
AMERIZAJE
Ana Cecilia Terrazas
El pasado 21 de julio se celebró el Día Mundial del Perro. Con éste se intenta visibilizar la alta tasa de abandono de especies caninas, procurando también fomentar la adopción responsable, el reconocimiento de la labor de los perros para las sociedades humanas y la relevancia del cuidado de sus vidas como termómetro de cuánto procuramos “la vida”, en general, sin compartimentos, especismos, jerarquías ni divisiones.
La efeméride surgió en 2004 ante la unión de organizaciones civiles y activistas independientes que notaron que, en el hemisferio norte, históricamente, había picos en las estadísticas de abandono de mascotas en la vía pública durante todos los veranos. A este movimiento, un tanto independiente, se le unieron los tres gigantes en el ramo: la Human Society International (HSI), de la cual forma parte México; PETA (que en inglés significa People for the Ethical Treatment of Animals), la cual refuerza el mensaje de que es mejor “adoptar que comprar”, y la World Animal Protection. La propia Organización de las Naciones Unidas reconoce el valor de los animales fundamentalmente insistiendo en que la salud del planeta y de la humanidad es una sola, no puede desconectarse la salud animal de la vegetal o de la humana.
En una revisión exprés respecto de la evolución de los perros como hoy los conocemos, se ha estudiado que la domesticación del lobo y su transición a perro (Canis lupus familiaris) ocurrió hace 15 o 30 mil años y es la única especie criada específicamente para convivir y ser útil a los seres humanos; en un principio, en la caza, el pastoreo y la vigilancia territorial.
Lo cierto es que, desde hace ya quizá medio siglo, se ha reconocido el rol social del perro como ser vivo, sintiente e individuo animal, con la cualidad inigualable de ser gran compañía afectiva para cualquier integrante o para todo el núcleo del universo familiar.
Investigaciones neurocientíficas y psicológicas, de medicina geriátrica inclusive, confirman que la interacción entre humanos y perros estimula la segregación de oxitocina, serotonina y dopamina en ambos organismos. Ese contacto físico y visual reduce significativamente los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés. Esto significa que la presencia de un perro en un hogar se vincula a la disminución del aislamiento social, la depresión y la soledad.
En México, las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) señalan que más de 60 por ciento de los hogares cuenta con al menos una mascota, siendo los perros la especie predominante. Paralelamente, el marco legal ha evolucionado con leyes de bienestar animal que tipifican el maltrato como delito y promueven la tutela responsable. El fenómeno ha impulsado la adaptación de espacios urbanos, transportes y servicios dedicados a la integración de los perros en la vida cotidiana.
Las redes sociodigitales están repletas de historias para atrapar la atención que tienen que ver con perros, consolidándose ya algunos “personajes” entrañables de la mediósfera, como los del show de thebigbarkboys o los de wearegoodpets en Instagram. En México se han hecho petfluencers también Zadrigman y decenas de programas de radio, televisión y podcasts. El éxito masivo se debe, sin duda, a la empatía que pueden generar los perros con los humanos.
Para muestra, hace algunos días, el conductor de televisión Pedro Sola expresó apasionadamente su molestia por el aumento de la presencia de mascotas en espacios públicos y comerciales, lo que generó una oleada de reacciones adversas de las audiencias, de patrocinadores y hasta tuvo denuncias formales ante la Fiscalía de la Ciudad de México. La controversia obligó al presentador a emitir una disculpa pública en la que reconoció abiertamente que desconocía la importancia afectiva y el rol central que los perros desempeñan actualmente en las familias.
El Día Mundial del Perro trata, en el fondo y en la forma, sobre la esperanza de que la humanidad cuide aquello-otro-vivo y valore, de paso, el afecto sin condiciones y a los seres más vulnerables o aparentemente menos privilegiados. Detrás de esta efeméride está la urgencia de los seres humanos para generar más empatía con la vida y así, quizá, desacelerar un poco nuestra propia muerte como especie.


