11 julio,2026 5:10 am

Desmundialización y duelo

AMERIZAJE

 

Ana Cecilia Terrazas

Falta escasamente una semana para que termine el Mundial de Futbol 2026 y ya pasaron varios días desde que México jugó su último partido en este torneo. Lo más comentado en medios de comunicación, desde el lunes 6 de julio, fue la ingente necesidad de las y los mexicanos para encontrar un motivo homogéneo de celebración, alegría y fiesta. La cantidad de gente en modo júbilo y el ánimo de equipo nacional fue tan grande que tuvo que ser abordado por decenas de analistas y editorialistas tanto de deportes como de política u otras especialidades, en el país y fuera de éste.
El fenómeno del alboroto mexicano no es nada nuevo, pero sí, hoy en día, está aderezado de tecnología, redes, ocurrencias inmediatas y mayor posibilidad de participación “memística” o de asistencias a los nutridos “fan fest”.
La propensión a suspender el peso de la existencia fue esbozada en El perfil del hombre y la cultura en México por Samuel Ramos, quien advertía sobre nuestra tendencia histórica a la evasión como un mecanismo de defensa; un intento por construir un “simulacro de vida” que nos protegiera de una realidad hostil. Octavio Paz también retomó ese tema planteado por Ramos en El laberinto de la soledad, al aseverar que las fiestas populares “no son un simple divertimento” sino “una ruptura del tiempo lineal”.
Si el Mundial funcionó como el gran paréntesis o la magna y sagrada interrupción, el problema a desmenuzar es qué sigue, qué se hace ante el duelo de haber perdido un evento, suceso, ocasión, acción, texto o pretexto, que nos hizo, hacía o nos hace sentir verdaderamente felices, contentos, alegres, llenos de esas hormonas del bienestar llamadas endorfinas, dopaminas y más.
Este duelo mayúsculo, transversal, esta pérdida social de algo que nos hacía aparentemente muy bien y mucha falta, es real y está o estará ahí otro rato. Hasta ahora, lo mejor que se conoce para la administración y manejo de duelos es la tanatología y la psicoterapia, el psicoanálisis, la fisioterapia o la actividad física alternativa. Eso sí, para que los duelos transcurran, lo primero es reconocerlos y verlos de frente.
Para el filósofo Gilles Deleuze, “la potencia (que es energía vital en cantidades y no se emparenta con el poder) no radica en conservar un estado de gracia estático, sino en la capacidad que se tiene de afectar y de ser afectados, de experimentar líneas de fuga cuando el territorio conocido se desmorona”*. Cuando “la jugada” o las reglas del juego cambian, de forma intempestiva –en la geopolítica, en el ánimo de una nación o en la biología de nuestro propio cuerpo, como ocurre con algunas personas adultas mayores– lo que nos queda es hacernos cargo de la soberanía sobre cómo y hacia dónde nos movemos, cómo nos adaptamos y cómo decidimos habitar el escenario que se presenta, porque esa nueva realidad es estrictamente el campo de acción que resta.
Para el psicoanalista Jacques Lacan, el deseo humano está inherentemente ligado a la falta y el error de las sociedades contemporáneas que caen en el facilismo de creer que el bienestar es una línea recta, permanente. El final de la gran fiesta futbolística, al igual que el final de una etapa en el caso de los lutos personales, nos confronta con el vacío, con la pausa no buscada, con la interrupción molesta. Y, sin embargo –regresando a Lacan–, desde esa falta es donde el sujeto puede reposicionarse y crear algo nuevo. Por eso, quizás, hay que aprovechar los duelos no como estadios de parálisis pasiva, más bien como procesos activos de reinvención y recreación.
La sociología del trauma y las corrientes actuales de la psicoterapia coinciden en que las sociedades y los individuos no sanan olvidando el oasis perdido, lo hacen traduciéndolo, encontrando la metáfora necesaria para seguir. La interrupción de la alegría en masa nos obliga a un repliegue táctico. Si la catarsis mundialista demostró que somos capaces de articular una energía comunitaria desbordante, el desafío postmundialista pudiera consistir en asimilar el silbatazo como una mudanza de cancha.
A todas las naciones, al mundo en la actualidad, a las y los sujetos en lo individual y en lo colectivo, nos toca gestionar hoy la resaca de la desmundialización, intentando alcanzar una madurez mental, emocional, integral, en la que quepa esa sana potencia deleuziana para encarar lo que siga, lo que sigue, lo que ya empezó.

* https://archive.org/details/spinoza.-filosofia-practica-gilles-deleuze

@anterrazas