27 diciembre,2025 8:51 am

El merequetengue nacido en la Costa Chica de Guerrero conquista otras regiones de México

Es música pensada para “comenzar el desorden”, bromea Héctor Medel, líder del grupo Nemesys Los Reyes, hoy muy solicitado en diversos puntos del país. No se toca igual que otros sones costeños y siempre lleva a la gente al desenfreno, afirma aparte el investigador Ángel Yasser, quien estudia al merequetengue como un género completo: tiene lógica interna, formas específicas de ejecución, patrones rítmicos reconocibles y una función social clara: “ya forma parte de nuestra identidad, ya nos identifica como costachiquenses”

El Sur / Ciudad de México, 27 de diciembre de 2025. Apenas suenan el bombo, el pandero y el saxofón, las multitudes bailan y sudan al ritmo del pegajoso merequetengue, ya sea en fiestas patronales o eventos sociales de la Costa Chica de Guerrero, donde este género musical oriundo de la región levanta el ánimo de niñas, niños, jóvenes y mayores: ha estado ahí por décadas y hoy vive su mejor momento.

Para quienes habitan en otras partes del país, podría parecer sólo un baile alegre, rápido y juguetón que sacude hasta al más serio, pero para la Costa Chica es ya una forma de identidad y comunidad, con canciones que son himnos de celebración de la vida y de lo cotidiano.

En la actualidad pocos intérpretes han llevado tan lejos el sonido contagioso del merequetengue como Héctor Manuel Medel Morga, de 40 años y líder del grupo Nemesys Los Reyes, una banda fundada en 2012 que se ha consolidado como una de las referentes del género. Originarios de Ometepec. Él y sus compañeros del grupo se han encargado de que el merequetengue ya suene con fuerza fuera de Guerrero, como en los estados a donde han acudido a tocar: Morelos, Estado de México, Ciudad de México, Baja California, Baja California Sur, Jalisco y Quintana Roo.

Héctor creció rodeado de instrumentos, porque su padre era músico. Comenzó a tocar desde niño, primero en la agrupación familiar Pantera Show, donde convivió con corridos, música costeña tradicional y los primeros merequetengues clásicos.

Desde entonces se dio cuenta de que, aunque un grupo toque corridos o lo que sea, si se va a presentar en la Costa Chica tiene que enfiestar con merequetengue, si no, ya no regresa.

Por eso, cuando se independizó y dio forma a su proyecto profesional, Héctor colocó a este ritmo costeño en el centro de su propuesta artística. Si bien es un grupo versátil –que toca cumbia, charangas, corridos, chilenas y boleros–, el merequetengue ha sido desde el inicio la columna vertebral de Nemesys.

Al principio, el grupo interpretaba temas populares del género –como los de la veterana banda Mar Azul–, conocidos por ser contagiosos, alegres y muy bailables. Después sus integrantes comenzaron a componer un repertorio musical propio y a experimentar con distintas sonoridades.

Para Héctor, el merequetengue posee un poder inmediato: “El sonido tiene impacto desde la primera nota”, dice. El bombo acelera el latido y el cuerpo entra en movimiento casi sin que uno lo perciba. La cabeza se balancea, un pie marca el ritmo y de pronto el baile se desata.

Ese efecto es lo que hace que la gente lo pida una y otra vez en fiestas, ferias y bodas de todos los pueblos. Cuando un tema se pone de moda, se pide por su nombre: La boda negra, El negrito puchungo y feo, El gavilán colorado. Es música pensada para “comenzar el desorden”, como dice Héctor entre risas.

Chilenas merequetenguiadas, sonido reguetoneado

La historia del merequetengue y su impacto en la Costa Chica en particular, y en Guerrero en general, se entiende más cuando descubrimos que su origen se encuentra en la música tropical colombiana que llegó a México en los sesenta y setenta, explica el músico e investigador Ángel Yasser, uno de los mayores especialistas en musica tradicional en el estado.

Ángel Yasser es becario del programa Músicos Tradicionales Mexicanos 2025 del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales de la Secretaría de Cultura federal. Autor del proyecto Entre el viento y el tambor: Descubriendo el merequetengue de la Costa Chica, cuenta que los sonidos extranjeros que llegaron a la Costa Chica se fusionaron con los ritmos nativos y así nació el merequetengue, el cual no es una moda, “ya es parte del movimiento natural de las culturas vivas”.

Tocado en compás de 6/8, el merequetengue, abunda el especialista, no se originó como tal entre las poblaciones negras, pero sí lo retomaron porque les significaba un ritmo lleno de alegría y vida.

“Actualmente, en las fiestas se toca más merequetengue que chilena. Es un ritmo más rápido que la chilena y la va desplazando un poquito en cuanto a la cantidad de veces que se toca en una fiesta. Es más: hay chilenas como merequetenguiadas, por decirlo así”, expone Ángel Yasser.

Las letras del merequetengue también juegan un papel muy relevante. Suelen hablar de la vida costeña, la cultura negra, el territorio, la cotidianidad. Sin embargo, en los últimos años, el género ha comenzado a transformarse. Héctor y su banda Nemesys Los Reyes fueron de los primeros en empujar ese cambio, sobre todo con su canción Acelera, que se volvió viral en TikTok y que incorporó elementos del rap: rimas rápidas, fluidas y agresivas, montadas sobre el compás tradicional de 6/8.

Aunque muchos describen este sonido “como reguetoneado”, en realidad es un rapeo que respeta la métrica del merequetengue, explica Héctor.

A esta innovación se sumaron sintetizadores y otros elementos electrónicos que hicieron el ritmo más “atascado”, más potente y atractivo para las nuevas generaciones. La juventud lo adoptó de inmediato, al grado de que otros músicos empezaron a imitar la fórmula.

Regularmente, la gente que baila “más sabroso” el merequetengue es la que conforma las poblaciones afrodescendientes, agrega. “Nosotros lo vamos adaptando, fusionando con otros sonidos. Vamos tratando de hacer nuevas creaciones. A lo que regularmente se hacía con acordeón y tarola, ahorita nosotros le metimos batería, sintetizador, pisadores, trompetas. Creamos otros sonidos que causan más impacto, por lo menos que son un poco diferentes”.

Pero, insiste Héctor, la esencia no se pierde. El ritmo sigue siendo el mismo. Cambian el topping y las letras, que se transforman como se transforma toda música viva. Pero la base –el latido costeño, el impulso rítmico, la vibra comunitaria– permanece intacta.

El merequetengue va más allá del rap en Guerrero

Con frecuencia se piensa que el merequetengue es “solo un ritmo” o un derivado dentro del amplio espectro musical del estado. Ángel Yasser afirma que es un género completo: tiene lógica interna, formas específicas de ejecución, patrones rítmicos reconocibles y una función social clara.

No se toca igual que otros sones costeños y siempre lleva a la gente al desenfreno. Incluso, se podría decir, a un tipo de trance. Es importante su apogeo porque en muchas comunidades este ritmo define los encuentros familiares, los cumpleaños y las fiestas patronales.

“El merequetengue ya está formando parte de nuestra identidad, ya nos identifica esa música como costachiquenses –añade el investigador–. Su gran difusión también ha llevado algunos problemas, como, por ejemplo, que se toquen chilenas, sones, danzas con ritmo del merequetengue. Creo que ahí sí soy más purista: cada género con su ritmo, ¿no?”.

Menciona que, con la llegada del rap a Guerrero, algunos jóvenes raperos quisieron replicarlo. “Pero como aquí en la Costa Chica no hay espacios donde puedan desenvolverse en ese género, entraron a grupos de cumbia. Ahí empezaron ellos a componer merequetengues, ya con ese estilo que se ve ahora, con letras más rápidas”.

Para Ángel Yasser, el merequetengue se modernizó o simplemente siguió un curso natural. Cuando jóvenes lo interpretan, no lo rompen: lo continúan.

Es el caso de Héctor Manuel y Nemesys Los Reyes. Gracias a esa banda y otras del mismo corte musical, el merequetengue suena más fuerte que nunca, renovado, mejorado, pero siempre hablando de la vida guerrerense de todos los días. Y ahora es mucho más visible.

El merequetengue sale de las fiestas familiares para llegar a escenarios más amplios, impulsado por músicos como Héctor y varios más que han logrado llevar el corazón rítmico de la Costa Chica guerrerense a lugares donde antes no se escuchaba.

Desde hace tres o cuatro años, la banda Nemesys, por ejemplo, ha sido contratada para tocar en Morelos, Estado de México, Ciudad de México, Baja California, Baja California Sur, Jalisco, Quintana Roo, entre otros puntos del país.

Héctor atribuye este fenómeno a la migración interna: guerrerenses que se mudan a otras ciudades y llevan consigo la música que sienten como propia. Gracias a esas personas el merequetengue se escucha cada vez en más lugares.

Antes, fuera del estado, la banda tenía que moderar la energía o incluir más cumbia y salsa. Hoy sucede lo contrario: si no tocan merequetengue, el público cuestiona si en verdad vienen de Guerrero. Las audiencias reconocen los temas, los piden por nombre y los bailan con la misma intensidad que en su tierra natal.

Presenciar este crecimiento ha sido emocionante, reconoce Héctor. Sueña con que el merequetengue pueda expandirse tanto como el reguetón en su momento: que un ritmo alegre, poderoso y profundamente costeño pueda llegar a más ciudades y más oídos.

Guillermo Rivera