21 abril,2026 8:44 am

El viaje a México que transformó el arte basado en lo indígena de la bailarina Martha Graham

A propósito del centenario de su compañía, se destaca cómo la beca Guggenheim de 1932 permitió a la coreógrafa estudiar las danzas rituales que marcan un giro definitivo hacia la búsqueda de la necesidad humana básica en su obra

Ciudad de México, 21 de abril de 2026. En 1932, Martha Graham (1894-1991) ganó una beca Guggenheim para viajar a México a fin de estudiar las danzas rituales indígenas. Se había interesado por esos años en las prácticas ceremoniales de los pueblos del suroeste de los Estados Unidos.

Lo que vio, cambió su vida y su arte: expresiones surgidas de la necesidad humana, la fertilidad, el clima, la comida y la religión.

“Durante el resto de su carrera, Martha Graham buscó crear obras que tuvieran esa clase de necesidad humana básica”, asegura en entrevista Janet Eilber, directora artística desde 21 años de la Compañía de Danza Martha Graham, que este mes cumple su centenario.

Ante el aniversario, la agrupación vendrá al Palacio de Bellas Artes para presentar un programa conmemorativo: Martha Graham 100 años, La danza que transformó el siglo XX, y abrirá con Dark Meadow (1946), cuya música fue comisionada al mexicano Carlos Chávez.

Aunque la pieza es abstracta y modernista, Eilber recalca cómo está moldeada por lo que vio la coreógrafa en aquel viaje en el que, según le dijo al crítico Alberto Dallal en 1981, no pudo ver danza, pero encontró “la tierra, la gente y la arquitectura”.

“(En) las formaciones de los bailarines, en la manera en que usan el cuerpo, en los golpes contra el piso, se reconoce esta inspiración en los rituales que vio en México y en el suroeste de Estados Unidos”, detalla.

La obra iba a estrenarse junto a Appalachian Spring en 1944, sin embargo, Chávez no pudo entregar la partitura a tiempo, y, cuando al fin lo hizo, no convenció mucho a Graham. Era un encargo para una obra sobre Medea, la hechicera griega que asesinó a sus propios hijos.

“Cuando escuchó la música, dijo: ‘No puedo hacer Medea con esto. No es suficientemente dramática’”, recuerda Eilber. “Y la dejó a un lado”.

Pero tiempo después, al retomar la partitura, crearía una “pieza hermosa, sicológica”.

“En la música de Chávez escuchas la amplitud del espacio de nuestros países”, añade. “Y nada inspiró más a Martha Graham que esa clase de relación con el lugar donde estamos”.

En este nuevo regreso a México de la compañía centenaria, ofrecerán también Lamentation (1930), un solo de 4 minutos; pieza icónica de la “Madre de la Danza Moderna”, donde la bailarina permanece sentada en una banca, envuelta en una tela morada; sus brazos y piernas no se ven; casi no se mueve.

“Surgió cuando Martha buscaba una forma de movimiento capaz de capturar la emoción humana. Con Lamentation, lo consiguió. Puedes imaginar al público que llegaba a ver danza y veía sentada a la bailarina durante todo el solo… Quedaba asombrado”, comparte Eilber.

Más que una evocación escultórica del duelo, ataja, con esta pieza anunció al mundo que “el modernismo había llegado a la danza estadunidense”.

La propia Eilber interpretó Lamentation, dirigida por Graham. Aquejada por una artritis severa, dirigía sentada. Usó imágenes muy potentes para guiar su interpretación.

“Cuando te meces hacia un lado y miras hacia abajo, es como si estuvieras mirando la tumba de tu hijo”, le decía Graham.

“No es una interpretación intelectual. Es una interpretación profundamente visceral, animal. Martha usaba sonidos de pena y tristeza para ayudarme a ir más profundo”, explica, y recrea en la entrevista los gemidos de dolor.

Graham rompió con un estilo que era “de fantasía, de evasión, de cisnes, flores y realeza de reinos imaginarios” para colocar en escena la experiencia humana.

“Ella, entre las Guerras Mundiales, quiso expresar emociones humanas reales y la verdadera lucha del ser humano. Eso cambió la danza para siempre”, define Eilber.

En la parte final del programa, se presentará también una de sus obras maestras: Chronicle (1936), una pieza de protesta creada el mismo año en que la artista rechazó una invitación de la Alemania nazi para presentarse en los Olímpicos de Berlín.

“En la década de 1930 había solo mujeres en la compañía. Es la danza de un ejército de mujeres que sale a hacer una declaración radical. Es casi una respuesta al ascenso del fascismo”, expresa Eilber.

Y después vendrá una obra contemporánea de la compañía, We the People (2024), del coreógrafo Jamar Roberts y con música de Rhiannon Giddens, “muy bluegrass, country y americana”. Una pieza sobre la protesta social y la necesidad de hacer comunidad para lograr un cambio.

“Jamar es como el bisnieto artístico de Martha. Ella ponía seres humanos en el escenario para hablar de la condición humana.

Erika P. Bucio / Agencia Reforma