
Chilpancingo, Guerrero, a 1 de noviembre de 2025.- En medio de melgas guindas, amarillas y blancas, Luis Castrejón García celebra la buena temporada que tuvieron este año con la venta de flores de terciopelo, cempaxúchitl y nube: “Aunque sea poquito, para ir viviendo, pero sí, este año va saliendo bien la venta”, dice el floricultor, mientras carga en brazos un manojo de terciopelo en el valle de Tixtla.
Metros atrás, su mujer, María de Jesús, negocia la venta de los manojos de cempaxúchitl, a la orilla del camino que lleva a la angosta carretera por la que los clientes llegan de distintas partes del estado a comprar las flores de la temporada, que en estos días de muertos adornarán las ofrendas y los altares.
“Hasta ahorita ahí van las ventas, ya están llegando los días grandes y los estamos aprovechando, porque lo que ya no se vendió estos días se queda”, dice el hombre de unos 50 años de edad.
“Esto así es, hay que aprovechar el momento. Estos días grandes son las fechas que aprovechamos, da un poquito de trabajo, pero se ve el dinerito junto y es lo que nos va ayudando para mantener a la familia”, dice el campesino, quien apenas siembra una extensión de 30 metros por 50, que es la extensión de su pequeña propiedad.
Don Luis es uno de los cerca de 50 campesinos que una vez por año se dedica a la siembra de flores de terciopelo, cempaxúchitl y nube, que se vende en esta temporada de Día de Muertos en el país.
“Lo que siembro es chico, es de humedad o de temporal, como le decimos nosotros. En el tiempo de secas, como ahora que estuvieron bien las lluvias, la volvemos a sembrar de maíz o jícama, porque habrá agua para regarla”.
El campesino vende entre 130 a 140 el manojo de flores de terciopelo o de cempaxúchitl y dice que este año, “bendito sea Dios está saliendo toda, aunque ahorita todavía tenemos, pero hoy apenas es viernes y el sábado y domingo son los días que seguiremos vendiendo”, cuenta orgulloso, mientras con la palma de la mano derecha acaricia las bolas de la flor de terciopelo que lleva en manojos en los brazos.
Dice que las ventas fuertes empiezan desde el 28 de octubre hasta el 2 de noviembre, y a partir de ese día, lo que ya no se vendió se queda en las melgas y tienen que cortarla para volver a aprovechar la tierra que siembran de otros productos.
El campesino refiere que los mayoristas llegan a comprarle de Mochitlán, Chilapa, Acapulco, Tierra Colorada y hasta de Morelos.
Los compradores vienen al valle a comprarles a los productores para después revender el producto en los mercados de las distintas ciudades de donde vienen, a precios que, muchas veces, duplican lo que le pagan al productor.
Luis reconoce que los productores no tienen un precio fijo, “conforme se va dejando la gente, a veces lo damos a 120, a 140 o 150, conforme se va dejando, porque luego nos dicen: allá, atrás, me la ofrecieron más barata, y entonces les decimos, pues llévesela pues”.
Refiere que no existe una organización de productores para ponerse de acuerdo en un precio fijo que respeten todos, “no, aquí la vendemos conforme se va dejando la gente. Nosotros les decimos cuesta tanto y ellos nos responden, no, se la pago a tanto y ya si vemos que nos conviene les decimos llévesela, pues, así es esto de la vendimia, somos flexibles para que salga el producto”.
En el valle de Tixtla, que se extiende frente a las instalaciones de la normal rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, al sur de la cabecera municipal, hay dos unidades de riego, la que se conoce como la Unidad de Riego del Balneario y la Unidad de Riego de la Presa.
Sin embargo, todos los productores siembran, producen y venden de manera independiente, sin una agrupación que determine los precios y los días de venta. Tampoco están organizados para solicitar apoyos al gobierno estatal para mejorar e incrementar la producción o para la comercialización de su producto.
La mujer de Luis, María de Jesús, reconoce que este año, “gracias a Dios ha estado entrando (al valle) gente, y si, se está vendiendo el terciopelo, la cempaxúchitl y hasta la jícama y la calabaza que también se venden en esta temporada para adornar las ofrendas de Día de Muertos”.
María de Jesús cuenta que a su cliente con la que minutos antes hizo trato, le vendió a 140 un manojo de terciopelo y otro de cempaxúchitl, “se lo dimos igual”, dice señalando con el índice el montón de manojos que yacen cortados a la orilla de la melga, en espera de clientes.
Dice que el precio es el mismo del año pasado y que por lo regular ya tienen sus clientes, que vienen de distintas ciudades del estado, “por lo regular ya nos conocen y saben que les damos buen precio y vienen a buscarnos, cada quien ya tiene sus clientes. No hay problema de competencia aquí, sabemos que si un día no nos fue bien, al día siguiente será diferente”.
Unos metros adelante Arcadio Flores, otro de los productores, descansa bajo la sombra de un mango después su jornada de corte de cempaxúchitl. Dice que este viernes se levantó a las 4 de la mañana para tener la flor lista para sus clientes en el transcurso de la mañana. A las 9 ha concluido su jornada y se dispone a desayunar una coca con pan.
“Vamos bien, la ventas van saliendo. Les damos buen precio a nuestros clientes sobre todo los que vienen de fuera, piensa uno: ‘vienen de fuera, a luchar como uno’, así es que no se les puede dar un precio alto, porque uno considera que también tienen que ganarle un pesito más”.
Refiere que el precio es variado; “unos (productores) ponen un precio y otros otro, uno lo que quiere es sacar la cosecha para que la tierra se escombre y se pueda sembrar de otra plantita, y así nos la llevamos todo el año”.
En su caso, platica que el año pasado venció a 120 la docena de terciopelo y de cempaxúchitl, y este año a 130 y hasta 140, pero dice que no todos tienen el mismo precio, “en mi caso lo que quiero es sacar el producto, por eso el precio es variado y flexible”.
Don Arcadio es un hombre de unos 60 años de edad y declara que toda su vida se ha dedicado a la siembra de flor, “desde que estaba niño dejé de estudiar para dedicarme a esto”, dice mientras con si índice señala su tierra de labor, en la que resalta el guinda de la flor de terciopelo y el amarillo de la cempaxúchitl.
Refiere que nunca, desde desde pequeño, ha sabido que el gobierno les haya apoyado ya sea para mejorar y aumentar la producción o para comercializar su producto, “nosotros nos la vemos solitos, ya ve que al que siembra maíz, por lo menos le regalan fertilizante, pero nosotros no. En mi caso, yo pienso que así estoy bien, para no deberle favores a nadie”.
Otro de los productores, Melitón González, quien siembra hasta el fondo del extenso valle, coincide con todos los productores, en lo referente a que este fue uno de los mejores años para la venta.
Comenta que él solo siembra terciopelo y cempaxúchitl, que el proceso de siembra comienza en julio, es decir, son tres meses del cultivo, desde que siembran el pachole hasta que brota la flor.
El proceso comienza con la preparación de la tierra, la siembra del pachole, el trasplante, fertilizar y fumigar, “es lo que va requiriendo la planta”.
Comenta que no ha hecho la cuenta de cuánto es lo que le invierte, “porque a veces compramos una medicina y a veces un insecticida. Nunca anoto lo que me voy gastando”.
Igual, refiere, que no hace la cuenta de cuanto es lo que le gana, “casi ahí va dando, es poco lo que va quedando, muchos platican que sí le sacan, pero no es cierto, queda algo de ganancia nomás, pero no diga usted que es para enriquecernos, solamente es para ir sacado adelante a la familia”.
Agrega: “A la planta hay que tratarla bien, porque siente, cuando se le trata con cariño crece grande y bonita, por eso nos tiene que gustar lo que hacemos, para que se logre una buena cosecha”, dice mientras acaricia una de las flores más grandes de terciopelo, que extrajo de uno de los manojos amontonados a la orilla de su melga.
“Mire, véala usted, ¿a poco no está rebosante? La planta siente cuando uno la acaricia”, insiste.
Cuenta que hace tres años sí le fue mal, debido a que hizo falta agua y le cayó la plaga a sus tres melgas que sembró, “pero ahora más o menos nos fue bien. Es cuestión de atender bien a la plantita, como le acabo de decir”.
Texto: Zacarías Cervantes / Foto: Jesús Eduardo Guerrero


