
Octavio Klimek Alcaraz
En todas las culturas y periodos históricos, las mujeres tienden a sobrevivir más que los hombres, un fenómeno que se ha persistido en casi todas las naciones a lo largo de los siglos. Según bases de datos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, las mujeres tienen, en promedio, una vida 5.4 años más larga que la de los hombres en todo el mundo hoy en día. Aunque en ciertos países la disparidad de género ha disminuido gracias a los progresos en la medicina y las condiciones de vida, estudios recientes sugieren razones por las que es poco probable que esta discrepancia se elimine en el corto plazo: las causas son profundamente enraizadas en la historia evolutiva y se pueden observar en diversas especies animales.
Un grupo de científicos liderado por expertos del citado Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, junto con colaboradores de diversas partes del mundo, ha llevado a cabo el estudio más completo hasta el momento sobre las variaciones de género en la duración de vida de mamíferos y aves. Los hallazgos publicados en la revista científica Science Advances el pasado 1 de octubre del 2025, ofrecen nuevas visiones sobre un antiguo misterio biológico: ¿Por qué hay diferencias en el envejecimiento entre hombres y mujeres? Se han identificado tres posibles explicaciones (Ver artículo en: Sexual selection drives sex difference in adult life expectancy across mammals and birds / Science Advances).
Longevidad: ¿un tema de cromosomas?
La primera explicación es la genética. En muchos mamíferos, como los babuinos y gorilas, las hembras tienden a vivir más que los machos. No obstante, este fenómeno no se da en todas las especies: en varias aves, insectos y reptiles, los machos tienen una mayor esperanza de vida. Una posible explicación genética para esta diferencia es la teoría del sexo heterogamético, que analiza las variaciones en los cromosomas sexuales. En los mamíferos, las hembras poseen dos cromosomas X, mientras que los machos cuentan con un cromosoma X y uno Y. Esto hace que las hembras sean consideradas el sexo heterogamético. Algunas investigaciones indican que tener un par de cromosomas X protege a las hembras de alteraciones genéticas perjudiciales, proporcionándoles así una ventaja en la supervivencia. Sin embargo, en las aves, este sistema se invierte: en este caso, son las hembras las que son el sexo heterogamético.
Mediante el uso de la base de datos de Species360 Sistema de Información de Gestión Zoológica (ZIMS, en inglés) se analizó la esperanza de vida adulta en 528 especies de mamíferos y 648 especies de aves en zoológicos, un total de mil 176 especies. Los investigadores identificaron una variación notable en la longevidad, lo que respalda la teoría del sexo heterogamético. De acuerdo con dicha teoría, en una gran mayoría de mamíferos (72 por ciento), las hembras tienen una mayor expectativa de vida, superando en 13 por ciento en promedio a la de los machos. No obstante, en la mayoría de las especies de aves (68 por ciento), los machos disfrutan de una mayor longevidad, superando en un 5 por ciento en promedio que las hembras. Sin embargo, también se notaron variaciones inesperadas y varias excepciones. “En ciertas especies, encontramos el patrón opuesto al anticipado”, señala la investigadora principal, Johanna Stärk en una comunicación de prensa del Instituto. “Por ejemplo, en varias aves de presa, las hembras son más grandes y viven más que los machos. Así, los cromosomas sexuales sólo pueden explicar en parte este fenómeno” (https://www.mpg.de/25472354/0926-evan-warum-frauen-laenger-leben-150495-x).
El papel de la competencia y el cuidado parental
No obstante, las variaciones en la esperanza de vida no pueden ser explicadas solamente por las diferencias en la composición genética. De acuerdo con el estudio, las condiciones de vida también tienen un impacto considerable: los machos que deben pelear por sus parejas o impresionar a las hembras con joyas ostentosas ven reducida su esperanza de vida en comparación con aquellos machos de especies que llevan vidas menos estresantes. Las especies que son monógamas tienen variaciones en la esperanza de vida, que son especialmente mínimas. Esta es la segunda causa que los científicos han determinado.
Así, las estrategias de apareamiento tienen impacto: En especies donde la competencia por pareja es intensa, como en casi todos los mamíferos, los machos fallecen antes. Los machos de las especies monógamas, como la mayoría de las aves, generalmente tienen una vida más larga.
Además de la herencia, también juegan un papel importante las estrategias de reproducción. A través de la elección de pareja, los machos, en especial, generan características atractivas, como plumas brillantes, defensas o un tamaño corporal considerable, que mejoran su éxito en la reproducción, aunque pueden reducir su longevidad. La investigación reciente apoya esta idea: En especies donde la competencia por pareja es intensa, como en casi todos los mamíferos, los machos fallecen antes. En mamíferos que practican la poligamia con intensa competencia, los machos tienden a morir antes que las hembras. Los machos de las especies monógamas, como la mayoría de las aves, generalmente tienen una vida más larga. Muchas aves son de pareja única, lo que disminuye la competencia y frecuentemente conduce a una mayor duración de vida en los machos. En términos generales, las disparidades fueron menores en las especies monógamas, mientras que la poligamia junto con marcadas diferencias de tamaño se vinculó a una ventaja más clara para las hembras.
En tercer lugar, de acuerdo con los datos, la esperanza de vida es más alta en el sexo que invierte más esfuerzo en cuidar a sus crías (típicamente, las hembras en los mamíferos). Esto podría ser el resultado de la adaptación evolutiva: en los primates, que son longevos, una vida más larga podría mejorar indirectamente el éxito reproductivo.
Los científicos encontraron pruebas de que el género que se dedica más a la crianza de la descendencia –en los mamíferos, generalmente son las hembras– tiende a tener una vida más larga. En especies que viven por mucho tiempo, como los primates, puede haber una ventaja evolutiva: las hembras siguen vivas hasta que sus crías se vuelven autosuficientes o alcanzan la madurez reproductiva.
Las desigualdades de género continúan en los zoológicos
Toda la información acerca de las especies animales investigadas se extrae de la citada base de datos ZIMS que contiene datos sobre animales que habitan en zoológicos. Gracias a estos datos, los investigadores lograron eliminar, en la medida de lo posible, los factores externos que influyeron en la esperanza de vida real. Todo indica que factores tanto genéticos como ambientales influyen en las diferencias observadas en la esperanza de vida. Factores ambientales, como la presencia de depredadores, enfermedades o condiciones meteorológicas extremas, pueden ser responsables de las diferencias de género. Así, en las poblaciones silvestres, las disparidades de género son más marcadas que en las de zoológicos.
Los hallazgos en zoológicos mostraron que las variaciones en la longevidad se mantuvieron, aunque con menor intensidad que en las comunidades salvajes. Así como en los seres humanos, la mejora en la calidad de vida y el acceso a recursos ayudan a disminuir la disparidad entre los sexos, pero no la eliminan por completo. Que las hembras, en términos generales, tuvieran una vida más larga que los machos (aunque no tanto como en la naturaleza) evidencia que las disparidades en la esperanza de vida están profundamente arraigadas en los procesos evolutivos y persisten incluso cuando ambos sexos tienen las mayores posibilidades de supervivencia.
Los resultados son evidentes: las disparidades en la esperanza de vida según el género están firmemente integradas en la evolución. Es probable que se originan de la combinación de componentes genéticos y del entorno, y fueron moldeadas por presiones selectivas para garantizar la elección de pareja y la supervivencia de la descendencia. Así, las variaciones de género no son únicamente resultado del contexto, sino que son parte de nuestra trayectoria evolutiva y es muy probable que continúen en el futuro.


