Tula, Guerrero, 17 de mayo de 2026. Tula es un pueblo fantasma del municipio de Chilapa, en la Montaña Baja de Guerrero, al que ninguno de los desplazados quiere regresar después de los ataques que sufrieron de parte de un grupo delictivo.
La mayoría de las casas están incendiadas, las cocinas destruidas e incluso el poco maíz que estaba almacenado quedó quemado, según pudo constatar El Sur.
Vecinos de otras zonas consideran que los de Tula tienen miedo de regresar a sus viviendas.
“La intención es que aquí no regrese nadie más”, dice a este diario Prisco Rodríguez Morelos, integrante del Consejo Indígena Popular Emiliano Zapata (Cipog-EZ).
La presidenta Claudia Sheinbaum dijo desde el primer momento que a todos los desplazados se les dio acompañamiento y resguardo, recordó Rodríguez.
“Pero quisiéramos preguntarle que nos muestre dónde están” los de Tula. “Seguramente ni ella sabe. Todos los desplazados de esta comunidad ni el gobierno sabe donde están”.
El dirigente indígena explicó que tras los ataques a diversas comunidades de Chilapa, la fuerzas federales (Ejército y Guardia Nacional) y la Policías Estatal, llegaron “con prepotencia, queriendo desarmar a nuestros compañeros” de la policía comunitaria.
Pero gracias a los comunitarios “todavía estamos”, subraya Rodríguez. “Si no hubiera sido por ellos, ninguno de estos pueblos existiría”.
El integrante del Cipog-EZ dijo que los ataques a los pueblos “ocurrieron enfrente del Ejercito mexicano”.
“El Ejército estaba presente cuando esos delincuentes entraron”. Puede haber “complicidad, porque no hay otra explicación”, señaló.
Esta es “una prueba clara de que el gobierno mexicano trabaja de la mano con los cárteles, no hay otra explicación”.
Lenin Ocampo Torres


