
Participaron en las convocatorias Artes en Lenguas Indígenas Nacionales y Músicos Tradicionales Mexicanos y ganaron. María Isaías Jerónimo Reyes, de Santa Cruz del Rincón, con la propuesta de un fotopoema bilingüe, enfocado en la mujer me’phaa, sus luchas en la Montaña y la relación con su lengua, mitos, ritos, cosmovivencias. Yasser Ángel Godínez, de Ayutla, con un proyecto de investigación del género musical merequetengue, de la Costa Chica, que incluye un mini documental y ocho composiciones
El Sur / Ciudad de México, 18 de octubre de 2025. Una poeta me’phaa que escribe sobre las mujeres de su comunidad, su lengua, sus pensamientos y saberes ancestrales, y un músico afrodescendiente que investiga los orígenes del género musical merequetengue, son dos de los guerrerenses beneficiados por la Secretaría de Cultura federal a través del Sistema de Apoyos a la Creación.
Los dos artistas resultaron seleccionados tras participar en las convocatorias Artes en Lenguas Indígenas Nacionales (ALIN) y Músicos Tradicionales Mexicanos (MTM), dirigidas a comunidades, colectivos y personas interesadas en preservar las tradiciones verbales, textuales y musicales de los pueblos y comunidades en México y cuyos resultados se dieron a conocer a fines de septiembre pasado.
Los apoyos para los 43 proyectos que se eligieron llegarán a comunidades indígenas de Guerrero, Baja California, Chiapas, Colima, Durango, Hidalgo, Michoacán, Oaxaca, Puebla, Sonora, Tabasco, Veracruz y Yucatán.
Resistencia y creación en lengua me’phaa
El Sur conversó con la poeta María Isaías Jerónimo Reyes, de Santa Cruz del Rincón, en el municipio de Malinaltepec, ganadora de ALIN 2025, y con el músico Yasser Ángel Godínez, de Ayutla, en el municipio del mismo nombre, ganador de MTM 2025. Desde la escritura y la música, buscan resaltar, por un lado, el papel de la mujer de la Montaña y, por el otro, los orígenes de la música tradicional.
La creación de un fotopoema bilingüe, enfocado en la mujer me’phaa, sus vivencias y la relación con su lengua, mitos, ritos y cosmos, es la propuesta que presentó María.
“Se trata de difundir un proyecto que pueda hablar y revitalizar la lengua, la espiritualidad o la defensa de un territorio, de un pueblo. Quiero hablar de la lucha de la mujer me’phaa en la Montaña”, indica María en entrevista vía Zoom.
De 34 años, estudió en la Universidad Intercultural del Estado de Guerrero, ubicada en Malinaltepec, en la zona de la Montaña. Desde hace varios años participa en el colectivo Xtaja, en el que se trabaja la escritura y el pensamiento en me’phaa.
“Empecé a escribir desde la lengua. Me di cuenta de que a veces no llegamos a leer a nuestra propia lengua. Buscamos la manera de cómo hacer que nuestra propia gente, pueblo, pueda leer nuestra lengua”, explica.
El colectivo nació de la necesidad de crear materiales y difundir el pensamiento de los pueblos originarios, su cultura y cosmovivencia mediante la fotografía y el documental. “Estamos trabajando resistir desde nuestra memoria y lengua. Cómo un pueblo puede defenderse de esa manera, desde su conocimiento ancestral, defender su espacio y territorio. Eso trabajamos en la Montaña”, relata María.
“Creer que existe la fuerza de nosotras las mujeres”
Cuando era niña, su papá y su mamá le enseñaron a hablar me’phaa. María se siente orgullosa de eso. Pero recuerda que algunos profesores de primaria decían que aprender español era sinónimo de superación y la lengua materna no llevaría a ninguna parte a los estudiantes.
Recuerda que las comunidades indígenas de Guerrero crearon la Universidad Intercultural de los Pueblos del Sur (Unisur) en 2006. “Mamás, papás y abuelos la hicieron para que sus hijos e hijas defendieran su espacio y conocimientos”, comenta.
Estudió ahí la carrera de Lengua y Cultura: “Me gustó mucho, nos formamos como jóvenes críticos. Analizamos nuestras luchas. En Santa Cruz y otras comunidades nació la Policía Comunitaria: es un espíritu de lucha”.
El gobierno del estado no reconoció la universidad, sostenida por las comunidades, y en cambio creó la Universidad Intercultural del Estado de Guerrero, donde María estudió también. “Pero en la Unisur empezamos a formar ese equipo de jóvenes, a levantar la voz, a escribir nuestros pensamientos desde nuestra lengua. Eso me hizo luchar”.
Fundaron el colectivo Xtaja y ahí nació el proyecto de María: a partir de la poesía y la imagen, con un fotopoema, defender su conocimiento.
Va a trabajar en Santa Cruz del Rincón, que ya es municipio, y San Miguel El Progreso, del municipio de Malinaltepec. “Son pueblos hermanos”, dice. Su trabajo final tendrá fotografías y poesía que trate sobre la mujer me’phaa en me’phaa.
“He hablado con muchas mujeres. Con las abuelas, ellas tienen mucho conocimiento. A veces se van, fallecen. Se van y su memoria se pierde. Siento que tienen mucho de qué hablar”, dice.
Quiere que el fotopoema sea didáctico para las escuelas con la intención de revitalizar la lengua en las mismas comunidades de su cultura. Los versos serán bilingües, en me’phaa y español.
“Mis dos abuelas ya murieron –cuenta María–. Vivieron muchas cosas y muchos conocimientos se llevaron. Problemas que vivieron me hacen querer hablar por ellas. Muchas abuelas han tenido problemas en casa, por su forma de vivir. Saben muchas cosas que, a veces, por miedo no las hacen, no las hablan. Eso para mí es importante, dar voz en este trabajo. Lo haré por mis abuelas”.
Poco se habla de la fuerza de la mujer, agrega, de su contexto y cultura: “Tiene mucha fuerza aquí en la Montaña. Nosotras como mujer me’phaa necesitamos dialogar y eso es lo que pretendo hacer desde la escuela, con las jóvenes. Creer que existe la fuerza de nosotras las mujeres que luchamos desde la Montaña. Se necesita trabajar y hablar de eso”.
La chilena que llegó de África a Acapulco
Yasser Ángel Godínez es un músico de 43 años, oriundo de Ayutla. Fue seleccionado por la propuesta de investigar el merequetengue de la Costa Chica, en sus vertientes instrumental y afromexicana cantada.
Estudió informática y es empleado administrativo en una escuela primaria, pero la música es su pasión verdadera. También compositor, a los 19 años aprendió a tocar la guitarra y empezó a tocar en grupos de música tropical de la región. Ha pasado por la trova, la música de protesta y la tradicional. Tiene poco más de un centenar de canciones propias de distintos géneros.
Hace tiempo, menciona, fue a una entrevista de radio. El conductor era Higinio Peláez Ramos, un compositor y promotor de la música tradicional de la Costa Chica. Yasser y otra persona tocaron una chilena antes de iniciar el programa y Peláez les dijo que esa canción no era chilena, sino huapango.
“Nos dio nuestra regañada. Me propuse aprender cómo se tocaba realmente la chilena”, dice a El Sur vía Zoom. Se especializó en chilena y, en la actualidad, toca y canta ese género. “Es un ritmo que siempre ha estado en un debate de cómo se ejecuta. He tratado de interpretarla de la manera antigua, como lo hacían Vidal Ramírez o los Vargas de Ometepec. La llaman chilena clásica”.
Yasser es afrodescendiente. La familia de su mamá es del municipio de Tecpan, en la Costa Grande, y migró la Costa Chica, a Pinotepa Nacional, en Oaxaca.
Por su herencia familiar ha investigado la fuerte conexión entre lo afro y la chilena. Fueron los habitantes de las costas los que recibieron esa música que trajeron unos probables náufragos chilenos que se dirigían a California en la época de la fiebre del oro en el siglo XIX, la adoptaron y le imprimieron su estilo: “La misma forma de ser del afrodescendiente hizo que este ritmo tomara esos matices en cuanto a la sonoridad de la música, del canto, de la percusión”.
Yasser ha tocado en grupos enfocados en interpretar chilenas. Con su amiga Yamel Cortés Marmolejo formó hace un lustro un dúo llamado Chilate con Hojaldre –en alusión a la tradicional bebida de cacao y arroz de la Costa Chica– y cantaban chilenas a lo largo y ancho de esta regióna. Hace un año decidió seguir su camino en solitario.
Ya fue ganador de la beca del Sistema de Apoyos de la Creación en 2023 con un proyecto acerca de las chilenas precisamente. Exploró formas líricas en desuso y constató que en las nuevas composiciones de chilena ya no se utilizan tanto.
Ahora Yasser enfrenta un nuevo reto: descubrir el origen del merequetengue, género musical que nació en la Costa Chica guerrerense.
El origen del verdadero merequetengue
Su proyecto se llama Entre el viento y el tambor: Redescubriendo el merequetengue afromexicano de la Costa Chica. “Es un tipo de música, un ritmo, un género de la Costa Chica. Un maestro de danza lo define como una combinación entre cumbia y chilena. Como no es muy conocido ni estudiado, me interesa tratar de identificar cuál es su origen, de dónde viene este ritmo”, expone Yasser.
Podría haber surgido en los años sesenta y setenta. Encontrar el origen es, en gran medida, su propósito. Hoy, en Costa Chica y en Guerrero en general, el mereque-tengue domina la música en fiestas y bailes populares. Es “de cajón” que los grupos toquen ese género en un festejo de Costa Chica.
“El ritmo es más rápido que la chilena –detalla Yasser–. No lleva zapateado. Se baila de una forma más libre, más cumbianchera, tropical. Me causa intriga de dónde viene este ritmo, cuáles son sus raíces”.
Ahora, para el Sistema de Apoyos a la Creación, hará una investigación documental-musicológica. Se trata, por un lado, de producir un mini documental con entrevistas de conocedores para intentar averiguar de dónde viene el merequetengue. Además, realizará transcripciones de algunas piezas clásicas y describirá el ritmo. Compondrá, además, ocho piezas nuevas de merequetengue.
Por lo pronto, identifica dos variantes. Una es instrumental, que tocan las bandas de música de viento. La otra es la versión cantada, más emparentada con instrumentación tropical: congas, güiro, timbales, acordeón. Yasser hará cuatro merequetengues instrumentales y cuatro con letra. Todo esto lo desarrollará en dos años.
Aparte de tratar de establecer cómo y por qué surgió, Yasser identifica algunos problemas que “han desvirtuado al merequetengue”. En la variante cantada, actualmente las letras ya no reflejan temáticas de las costumbres de la vida, los lugares de las regiones: “Ahora se mezcló con sonidos urbanos, con letras típicas del reggaetón. Las armonías se han ido empobreciendo. Tienen una sola nota: como si fuera un reguetón costeño. Se ha perdido un poco la riqueza melódica”, apunta.
Dice que, si surgió en los sesenta o setenta, podría ser un género relativamente reciente: “Puede ser por la incursión de la cumbia a México. En la Costa Chica llegó un grupo de Colombia, Los Corraleros de Majagual, que impactó mucho la música de la zona. Creó una escuela. Empezaron los grupos a tocar con acordeón, querían tocar música de Colombia.
“Se fusionó ese tipo de música con el sentir de las comunidades y lo que querían expresar. Surgieron piezas de merequetengue. Muy campirano, letras que hablaban sobre la vida, de la pesca, de lo cotidiano. Pero ese lenguaje se ha estado perdiendo últimamente con las nuevas letras.
“Ahorita está en su mejor momento –considera Yasser–, aunque alejado de esos merequetengues campiranos. Evoluciona de acuerdo con lo que pide el mercado, pues no es música ligada a tradiciones. Siento que se deben retomar esas líricas más costumbristas”.
Guillermo Rivera


