24 noviembre,2022 5:04 am

El Festival de la Nao ¿es realmente necesario?

Javier Reyes Martínez

 

Recientemente, en el estado de Chihuahua, se estrenó el espectáculo La Golondrina y su Príncipe, que se ha vuelto un hito en la cultura nacional, no tanto por su importancia histórica o artística, sino por el controvertido e ineficiente uso de recursos públicos: tan sólo 35 millones de pesos destinados para este fin. Ejemplos de tal tipo de dispendios en el país no son, desafortunadamente, una novedad, y dejan entrever una política cultural rica en retórica, pero pobre en sus alcances sociales y culturales. Y no es que la inversión en cultura sea en sí misma un derroche, pues se ha mostrado en la literatura especializada, los innumerables beneficios de las artes y la cultura en la salud física y mental y la cohesión social. Sin embargo, es imposible justificar tales inversiones con las condiciones actuales del sector cultural en México.

Siendo acapulqueño, un caso digno de revisar es el del Festival Internacional La Nao, descrito en su página de Facebook como “una fiesta cultural que fortalece los vínculos con los países”. Durante 2022, La Nao, costó alrededor de 7 millones de pesos (si no más), lo que representa el 40 por ciento del presupuesto anual destinado a la Dirección de Cultura municipal, en un evento que dura entre cinco y siete días. Tal situación resulta ofensiva y obscena si consideramos que el municipio (a) no cuenta con infraestructura cultural propia (p. ej. galerías, teatros), (b) no tiene un programa claro ni consolidado de formación artística ni de públicos, (c) ni tampoco genera programas para la dignificación de los artistas y el cumplimiento de sus derechos sociales.

Por supuesto, existen una serie de opiniones que las autoridades relacionadas se han empeñado en repetir, pero que a todas luces no están basadas en evidencia. Por ejemplo, se ha dicho que “estos festivales benefician a los artistas locales”, lo que resulta falaz, pues la mayor parte de los egresos de dichas actividades suelen otorgarse a los grandes espectáculos (foráneos) y no a los artistas locales. También hay que recordar que los empleos generados durante festivales y espectáculos similares son una forma de subempleo, eventuales e informales, lo que precariza la de por sí complicada situación de los artistas. Sobre esto, se ha planteado la idea de que no existe talento local lo suficientemente preparado para sostener un evento de dicha naturaleza, pero ¿cómo tendremos talento local de calidad si desde el gobierno municipal y estatal no se han generado las condiciones ni las políticas para la formación y empleo digno de artistas?

De igual manera se “argumenta” que el Festival Internacional La Nao (y otros) sirven para generar una derrama económica a través del turismo, aunque ciertamente, no se aportan datos que sustenten tales supuestos. Asimismo, se puede notar que La Nao sólo se ejecuta en ciertas zonas de interés político (de ahí que se visiten ciertos distritos electorales), excluyendo a un sinfín de poblaciones de la localidad, particularmente aquellas que de por sí están excluidas. Por último, y no menos importante, se alega que algunos de los espectáculos presentados son de alta calidad, con artistas internacionales de gran talla. Sin embargo, y fuera de estas presentaciones, se soslaya la oportunidad de presentar otras miradas del arte más allá de aquellas que folclorizan, exoticizan o turistifican el patrimonio cultural o las expresiones culturales (tal como ocurrió con los voladores de Papantla).

Lo anterior lleva a reflexionar sobre la pertinencia y necesidad del Festival Internacional La Nao. Preguntas centrales en esta discusión serían ¿A quién está dirigido el festival? ¿Qué utilidad económica, social y artística tiene? ¿Cuál es el costo de oportunidad? Es decir ¿Podrían distribuirse o utilizarse los mismos recursos de mejor forma en otras áreas del sector cultural?

No es forzoso que el Festival Internacional La Nao desaparezca, pero sí es necesario evaluar su pertinencia y relevancia a fin de acotarlo a los recursos locales y las necesidades en cultura de públicos y artistas. La cultura es un derecho humano, y el acceso a los servicios culturales deben estar garantizados por los diferentes niveles de gobierno. No hacerlo, constituye una violación a los derechos culturales de los acapulqueños. En otras palabras, el uso confuso e irreflexivo de los recursos públicos del sector cultural apuntan a una omisión, y finalmente, a un incumplimiento o subejercicio de los derechos culturales. Es indispensable pasar de una política cultural centrada en los festivales y el folclor (es decir, la inmediatez), a una con acciones y efectos permanentes, que mejoren tanto el acceso a la cultura de todos los grupos de población (en especial de aquellos más vulnerables), y que genere mejores condiciones laborales para los artistas. Lo contrario, muestra sólo un interés político, y esconde, en el fondo, un menosprecio por los derechos culturales.

 

* Investigador post doctoral del Seminario Permanente de Desigualdad Socio-económica de El Colegio de México