30 diciembre,2025 8:40 am

Falta que el INAH apruebe las piezas que estarán en la Casa Sagrada, museo de Piedra Labrada

 

Piedra Labrada, Ometepec, 30 de diciembre de 2025. La Casa Sagrada, que funcionará como museo comunitario está lista para albergar una selección de piezas arqueológicas, tanto de las que por siglos han estado tiradas a cielo abierto, como de otras que se resguardan en viviendas particulares, pero falta que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) seleccione y haga la reubicación.

“Nomás falta que el INAH cumpla”, dice Apolonio Guzmán Colón, comisario municipal, entrevistado por El Sur en el inmueble recientemente terminado, con financiamiento del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI).

El comisario pide que los tres niveles de gobierno atiendan las múltiples necesidades de este pueblo depositario de pirámides, esculturas y otros vestigios arqueológicos, que representan importantes páginas de la historia de Guerrero y de México, y es que, para donde se mire, se ven las carencias y la necesidad de presencia institucional.

Muchas veces les han prometido que arreglarán los tramos del camino que lleva a Ometepec, distante a 40 kilómetros, y por donde hoy difícilmente podrían transitar turistas. El comisario espera que en el año próximo a empezar les cumplan la promesa del camino artesanal que “ya está programado, de El Mango hasta aquí”, con aproximadamente ocho kilómetros.

Confía Guzmán Colón en que el gobierno municipal cumplirá la promesa de arreglar la calle principal, y confía porque cree que le ha servido a la comunidad tener dentro de ese gobierno a Jesús Sierra Ibarra, director de Turismo y originario de este lugar, y uno de los principales promotores del rescate del sitio arqueológico.

“Pero también queremos que arreglen la comisaría, porque en lluvias, llueve más adentro que afuera. Ya le dije al presidente municipal”, dice la autoridad local, y agrega que la pequeña clínica está de adorno, “porque enfermera o doctor, ufff, tardan meses en venir”.

“El gobierno del estado casi no le mete nada”, informa, y pide que los visiten “para ver con qué le van a entrar”, a fin de que este pueblo, tan olvidado como sus esculturas, mejore sus sistemas de alumbrado eléctrico y abastecimiento de agua potable, así como sus calles, pero sobre todo, para que se desarrollen proyectos que generen empleo.

“Le pedimos a la presidenta (Claudia Sheinbaum) que voltee a ver a estos pueblos, y que les meta más apoyo. Sabemos que ella sí está cumpliendo, pero que no se detenga”, dice el comisario, que supone que la mandataria podría “autorizar si quisiera”, el camino que va de la Casa Sagrada al río con pozas de agua limpia que podrían apreciar y gozar eventuales turistas amantes de la cultura y la naturaleza.

Casita no, museo de verdad, sí

Eleodoro López Sierra, originario de la comunidad y radicado en Ciudad de México “desde principios de este siglo”, asegura que en realidad ha habido poco interés tanto de la autoridad como de la comunidad, pues él recuerda que en alguna ocasión se habló de “un museo de verdad y no de una casita”, y que eso implicaba reubicar a la propia comunidad, ya que está asentada justo en el sitio arqueológico, sobre pirámides y juegos de pelota, y que en aquel entonces la comunidad se opuso, “por su crónica desconfianza y porque dijeron que el gobierno iba a recoger las piedras y los beneficios”.

Y si bien es “mejor que nada, que la casita se haya construido”, es necesario que el INAH presente un proyecto claro de lo que implicaría “un museo de verdad”, ya que la complejidad e importancia del sitio lo ameritan, pues “los investigadores dicen que fue poblado en diferentes épocas, por olmecas, zapotecas y mixtecos”, y actualmente es posible distinguir seis juegos de pelota, pirámides, cerámica, estelas y otras estructuras menores.

En entrevista, López Sierra dice que “me alegré cuando vi que la presidenta (Claudia Sheinbaum Pardo) fue a Tlacoachistlahuaca y dijo que mi comunidad por fin tendría atención”, como nunca ha tenido, por lo que cree que lo que él llama “la casita”, sólo será el principio de un verdadero recate arqueológico.

Martín Equihua

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