
Octavio Klimek Alcaraz
Combatir el cambio climático es un desafío urgente. Aunque el comportamiento humano es, en última instancia, la causa del cambio climático, probablemente también forme parte de la solución. Abordarlo requiere acción colectiva para implementar medidas de mitigación climática. De hecho, las encuestas han encontrado un amplio apoyo a este tipo de acción climática entre la población mundial. Sin embargo, dado que combatir eficazmente el cambio climático requiere no solo cambios de comportamiento individual, sino también medidas estructurales –por ejemplo, impuestos al carbono– que deben ser implementadas por los responsables políticos, es crucial que estos midan con precisión el apoyo público existente a tales medidas.
Combatir el cambio climático requiere acción política. Sin embargo, que los políticos en países democráticos implementen acciones climáticas depende de su percepción sobre la disposición de los votantes a aceptarlas. Por ejemplo, los responsables políticos en Alemania están juzgando de manera muy equivocada a la población, al menos en lo que respecta a su voluntad de proteger el clima.
En dicho sentido, reciente-mente la revista alemana científica Spektrum der Wissenschaft publicó una entrevista sobre los resultados de un estudio sobre estas percepciones. Tiene un título sugerente que puede traducirse de la siguientye manera: “Yo sí, pero los demás…” (https://www.spektrum.de/news/klimaschutz-politiker-schaetzen-die-bevoelkerung-voellig-falsch-ein/2330723). Es una entrevista al sicólogo Dr. Wilhem Hofman, de la Universidad Ruhr de Bochum, Alemania, que reseña el estudio realizado por un grupo de investigadores encabezados por él mismo. En la entrevista, Hofman comenta que se invitó a más de 6 mil políticos alemanes de los niveles federal, estatal y regional, cuyas direcciones de correo electrónico eran públicas, a participar en una breve encuesta sobre Tendencias en la sociedad alemana. No se reveló de antemano que la encuesta se centraría en el cambio climático. La tasa de respuesta fue sorprendentemente alta: alrededor de una cuarta parte, lo que representa aproximadamente mil 599 políticos en funciones, incluidos varios miembros del Parlamento alemán. Sus percepciones sobre la disposición del público a apoyar la acción climática se compararon con la disposición real reportada en dos muestras representativas a nivel nacional de alrededor de mil alemanes cada una (ver estudio en: https://osf.io/preprints/osf/kav53_v4).
El estudio fue realizado tanto al público en general como a los políticos; en el caso de estos últimos, no interesaban sus opiniones, sino su valoración de la ciudadanía y si sus creencias sobre ella eran correctas. Los resultados muestran que los políticos subestimaron significativamente el nivel real de conocimiento público sobre el problema. La clave del estudio reside en la comparación directa entre sus percepciones y las respuestas de una muestra representativa de la población. Se observó el mismo efecto en dos de las tres medidas analizadas: tanto en la aceptación de impuestos más altos sobre productos que dañan el clima como en el apoyo a nuevas normas y leyes. La disposición del público a cumplir supera con creces las expectativas de los políticos. Sólo en medidas puramente informativas, como campañas de sensibilización pública, se observa una estrecha sintonía entre políticos y ciudadanos.
Una percepción precisa del apoyo público existente a la acción climática es crucial, ya que subestimarlo podría impedir a los políticos implementar políticas climáticas efectivas por miedo a perder respaldo electoral. De hecho, trabajos previos sugieren que el propio público también subestima el amplio apoyo a tales medidas. Esta percepción errónea se conoce como ignorancia pluralista: la creencia de que una opinión particular prevalece en un grupo cuando, en realidad, sus miembros no la sostienen en esa medida.
La ignorancia pluralista es un sesgo sociosicológico por el cual las personas subestiman enormemente el grado de apoyo que otras personas brindan a algo, como la protección del clima. En otras palabras, muchos individuos pueden estar dispuestos a actuar, pero asumen falsamente que los demás no lo están. El cuento de Hans Christian Andersen, El traje nuevo del emperador, ilustra bien este fenómeno: los aldeanos y cortesanos fingen admirar la ropa invisible del emperador por miedo a ser considerados incompetentes, mientras todos asumen que los demás sí la ven.
La ignorancia pluralista puede ser un obstáculo para la acción climática, porque la disposición de las personas a contribuir a un bien común como la protección climática depende de su estimación sobre la disposición de otros a contribuir también. Si esta percepción errónea también está presente entre los políticos, puede convertirse en una barrera aún más formidable, porque ellos tienen más poder y recursos para implementar políticas climáticas. Los políticos pueden percibir la opinión pública como menos favorable a la acción climática de lo que en realidad es, especialmente cuando están expuestos de manera desproporcionada a opiniones tradicionalistas, extremas o de grupos con mayor capacidad de presión.
El lema de la ignorancia pluralista podría ser: “Yo sí lo haría, ¿pero los demás..?”. Esto no sólo se aplica a los políticos, sino a todos: el público en general subestima sistemáticamente la cooperación de sus conciudadanos en materia de protección climática (https://www.spektrum.de/news/klimaschutz-politiker-schaetzen-die-bevoelkerung-voellig-falsch-ein/2330723).
Así lo mostró también un amplio estudio internacional realizado por científicos de las universidades de Bonn, Frankfurt y Copenhague, en el que fueron encuestados 130 mil personas de 125 países, entre ellos México Los resultados revelan un amplio apoyo a la acción climática. En particular, el 69 por ciento de la población mundial expresa su disposición a contribuir con el 1 por ciento de sus ingresos personales, el 86 por ciento respalda normas sociales a favor del clima y el 89 por ciento exige una mayor acción política. (Andre, P., Boneva, T., Chopra, F. et al., Globally representative evidence on the actual and perceived support for climate action, Nature Climate Change 14, 253–259 (2024), https://doi.org/10.1038/s41558-024-01925-3.) Sus resultados son refrendados por la encuesta poblacional del estudio del grupo del Dr. Hofman.
También se preguntó a los ciudadanos alemanes si estarían dispuestos a destinar el uno por ciento de sus ingresos familiares a la protección del clima. En este caso, el apoyo público también fue mucho mayor de lo que suponían los políticos: aproximadamente la mitad de los ciudadanos alemanes respondió afirmativamente, mientras que los políticos creían que solo uno de cada cinco estaría dispuesto a hacerlo. En estos resultados, los representantes de todos los partidos se equivocaron en su evaluación, tanto a nivel federal como estatal, regional y local. En cuanto a impuestos y regulaciones, todos subestimaron inicialmente el apoyo público; sin embargo, cuanto más a la derecha se situaban en el espectro político, mayor era la subestimación, aunque solo ligeramente. Esto fue más evidente en el caso de la extrema derecha, la AfD, que obtuvo sistemáticamente puntuaciones más bajas que todos los demás partidos.
En suma, en todos los partidos políticos sus representantes subestimaron la aceptación pública de impuestos y leyes, así como la disposición a contribuir con un uno por ciento de los ingresos para mitigar el cambio climático. Este efecto de ignorancia pluralista entre los políticos fue incluso más pronunciado que el observado en la población.
Pero ¿quién está más alejado de los hechos: los ciudadanos o los políticos? El estudio concluye que son los políticos: ellos subestiman el apoyo público a las medidas ambiciosas incluso más que los propios ciudadanos.
El estudio plantea dos posibles explicaciones. La primera es el silencio de la mayoría: quienes apoyan la protección del clima a menudo creen erróneamente que son minoría y, por ello, se expresan menos. Esta mayoría silenciosa puede ser aún menos perceptible en la política cotidiana. La segunda explicación es el ruido adicional del ámbito político: los políticos se enfrentan de manera desproporcionada a voces fuertes y organizadas, como grupos de presión y opositores particularmente activos a las políticas climáticas. Estas minorías ruidosas pueden influir en su percepción de lo que la población desea con más fuerza que la mayoría, mucho más numerosa pero más silenciosa.
La crisis climática también demuestra hasta qué punto el ejercicio descontrolado de las libertades individuales puede convertirse en una catástrofe para todos. En la investigación, esto se entiende como un dilema social: la estructura subyacente de muchos de los mayores problemas de nuestro tiempo, desde el cambio climático hasta el entorno alimentario insalubre y las redes sociales sin regulación. En la entrevista de Spektrum der Wissenschaft, el Dr. Hofman comenta que el economista Joseph Stiglitz capturó sucintamente la paradoja de su solución: al restringirnos en puntos cruciales mediante normas sensatas, a menudo no terminamos con menos libertad, sino con más libertad en general.
Las soluciones políticas verdaderamente efectivas, como los impuestos al carbono o las leyes de protección climática, deben intervenir más profundamente en la vida cotidiana y reorganizar ciertos comportamientos; pero precisamente por ello protegen bienes comunes que nos conciernen a todos y pueden generar un verdadero valor añadido. Si analizamos estas medidas desde la perspectiva de su objetivo –qué queremos lograr realmente–, se revelan como herramientas adecuadas para el problema que buscamos resolver. El hecho de que el argumento de la libertad, o la afirmación de que la población no quiere este tipo de medidas, todavía pueda usarse para obstaculizar políticas eficaces demuestra, dos cosas: primero, que las razones y visiones que subyacen a la acción gubernamental deben comunicarse mejor; y segundo, que los hallazgos de la ciencia del comportamiento deben integrarse con más solidez en la formulación de políticas.
La investigación demuestra, sobre todo, que no falta voluntad social; esta, sin duda, es mayor de lo que suponen tanto los políticos como la ciudadanía. Sobre esa base podemos construir juntos. En lugar de hacer eco de las preocupaciones de una minoría ruidosa que se opone a cualquier forma de acción climática, necesitamos comunicar eficazmente que la gran mayoría de las personas en todo el mundo están dispuestas a actuar contra el cambio climático y esperan que los gobiernos nacionales actúen realmente.


