9 mayo,2024 3:40 am

Guerrero y Michoacán, el cementerio clandestino más grande del país: sacerdote Gregorio López

 

Ciudad de México, a 9 de mayo de 2024.- En Guerrero y Michoacán hay más desaparecidos y muertos que en todo el resto del país, por lo que en esos dos estados forman la fosa clandestina más grande de México y sus gobernadores lo saben, afirma Gregorio López Gerónimo, activista contra el crimen organizado y líder social que desde hace años ha denunciado la inseguridad en Michoacán.

El sacerdote conocido como Padre Goyo charla a distancia –vía Zoom– con El Sur a propósito de la desaparición del obispo emérito de Chilapa-Chilpancingo, Salvador Rangel Mendoza, de quien no se supo de su paradero los días 27 y 28 de abril pasado, hasta que reapareció el 29 en la tarde, cuando la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) informó que fue localizado y se encontraba en el Hospital General Dr. José G. Parres, en la ciudad de Cuernavaca, Morelos.

–¿Qué le ocurrió a Salvador Rangel? –se le pregunta al Padre Goyo.

–Si estás dialogando con un grupo, el otro grupo se ofende –responde, en referencia al diálogo y la promoción de una tregua que buscó Rangel entre integrantes del crimen organizado que actúan en Guerrero.

Salvador Rangel, de 78 años, es originario de Tepalcatepec, Michoacán, y se retiró del obispado en febrero de 2022. Aunque su residencia está en Morelos, acudía con frecuencia a Guerrero, en donde intentó pactar el cese de hostilidades entre distintos cárteles.

“En una suposición, en Guerrero, por ejemplo, podríamos decirles a dos grupos criminales: ‘Tú te quedas con estos municipios y tú con los otros’, pero, imagínate, si un papá al repartir sus herencias sale mal con los hijos, pues mucho más con un grupo que viene de afuera. Repartir los territorios no se puede. No se puede. Entre delincuentes no puede uno andar negociando”, reconoce López Gerónimo.

“Que los grupos se arreglen, pero no tú como sacerdote. Si acaso respetarles. Yo, en mi región (Apatzingán), me he dedicado a hacerles denuncias, sobre todo de su relación con el gobierno, y más ahora por lo que está pasando en Michoacán. Se están agarrando a balazos y dronazos porque el gobernador está muy coludido con ellos.

“Yo con el gobierno sí dialogo, con el Ejército, con la Marina, con Guardia Nacional sí puedo dialogar. Y se supone que tienen un poquito más de academia, de ética. Dialogar, pero exigiéndoles, no pidiéndoles migajas. Cómo voy a exigirle a delincuentes, si no tienen moral, ni ética, ni palabra. Es perder el tiempo. Yo así considero a un delincuente.

“Soy radical en ese sentido, y es muy lejana mi postura a la de don Chava (Rangel). Me parece que lo que pasó fue que dialogó con un grupo, el otro se vio ofendido o desplazado. No convinieron. El otro no cumplió la palabra y quien paga los platos eres tú, porque tú estuviste de intermediario. Tú no le exigiste al otro interlocutor que cumpliera. Este es el asunto, no puedes atenerte a nada seguro. No hay palabra de hombres. Va a fallar una de las partes y el horcón te va a caer encima”.

Incomodando “hasta al mismo clero”

Gregorio López dice que los sacerdotes “sabemos que nuestro quehacer es afuera de la Iglesia, no adentro. Nuestra gran misión está en la calle, con los santos de carne y hueso”.

–Existe la división Estado-Iglesia, ¿por qué los sacerdotes tendrían que denunciar las violencias en el país?

–Primero, yo estoy de acuerdo con la separación Iglesia-Estado. Yo, el ministerio, es decir, el servicio que brindo, lo ejecuto dentro de la iglesia, pero en el ámbito de la acción política, allí no hay ninguna ley que nos restrinja. Como ciudadano, como hombre que paga impuestos y que está bajo una legislación, yo tengo derechos y obligaciones. Pago al SAT. Estoy pagándole al gobierno. El gobierno no es mi patrón, es mi peón, y el que paga manda.  Por tanto, los ciudadanos somos los mandantes.

–¿Es su obligación denunciar?

–Tenemos la obligación moral de que si el peón está incumpliendo su tarea, corregirle. Es lo que estamos haciendo, como ciudadanos. En un lado está la separación Iglesia-Estado. La misión como Iglesia es anunciar el Evangelio. Sí tiene que haber una separación con el Estado. El Estado tampoco tiene que inmiscuirse en el tema de elección de obispos, por ejemplo.

El Padre Goyo cuenta que hace trabajo social mediante su fundación, llamada Ciudadanos Responsables de Impulsar el Sano Tejido del Orden Social (CRISTOS). “Soy más político que toda la sarta de narcopolíticos que hoy están en las cámaras. Soy más político porque tengo acciones muy concretas coadyuvantes para la restauración del tejido social. Tengo albergues para hombres y mujeres en condición de calle, oficinas para ayudar a los desplazados en Michoacán.

“Albergues para niños huérfanos que le quitamos al sicariato. Son acciones muy concretas que realizamos en ese quehacer como Cristos, es decir, ciudadanos responsables de impulsar el sano tejido del orden social.

“El Evangelio dice: ‘al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios’, pero hay cosas que son de Dios que el César las ha querido tomar como si fueran suyas y no podemos dejar al César lo que es de Dios –continúa–. ¿Qué es de Dios? La vida, la libertad. Todo lo que implica al ser humano, lo sagrado, lo innato del ser humano, es divino. Eso no se lo dio el Estado, viene impreso en nuestra naturaleza humana.

“Yo, por ejemplo, tengo que defender la vida. El Estado no la ha cuidado. La jurisdicción mandata cuidar, darle seguridad al ciudadano y el Estado no lo ha hecho, está incumpliendo ese mandato constitucional. Ahí tenemos que brincar nosotros, los sacerdotes. Dicen: ‘Hey, un cura no puede hablar’. Claro que puede en temas donde el gobierno no lo está haciendo. Tenemos que alzar la voz, lo hemos hecho siempre, yo he incomodado hasta a la misma institución del clero.

“Mi misión, con los de carne y hueso, no de yeso”

De acuerdo con una versión de las autoridades, Rangel habría sido dopado con cocaína y benzodiacepina por quienes lo privaron de su libertad. Estuvo desaparecido entre 36 y 48 horas; además, sus tarjetas bancarias fueron vaciadas.

–Mientras algunos curas viven en situación de confort, dedicados al interior de la Iglesia, hay otros como usted que se han arriesgado a denunciar la violencia. Incluso han sido asesinados; se habla de al menos decenas en la década de los noventa, según la propia Iglesia católica.

–Lo forman así (al clero). Para que seamos una casta distinta. Con una mentalidad de príncipes, siempre dentro de una zona de confort. El clero dice: ‘Hay que ver y callar; sé prudente, aunque no seas valiente’. Cristo es mi maestro y es a quien intento seguir. No a un obispo, es a Cristo. Cuando él vio una injusticia, levantó la voz. Yo estoy convencido de que mi misión es con los santos de carne y hueso y no con los santos de yeso.

Al Padre Goyo le queda claro, agrega, que la misión es aquí y ahora, con las personas. “San Juan dice que si yo digo que amo a Dios, a quien no veo, pero no hago nada por los hermanos, a quienes sí veo, entonces soy un embustero. Eso lo aprendí desde mi casa, desde mi escuela. Mi madre me decía: ‘Nunca dejes a un pobre con la mano estirada’. Acabo de escuchar una frase del papa: ‘Tú nunca mires a un hermano, a un prójimo, de arriba abajo’. Es decir, no juzgues.

“Le agradezco a Dios el papa actual que tenemos –Francisco, de formación jesuita, como el Padre Goyo–, un profeta que nos ha motivado a salir a la calle. Él dice: ‘Los quiero con olor a oveja y no con olor a incienso. Prefiero una Iglesia herida, cansada y sucia por salir a la calle y no una Iglesia enferma, macilenta y hasta paralítica por estar en sus zonas de confort en sus sacristías’”.

–Unos sacerdotes han denunciado mientras otros callan, ¿cuál sería el límite en un país tan violento?

–El papa ha dicho que “pactar con delincuentes es pactar con el diablo”. Yo quiero a don Salvador, es amigo mío, es paisano. Es de Tepalcatepec, es michoacano. Ese levantón que le han dado es la prueba de que con un delincuente no puedes pactar, no tienen palabra. A la media vuelta, lo que es blanco para ti, para ellos es negro. En una ocasión me dio una lección muy bonita una catequista. Me dice: “Padre, ahí está el jefe de plaza que va a ser padrino. Lo que usted diga, para él va a ser una ofensa”. Con una gente no es posible hablar porque, aunque sean del pueblo, se han dedicado toda su vida a delinquir, a vivir fuera de la ley. A matar, asesinar, violar. Imagínate que quiero que dialoguen, que cumplan. Ellos no conocen eso. Sólo en Michoacán hay 137 células delictivas. En mi región hay nueve, de las más fuertes del país. Yo conozco a esta gente. Yo estoy convencido, porque vivo en un territorio donde hay grupos delincuenciales al por mayor, que con ellos no hay arreglo.

Anfetaminas, precursores químicos, fibrina…

Se le comenta a Gregorio López sobre la violencia cotidiana en Guerrero. La situación, afirma, tiene una explicación: “Michoacán y Guerrero están a la par en violencia, por la simple y sencilla razón de que nos divide un río, el Balsas, que remata en el mar, en el puerto más grande de América en este momento, el de Lázaro Cárdenas. Es el puerto que tiene más transacciones económicas y comerciales en todo América. Vienen las anfetaminas, los precursores químicos, las cubetas de fibrina, porque ya sabemos que las drogas sintéticas vienen de China y han convertido estos dos estados en un laboratorio. El mega laboratorio de toda América se ubica en Guerrero y Michoacán.

“Por eso los grupos delictivos están a la orden del día. Pero aunado a ello está la fosa clandestina más grande. Yo me animo a decir que en Guerrero y Michoacán hay más desaparecidos y muertos que en todo el país. Sólo en dos estados, Guerrero y Michoacán, está la fosa clandestina más grande del país y sus gobernadores lo saben. Tanto Evelyn Salgado como Alfredo Ramírez Bedolla”, enfatiza.

Los gobernantes, puntualiza el sacerdote, “dan la oportunidad de que los grupos trabajen de manera impune. Ahorita Apatzingán está en fuego. Los grupos delincuenciales tienen un gran poder. En Michoacán se siente el gran poderío que les ha dado el gobernador. ¿A cambio de qué? Pues a cambio de una buena lana para las elecciones que vienen. Es muy sencilla la lógica.

“Aquí en Michoacán está muy putrefacta la cuestión política, muy metida con la cuestión del narcotráfico y los grupos delictivos. Y eso que yo digo de Michoacán, porque me consta, lo puedo decir de Guerrero. En Guerrero el gran grupo no son Los Ardillos. Es La Familia Michoacana. Son michoacanos, de la región de Apatzingán, Aguililla, Tepalcatepec. De ahí salieron todos esos líderes”.

–¿Tiene un mensaje para Salvador Rangel?

–Yo le diría al señor Rangel que estamos con él, que estamos orando. Lo felicito, porque lo que ha pasado con él es consecuencia de su misión de estar denunciando, pero sí tomar precauciones. Yo digo: con ningún cártel vamos a acercarnos. Ningún cártel es bueno, prefiero equivocarme con las instituciones, a quienes yo les puedo exigir. Yo sí les pediría a mis amigos sacerdotes que sigan denunciando.

Por último, menciona el Padre Goyo: “Los sacerdotes, como gente de pueblo, tenemos que denunciar lo que no esté bien, pero anunciar todo lo bueno. Somos motivo de esperanza, de cambio. Tenemos que sembrar buena semilla. Si al gobierno le duele que estamos hablando, que vayamos a la calle, es parte de nuestra misión y como ciudadanos podemos salir a la calle y hacer lío”.

Texto: Guillermo Rivera / Foto: Jesús Trigo-Archivo