29 diciembre,2018 8:27 am

Un feminicidio destruye a la comunidad e insensibiliza a algunos de sus miembros: Lydiette Carrión  

La periodista reconoce en su libro La fosa de agua, no había manera de ser objetiva ante el asesinato brutal de mujeres.
Ciudad de México, 29 de diciembre de 2018. Periodista acostumbrada a la verificación de hechos y datos, reconoce que al cubrir los brutales asesinatos de púberes y adolescentes contenidos en su libro La fosa de agua, no había manera de ser objetivo. “No sé ni siquiera qué quiere decir eso cuando sabes que a una niña de 14 años la desaparecieron y la encontraron hecha pedacitos en un canal de aguas negras”. Su esfuerzo se concentró en sacar a flote la terrible verdad que envuelve a estos casos
En su memoria, Lydiette Carrión tiene claro que México no era este país de ahora, con graves problemas de violencia. Cuando tenía 20 años, la periodista se fue de viaje con amigos “de aventón”, dice, y no existía el miedo a no regresar. Claro, “había riesgos, siempre ha existido esa violencia contra la mujer”, pero las consecuencias de la guerra contra el narcotráfico “realmente lo destruyeron todo”.
A partir de 2006 y en los siguientes años, cuenta Carrión, a los reporteros les tocó capacitarse para hablar en sus crónicas y reportajes sobre el rescate de la memoria. “En los talleres se hablaba mucho de la preservación de la memoria de una comunidad o un pueblo”, recuerda en entrevista con El Sur, realizada en una librería de la colonia Roma.
Al escribir su libro La fosa de agua. Desapariciones y feminicidios en el río de Los Remedios (octubre 2018, sello Debate de Penguin Random House), lo que mantuvo a la periodista en la obligación de cubrir casos de feminicidio en un área determinada del Estado de México, fue percatarse de que no entendía lo que había ocurrido ahí. Y necesitaba comprender. “Tenía muchos datos y quería saber exactamente a qué fenómenos se enfrentaba la gente”.
La fosa de agua es, precisamente, la radiografía de un territorio violento. Un gran reportaje que implicó seis años de investigación y seguimiento de los casos de 10 adolescentes desaparecidas en Ecatepec y Los Reyes Tecámac, que tienen en común la ausencia de justicia y la perpetua impunidad.
Un poco rebasada, cansada de los testimonios, Carrión se encontró una entrevista al poeta Juan Gelman, quien al hablar de la desaparición de su hijo y nuera en la dictadura argentina insistía en que para los atenienses el antónimo del olvido no era la memoria, sino la verdad.
“Eso me hizo mucho ruido… Pensé en que ya habíamos hablado mucho de la memoria y no teníamos la verdad. Cuando escribía el libro, supe que contraponer las versiones es un ejercicio muy complicado. Fui consciente de que, en este caso concreto, no hay una verdad probada”.
“Cosas que se pueden comprobar: que los posibles criminales vendían drogas, que hay indicios fuertes de que (a las jóvenes desaparecidas) las asesinaron. Pero no sabemos varias cosas más: qué papel tuvieron los ministeriales de Tecámac, por qué los mensajes que recibe la familia de Luz del Carmen son tan parecidos a los que recibe la familia de Bianca. No sabemos dónde estuvo cinco meses Diana Angélica o hasta qué punto operó la negligencia y hasta qué punto empezó la colusión. Llegar a saber eso requiere mucho trabajo, pero es la única manera de que las familias sanen”.
Ecatepec-Los Reyes Tecámac
Antes de especializarse en feminicidios, Lydiette Carrión ya abordaba temas relacionados con derechos humanos y justicia. En 2011, comenzó a escribir en El Gráfico de El Universal una pequeña crónica, cada semana, acerca de casos de asesinatos de mujeres, sobre todo de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Con el tiempo, abordó el tema de las desapariciones y recopiló vasta información de los distintos crímenes.
“En ese tiempo, hubo un área que me brincó, por la forma en que ocurrían los casos, la de Ecatepec-Los Reyes Tecámac”, recuerda.
De ahí nació la idea de escribir un libro sobre el tema. La mayoría de los casos que relata los había conocido desde que la desaparición y/o feminicidio ocurrió, e incluyó los que tenían puntos en común. También en los que se pudiera presumir una relación con el crimen organizado.
Escribir La fosa de agua le llevó a Carrión aproximadamente medio año. En uno de los capítulos expone que las autoridades vincularon en varios de los casos a Erick Sanjuán Palafox, El Mili, y a tres de sus cómplices, capturados en 2014 y acusados de feminicidio y narcomenudeo tras un proceso irregular.
El Mili recibió en 2018 una sentencia de siete décadas por el feminicidio de una niña de 15 años, cuyo cuerpo fue encontrado en la carretera Tecámac-Tizayuca. En el juicio, fue vinculado con 16 feminicidios.
–Los asesinatos de mujeres continúan en la zona pese a que se ha capturado a presuntos responsables. ¿Qué hace falta para cambiar la situación?
–No hay una solución unilateral. No se trata de hacer una sola cosa. Cuando hablo del crimen organizado, hay un papel muy preponderante de miembros de seguridad pública, judiciales, que pudieron haber estado involucrados, tanto por acción como por encubrimiento. Es un asunto más complejo.
–Tomando en cuenta que hay un nuevo gobierno, ¿qué se debe revisar?
–Tendría que cambiarse el modelo neoliberal. Se tendrían que construir una serie de lugares y de espacios públicos en la zona para reunificar a los habitantes; aplicarse programas para recuperar el tejido social. Se debe investigar con profundidad, y eso es muy peligroso, a los policías de la zona.
Se tiene que hacer una investigación cabal –continúa– para saber exactamente qué pasó. Se debe hacer público cuántos restos humanos se han encontrado en el río de Los Remedios, agotarse las líneas de investigación que no se agotaron en su momento. Impulsar una educación de calidad a nivel básico, medio superior y superior. Una sola acción no bastaría.
No tendría que hacer la diferencia si te sientas con el gobernador o no
Lydiette Carrión se ayuda de la crónica para narrar con detalle, pero sin caer en lo morboso, la búsqueda infinita de las madres y padres, y las carencias en las investigaciones por parte de un sistema policial que podría estar involucrado en las desapariciones y feminicidios de las jóvenes.
Carrión hila los casos, ya sea porque sucedieron en fechas similares, porque una misma banda del crimen pudo haber estado involucrada o porque en algunos aspectos se parecen.
–A pesar de que algunas mamás tuvieron cierto acceso a las autoridades, prevalece la impunidad.
–Los diversos casos siguen igual, no hay una verdadera investigación. Pareciera que hacen mucho, pero no. Es un tema que ha descontrolado mucho a las familias. No tendría que hacer la diferencia si te sientas con el gobernador o no, eso no va a resolver jamás el problema. El caso de Diana Angélica es muy fuerte. Su mamá, Margy, no se ha despegado, insiste todo el tiempo, pero no pasa nada. Los restos de su hija los encontraron en febrero de 2014 y le avisaron hasta 2015. Para que le entregaran el tórax, hallado ese febrero, pasó un año más.
–¿Qué opinas del feminicidio en la Ciudad de México? Hay un aumento en cifras, ¿cómo se relaciona con el Estado de México?
–Aunque el área metropolitana está dividida administrativamente, no hay diferencia. Muchos casos se entorpecen porque una persona desaparece en, por ejemplo, la Venustiano Carranza (Ciudad de México) y aparece muerta en Neza (Estado de México). La capital también tiene muchos barrios intensos y difíciles. Lo que sí pasa es que en el país hay una exacerbación de la violencia. Es una descomposición social que afecta en mayor o menor medida a los barrios, las comunidades. La demarcación administrativa es más o menos artificial, hay gente que viaja todos los días de un lado a otro. Creo que vivimos un momento de crisis en todo el país.
–¿Te involucraste con las víctimas más allá de una relación periodista-testimonio, al hablar con las madres y otras personas cercanas?
–No hay manera de ser objetivo. No sé ni siquiera qué quiere decir eso cuando sabes que a una niña de 14 años la desaparecieron y la encontraron hecha pedacitos en un canal de aguas negras. ¿Cómo procesas eso desde la objetividad periodística? Pienso que soy bastante honesta al narrar las cosas. La parte en la que intenté ser más analítica, que fue muy difícil, se dio al contrastar todas las versiones e historias. Encontrar puntos de coincidencia.
Cuando ves que una mamá lleva cinco años buscando a su hija y no le hacen caso –continúa la autora– no hay modo de que no sientas empatía y se genere cariño. Eso es una fortaleza. ¿Cómo puedes ver fría esa búsqueda? Si no te indignas mejor dedícate a otra cosa, algo en lo que no tengas que involucrar la parte emocional.
Ocho mil 904 asesinatos de mujeres, de 2014 a 2017 en todo el país
Aunque en 2015 se emitió una alerta de género en 11 municipios del Estado de México, los feminicidios siguen en aumento. Datos oficiales indican que en los últimos tres años se han registrado 228 crímenes de este tipo y se han abierto 822 carpetas de investigación por homicidios dolosos.
Este año, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) presentó un informe que documenta 8 mil 904 asesinatos de mujeres, de 2014 a 2017, con base en la información de las procuradurías de todo el país.
Carrión entrevistó a diversas fuentes anónimas para crear perfiles de los posibles involucrados en las desapariciones y feminicidios. Eso implicó tomar medidas de seguridad antes de publicar el libro.
Detalla: “Saqué cierta información sensible de mis redes sociales. Se hacen los protocolos mínimos: alguien te monitorea, sabe dónde estás, te reportas a cierta hora. Identificas riesgos potenciales, asumen a cuáles le entras y a cuáles no. Una parte que sí hice al final fue entregar el manuscrito a las familias antes de darle el escrito final a la editorial. Esto, para prevenir que no afectara a futuras investigaciones de los casos. También para que se sintieran cómodas, pues el libro trae información muy sensible de su intimidad”.
–¿Qué límite que te impusiste para abordar el tema?
–Entregué el manuscrito al editorial y renuncié a ese trabajo. Me puse a hacer otras cosas. Quería un descanso del tema. Tuve acompañamiento sicoterapéutico desde el día uno. Sí noté que me volví mucho más paranoica. Al final, te va deprimiendo. Empiezas a tener una visión distinta. Ya te echaste un clavado a las aguas negras y es necesario separarse. Un rato.
Finalmente, hay una parte muy satisfactoria, que es ayudar a que las cosas cambien. Hablo de la parte que pongo al inicio sobre saber qué pasó. Esta necesidad de verdad es fundamental para cambiar el país, que está en la peor crisis de violencia de su historia reciente. No nos merecemos eso y yo espero que sirva.
–¿Un feminicidio afecta a toda una comunidad?
–Sí. Un feminicidio destruye a la comunidad, insensibiliza a algunos de sus miembros. Al resto de las mujeres las destruye también. El mensaje es: no salgas, no hagas, no vales nada. A los amigos de ellas los vuelve impotentes. El mensaje para los varones de las familias es: tú no puedes defender a las mujeres que quieres. Es impunidad, violencia. Cada feminicidio impune allana el camino al siguiente crimen, porque también, como se nota en el libro, es una conducta aprendida y cultural. Si no hay consecuencia, se va contagiando.
Concluye Lydiette: “Hay un caso que está resuelto y creo que la mamá renació porque ya pudo expresar su verdad, de algún modo. Pienso que el libro quizás es una forma para ellas de liberarse. Por más doloroso que sea, es liberador saber que no te lo inventaste. Eso también es una muestra de amor hacia su hija, hacia ella misma
Texto: Guillermo Rivera / Foto: Cuartoscuro