
En algunos casos las casas se hundieron 10 metros bajo tierra al abrirse el suelo por la licuefacción. “Parecía una olla de sopa removiéndose”, describe el momento en que el terreno perdió toda consistencia Dirman Sandewar, de la Agencia de Rescate de Indonesia.
Texto: DPA / Redacción / Foto: DPA
Yakarta, Indonesia, 6 de octubre de 2018. Imágenes tomadas por satélite y publicadas hoy por las autoridades muestran como tras el reciente terremoto de Indonesia el suelo se vuelve líquido y engulle numerosas viviendas en la ciudad de Palu, en la isla de Célebes (Sulawesi).
En el video se ve el fenómeno conocido como licuefacción del suelo, el el que el terreno sólido se convierte temporalmente en un líquido viscoso.
“El proceso de licuefacción del suelo en la ciudad de Palu en imágenes de satélite de WorldView”, tuiteó el portavoz de la Agencia Nacional de Gestión de Desastres, Sutopo Nugroho, acompañando el video.
“Casas y edificios fueron arrastrados y se hundieron en el lodo. Los equipos de rescate siguen trabajando en la evacuación en esta zona”, añadió.
Las autoridades calculan que tras el terremoto del 28 de septiembre en Palu fueron engullidas unas mil viviendas y posiblemente un millar de personas por esa especie de agujero en el suelo. En dos partes de la ciudad la tierra no sólo tembló, sino que sufrió licuefacción.
En el terremoto murieron más de mil 650 personas y hay al menos 683 desaparecidos.
Una crónica del periódico español El País muestra parte del dramatismo: Ambo Pawe, de 50 años, y sus hijos Are y Sari hallaron los restos de su vivienda a 100 metros de donde estaba. El potente terremoto (y posterior tsunami) que asoló la isla indonesia de Célebes hace una semana convirtió el suelo sobre el que se asentaba su casa en una masa líquida que la engulló. Ocurrió con su vivienda, con edificios enteros y las personas que los habitaban.

No solo tembló la tierra, sino que en cuestión de minutos la fuerte sacudida (de magnitud 7.5) desató un fenómeno geológico que puede afectar a suelos arenosos o saturados de agua y humedad, como los de la ciudad de Palu, la más afectada por el desastre.
Las capas de terreno bajo la superficie perdieron resistencia por la violenta convulsión, que elevó la presión del agua, se desestructuraron y se hicieron fangosas, casi líquidas. Es la licuefacción, que hundió la tierra y causó deslaves que se llevaron por delante, según un recuento de los primeros días, al menos mil 700 casas en Balaroa, el barrio de Palu en el que vivía Pawe.
Siete días después de la catástrofe, este campesino y sus hijos peinan los restos del tercer piso de su casa, el único que ha quedado en la superficie después de que el terreno perdiera toda consistencia y se tragara el resto.
Pawe intenta recuperar algunos objetos y recuerdos. La familia ha perdido a seis miembros: dos abuelos, tres hijas y una tía. Quedan dos cuerpos por hallar y es posible que nunca los encuentren.
Cuentan los vecinos de Balaroa que la carretera de acceso al barrio era una cuesta pronunciada, algo difícil de imaginar ahora que queda una vía casi plana. El paisaje es desolador. Ni una de las 500 casas aguantó el golpe y los edificios han quedado sepultados.
En algunos casos se hundieron 10 metros bajo tierra al abrirse el suelo por la licuefacción. “Parecía una olla de sopa removiéndose”, describe el momento en que el terreno perdió toda consistencia Dirman Sandewar, de la Agencia de Rescate de Indonesia.
En Petobo, un pueblo cercano a Palu, ocurrió un fenómeno similar, con la diferencia de que allí el suelo se levantó de forma repentina formando una ola de barro que lo cubrió todo.
“Ni siquiera sabemos de dónde procede toda esta tierra”, dice Awal Hidayat, de 42 años y responsable logístico del operativo de la agencia de rescate en esa zona. Ha pasado una semana, pero el barro sigue blando.
“Son condiciones muy difíciles para trabajar, en algunas zonas incluso necesitamos cuerdas porque es algo similar a unas arenas movedizas”, explica Hidayat, sin querer estimar cuánta gente podría estar sepultada. “Harán falta años para que la zona se recupere del desastre”, se lamenta.
Las condiciones son difíciles en todas partes.
(Imagen superior en Palu: La mezquita flotante de Arkam Babu Rahman cayó al mar tras el terremoto y el tsunami. Foto: Hariandi Hafid /SOPA Images via ZUMA Wire / DPA)
https://suracapulco.mx/2018/10/05/agujero-en-la-tierra-se-traga-mil-viviendas-en-indonesia/


