sin huecos ni puntos débiles entre pieza y pieza.
Lo que las convierte en una protección eficaz frente a ciclones es precisamente ese diseño de enganche entre lamas. Cuando la persiana está completamente bajada y bloqueada en su posición inferior, funciona como un escudo rígido que distribuye la fuerza del impacto a lo largo de toda la superficie. Las guías laterales de aluminio extruido sujetan el conjunto al marco de la ventana, impidiendo que el viento o la succión arranquen la cortina metálica.
Para zonas como Acapulco, donde la brisa marina cargada de salitre corroe cualquier metal expuesto en cuestión de meses, es fundamental que el aluminio lleve tratamiento de lacado o anodizado. Sin ese acabado protector, las lamas pierden resistencia estructural en una o dos temporadas y llegan debilitadas justo cuando más se necesitan. Una persiana enrollable corroída es casi peor que no tener nada, porque da una falsa sensación de seguridad.
El grosor de la lama también importa. Las lamas de 37 milímetros son estándar para uso doméstico, pero en primera línea de costa o en pisos altos de edificios expuestos al viento directo, las lamas de 45 o 55 milímetros ofrecen una rigidez notablemente superior.
Persianas antihuracán: blindaje de grado industrial
Un escalón por encima de las enrollables convencionales están las persianas antihuracán certificadas. Se fabrican con lamas de aluminio extruido de mayor grosor y sistemas de anclaje reforzados que se fijan directamente a la estructura de la vivienda — al muro de carga, no solo al marco de la ventana.
Algunos modelos cuentan con certificación contra impacto de proyectiles según normas internacionales como la ASTM E1886 y la Florida Building Code, estándares desarrollados específicamente para regiones donde los ciclones son parte del calendario. Estas persianas resisten vientos sostenidos superiores a 250 km/h y soportan el impacto de objetos lanzados a gran velocidad sin deformarse ni perder el anclaje.
Su precio es considerablemente más alto que el de una enrollable estándar — pueden costar el doble o el triple dependiendo del tamaño y la certificación —, pero en zonas de riesgo elevado como la Costa Grande o la franja entre Copala y Marquelia representan una inversión que puede evitar daños estructurales de los que cuesta mucho más recuperarse. Tras el paso del huracán Otis por Acapulco en octubre de 2023, numerosos propietarios que habían instalado este tipo de protección encontraron sus ventanas intactas en edificios donde los departamentos vecinos sin persianas antihuracán quedaron destrozados por dentro.
Persianas de madera y PVC: lo que aguantan y lo que no
Las persianas alicantinas de madera aportan estética tradicional y buen aislamiento térmico durante los meses de calor, pero su capacidad de resistencia ante vientos ciclónicos es limitada. Las lamas de madera pueden partirse con impactos moderados, y el sistema de plegado por cuerda no ofrece la rigidez estructural necesaria para soportar rachas violentas ni presión sostenida.
Algo similar ocurre con las persianas de PVC tipo cadenilla. Funcionan bien como barrera contra el sol intenso y la lluvia moderada del día a día, pero frente a un huracán categoría 2 o superior se deforman, se agrietan o directamente salen volando si las guías no están ancladas con la firmeza suficiente al muro exterior.
Esto no significa que haya que descartarlas por completo. En municipios del interior de Guerrero, como Chilpancingo, Iguala o Tixtla, donde los ciclones llegan debilitados y convertidos en tormenta tropical con vientos muy inferiores a los de la costa, una persiana de PVC o madera bien instalada puede cumplir una función protectora razonable. La clave está en evaluar con realismo el nivel de exposición de cada vivienda según su ubicación geográfica y su altura respecto al nivel del mar.
Qué revisar antes de que arranque la temporada
Más allá del tipo de persiana, el estado de la instalación determina si va a cumplir su función cuando llegue el momento. Las guías laterales deben estar firmemente atornilladas al muro con taquetes expansivos, no solo al marco de aluminio de la ventana. Los tornillos oxidados por el salitre pierden agarre progresivamente y son el punto de fallo más frecuente en instalaciones costeras que llevan varios años sin mantenimiento.
El cajón de recogida también merece inspección. Si presenta corrosión visible, grietas en las tapas o deformaciones por el calor acumulado, puede ceder justo cuando la persiana recibe la mayor carga de viento. En casas ubicadas a menos de un kilómetro del mar, una revisión anual antes de junio debería ser tan habitual como limpiar el tinaco o revisar las bajantes de agua pluvial.
Para quienes están construyendo o renovando, vale la pena considerar la motorización con sistema de emergencia manual. Durante un huracán es prácticamente seguro que se pierda el suministro eléctrico durante horas o días, y una persiana motorizada sin alternativa de operación manual se convierte en un problema serio: ni se puede bajar para proteger la ventana ni se puede subir para ventilar o evacuar cuando pasa lo peor.
También conviene verificar que el faldón inferior de la persiana — la última lama que toca el alféizar — tenga un sistema de cierre o bloqueo. Sin ese punto de anclaje inferior, el viento puede levantar la persiana desde abajo como si fuera una vela, anulando toda la protección.
Proteger las ventanas es proteger la estructura completa
Una ventana rota durante un ciclón no se reduce a un cristal que hay que reponer. Cuando el viento penetra en una vivienda cerrada, la diferencia de presión entre interior y exterior puede ser tan brutal que el techo se levanta desde dentro. Los ingenieros estructurales lo llaman presurización interna, y es una de las causas principales de pérdida total en viviendas costeras durante huracanes en el Pacífico mexicano.
Elegir tipos de persianas en puntogar pensando en la temporada ciclónica no es exageración ni gasto innecesario. En Guerrero, donde el clima tropical regala sol generoso casi todo el año pero también castiga con ciclones cada temporada de lluvias, preparar las ventanas forma parte de vivir responsablemente en la costa. La pregunta nunca es si va a llegar otro huracán, sino cuándo — y qué tan lista estará la casa para recibirlo.


