
AMERIZAJE
Ana Cecilia Terrazas
La no igualdad entre mujeres y hombres que, en la práctica, en las creencias y en la realidad ha durado siglos y siglos, permeando a todo tipo de sociedades y naciones, no supera la lógica más elemental ni la razón o el sentido común. Tampoco está acorde con la fundamentación académica, científica o la evidencia orgánica de ningún tipo. No obstante, decenas de miles de personas siguen considerando al hombre como superior a la mujer en lo que se ha llamado el pensamiento y modo patriarcal, por más que les confronte el concepto.
El tema se pone de manifiesto ya que, hace algunas semanas, la multimillonaria organización Turning Point –y otras agrupaciones que le copiaron–, la cual difunde valores conservadores en universidades, institutos y colegios, radicalizó aún más su discurso, impugnando directamente los cimientos de la democracia moderna en los que se asienta el voto para las mujeres.
Esa organización fue fundada en 2012 por el comentarista conservador Charlie Kirk, con más de 600 secciones en universidades e institutos por todo Estados Unidos. Se presenta como “centrada en la libertad, el libre mercado y un gobierno limitado”, aunque acapara la mayor atención cuando se trata de temas como el aborto, las vacunas y los derechos de las diversidades. Erika Kirk, viuda del comentarista que fue asesinado el año pasado, es la actual directora ejecutiva y presidenta de la organización. En el marco de la convención mencionada, que tuvo lugar en San Antonio, Texas, con cerca de 3 mil asistentes, varias participantes defendieron el llamado “voto por hogar”, una insólita iniciativa que sugiere que el sufragio sea ejercido por sólo un representante de la familia en lugar de que cada integrante vote individualmente y, desde luego, ese representante tendría que ser hombre. Las propuestas, por absurdas que parecieran, han cobrado vuelo y los datos numéricos de sus seguidores son escalofriantes.
Turning Point cuenta con más de 3.5 millones de seguidores en Instagram y más de 2 millones en plataformas como X y TikTok. Cada fragmento de video donde Kirk o sus colaboradoras cuestionan el feminismo o la Decimonovena Enmienda –de la Constitución de Estados Unidos, en donde se aprobó desde 1920 el voto femenino–, alcanza regularmente entre 500 mil y 2 millones de reproducciones en cuestión de días. Erika Kirk se presenta en centenares de campus de preparatorias y universidades en todo Estados Unidos y los congresos, como el de mujeres jóvenes líderes, logran reunir a más de 10 mil asistentes por evento, con boletos agotados meses antes.
La propuesta del “voto por hogar” (household voting) consiste en regresar al modelo presufragista del siglo XIX, según el cual cada familia tiene derecho a un solo voto en las urnas y debe ser emitido por el “jefe de familia”. Es un retroceso difícil de creer.
Una de las feministas más respetables y conocedoras de la historiografía sobre este tema, Gerda Lerner, ya lo advertía al prevenir que el patriarcado intentaría “que las propias mujeres internalizaran y defendieran su subordinación, disfrazando el cautiverio político como una elección de estilo de vida glamorosa”.
De alguna manera, Turning Point es un brazo armado del colectivo electoral joven –de los años 2000 para acá o generación Z– que mantiene el gobierno actual en el país del norte. Tal vez la descolocación de la igualdad en las mujeres muy jóvenes llega a hacerles creer que no tener derechos políticos ni obligaciones financieras es sinónimo de “paz, protección y cuidado masculino”. Por lo pronto, estos movimientos convergen con los de TradWife (esposas tradicionales) y la ola terrorífica de la manósfera, a la que pertenecen millones de adolescentes y hombres jóvenes que resienten los avances del feminismo contemporáneo.
¿En dónde quedan la lucha sufragista mundial, la muerte de Emmeline Pankhurst, la Convención de Seneca Falls en 1848 en Nueva York? ¿Querrán de verdad estas jóvenes seguidoras de Kirk que, con todas las de la ley, el Estado o los hombres (padres, hermanos, novios, esposos, tíos, líderes religiosos, gobernantes, políticos o los propios abusadores de ese género cuando sea el caso) decidan sobre su vida, su destino y su cuerpo? O es solamente un caso más de los anacronismos autoritarios y retrocesos democráticos que hallan eco en la desmemoria juvenil de quien siempre tuvo la igualdad a la mano.


