12 octubre,2023 11:09 am

Una pareja sobrevivió en un árbol cuando la corriente arrasó una isla en el río Tecpan

 

Cándida y Gustavo estaban en su enramada donde tenían un negocio de mariscos y cervezas cuando entró la tormenta Max a las 3 de la tarde del lunes. Cuentan cómo resistieron, primero juntos, después la fuerza del agua los separó. Ella fue rescatada en un helicóptero a las 8 de la mañana siguiente. Él, fue arrastrado y golpeado por la avenida, hasta las 5 de la mañana cuando salió solo a la orilla

 

 

Tecpan, Guerrero, 12 de octubre de 2023. “Yo voy a salir si nos despegamos y te voy a buscar”, le prometió Gustavo a su esposa Cándida antes de que el río de Tecpan tumbara el árbol al que se treparon para sobrevivir en la tormenta Max. Llevaban tres horas en medio de la corriente, el agua los separó y se reencontraron 12 horas después.

Gustavo Romero Sotelo y Cándida Bailón Gallardo llevan 8 años de pareja, el mismo tiempo que llevan trabajando en su enramada Tavo, que prácticamente es su casa: llegan a las 8 de la mañana, toman café, desayunan y Cándida empieza a barrer para recibir a los clientes mientras que Gustavo vende bonote en su camioneta.

“Ah, sí, nos iba bien, en Navidad y Año Nuevo vendíamos bien y en los domingos porque metíamos música viva, se llena”, compartió Gustavo a la una de la tarde de este miércoles en la casa de su mamá, a donde sólo llegaban a dormir después de trabajar y que está a unos 10 minutos en carro de su enramada, a las afueras de la cabecera municipal.

Es una casa de madera de un solo cuarto, en una esquina una olla humea a unos 8 metros de donde él, de 42 años, está sentado en la orilla de la cama; ella, de 48 años, en una silla. Una hamaca los divide de los enviados de El Sur y de la mamá de Gustavo, que está sentada atrás y escucha pacientemente.

En la tarde del lunes, Gustavo y Cándida fueron a su enramada para guardar sus cosas porque iba a llover. A las 3 de la tarde la corriente del río empezó a crecer e inundar, como nunca había sucedido, la pequeña isla en donde estaban instaladas las cinco enramadas que ofrecen mariscos y cervezas.

Los dos decidieron subirse a un árbol porque pensaron que después de un rato el agua iba a descender, además Cándida no sabe nadar. Pero la corriente subió más. Su caballo estaba amarrado, entonces Gustavo decidió soltarlo, pero en ese momento el río se llevó al animal y ahí fue cuando se dieron cuenta que sí estaba “fuerte” la corriente. A sus cuatro perros también se los llevó.

Duraron más de tres horas agarrados del árbol que estaba en medio de la isla, traían sus celulares y empezaron a moverlos para que los vecinos vieran que seguían vivos. A las 7:30 de la noche finalmente la corriente del río tumbó el árbol y los arrastró un tramo, como unos 20 metros, “nada más alcancé a agarrarla del cabello y la jalé pa’rriba, y cuando la jalé se me estaba subiendo y me estaba ahogando”, relató Gustavo sin tapujos.

“En desesperación, yo creo, abrí la boca y empecé a tragar agua y yo sentía que me hundía y él me jalaba, lo abrazaba, pero la fuerza del agua nos despegaba”, agregó Cándida con voz más pausada.

Gustavo la empujó a un árbol que vio cerca y Cándida se agarró como sea, “pude escalar el árbol, me subí hasta la punta porque estaba bien crecido el río y ahí me quedé. Grité desesperada porque yo vi cómo se lo llevó”. Prácticamente se quedó en la misma zona del primer árbol y empezó a pedir auxilio, pero nadie pudo rescatarla porque la corriente era muy fuerte.

Gustavo empezó a descender por el río, trató de nadar y luchar contra el agua, pero “me ahogaba, me arrastraban los palos, me sumían y volvía a salir y así”. Le llegaban troncos y los quitaba como podía y quedó atorado en el muro de la carretera del libramiento, “me agarro de en medio, y empecé a luchar con los palos porque me estaba ahogando. No sé cómo moví un palo y se movió todo y volví a salir”.

Fueron varias horas y Gustavo se quería dar por vencido porque suponía que Cándida se había muerto, “entonces mejor que me ahogue. Ya de repente volví a reaccionar: si se ahogó, yo tengo que salir pa’buscarla, a donde la encuentre, aunque sea muerta, es lo que me daba ánimo”. Después de un rato Gustavo llegó, por suerte, “a una bola de monte que iba rodando y ahí me subí y ya fui flotando hasta donde me llevara”. Sintió que se desmayó por varias horas.

Socorristas y marinos intentaron llegar a Cándida nadando, pero no pudieron. Una lancha avanzó, pero tampoco pudo. Así pasó toda la madrugada, rezando y esperando a que alguien la rescatara, mientras tanto “el agua pues llegaba y pasaban ramas, muebles, un refri me golpeó”. Las estrellas y la luna aparecieron y esto le dio un respiro porque dejó de llover por un rato.

Gustavo despertó a las 5 de la mañana en algún punto de la orilla del río mucho más abajo del punto inicial y agarró fuerzas para regresar y buscar a Cándida. Caminó una hora y media y salió al libramiento de la carretera, donde trabajadores que operan la vía lo auxiliaron y le dijeron que su esposa estaba viva, pero no lo creía. Tenía mucho frío y “estaba muy golpeado”, dijo alzando su playera para enseñar las raspaduras en el estómago.

Y Cándida todavía seguía atorada en el árbol, que tronaba como a punto de caerse. Como a las 7 de la mañana, Arturo Bello Alcaraz, conocido como El Bunche, se aventó y llegó a ella. Quiso sacarla, pero Cándida no quiso por temor al agua. A las 8 de la mañana llegaron rescatistas en un helicóptero y se los llevaron. “Yo dije, gracias a Dios salimos”, suspiró y soltó el llanto a mitad de la entrevista, Gustavo la consoló.

La pareja se reencontró en el hospital IMSS-Bienestar de Tecpan a las 8 de la mañana del martes, él llegó primero y cuando la reconoció por la ropa en la camilla “me iba a levantar de la cama, pero no me dejaron. Yo la hacía por muerta porque no sabía nadar”. Ella estaba incrédula, le preguntó a una enfermera, “¿de veras?”, y le abrieron la cortina para verlo.

La pareja fue dada de alta en la tarde del martes, a él le falta que le hagan una radiografía, pero no hay luz en el hospital. No han pasado 24 horas de salir del nosocomio y ya hablaron de volver al terreno donde estaba su enramada para poder reconstruirla cuando sea posible.

“Es nuestro trabajo, tenemos que seguir luchando”, indicó Gustavo. “Poco a poco, así empezamos”, completó Cándida. Los cambios serán tener más precaución, salirse rápidamente cuando crezca el río y hacerle caso a las notificaciones que mandan en las redes. “Sí vimos, pero siempre pasa por el mar” la tormenta, él se justificó.

 

 

Texto: Ramón Gracida Gómez / Foto: Carlos Carbajal