30 abril,2025 9:04 am

Idealizar a los infantes soslaya su papel en el devenir del país, señalan investigadoras

En el libro Las infancias en México refieren cómo los más pequeños, desde la época prehispánica hasta la actualidad, se han involucrado en las labores domésticas y agrícolas, fueron guerreros, trabajaron en fábricas y talleres, acompañaron las luchas de los trabajadores o se desempeñaron como traductores en familias migrantes, además de ser cuidadores de sus hermanos menores

Ciudad de México, 30 de abril de 2025. La idealización de la niñez para asociarla sólo con el candor, la pureza, la bondad y la gracia, entre otros atributos, soslaya la trascendencia histórica de las infancias, advierten las investigadoras Beatriz Alcubierre y Susana Sosenski, autoras de un libro que reconoce la importancia de los niños y las niñas como objetos y sujetos en el devenir nacional.

Las infancias en México es el título de esta obra de divulgación que forma parte de la colección Historia Mínima de El Colegio de México y en la que refieren cómo los y las infantes, desde la época prehispánica hasta la actualidad, se han involucrado en las labores domésticas y agrícolas, fueron guerreros, trabajaron en fábricas y talleres, acompañaron las luchas de los trabajadores o se desempeñaron como traductores en familias migrantes, además de fungir como cuidadores de las y los hermanos más pequeños o de personas de los y las abuelas.

“Históricamente han sido relegados sobre todo a los espacios de la casa y de la escuela en términos del discurso, pero en realidad nunca ha sido así, en general los niños que tienen estas posibilidades de estar encerrados en la casa y en la escuela, y de cumplir con este rol de la infancia romántica, son la minoría”, aclara Alcubierre, académica del Centro Interdisciplinario de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

La mayoría, contrasta, “ha tenido que trabajar, han estado en situaciones de guerra, de migración, de calle y no encajan con este modelo infantil romántico”.

La también autora de Los niños villistas: Una mirada a la historia de la infancia en México, 1900-1920 atribuye la permanencia de este modelo a un propósito de control.

“Es una intención de controlar, desde el discurso, la actividad y la práctica de estos grupos y de constreñir la acción de las comunidades infantiles, que en su mayoría, como he dicho, no son precisamente las que se pueden mantener en la escuela o en la casa y que pueden ser bastante problemáticas en términos políticos y en términos sociales, y entonces este discurso lo que pretende es contener –voy a decirlo en términos del mismo discurso romántico– esta rebeldía de los niños y jóvenes que se comportan de manera anárquica y que pueden desestabilizar”.

La visión romántica de los niños y niñas supone también una inocencia que los anula como sujetos, observa Sosenski, especialista del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM y autora de Robachicos: Historia del secuestro infantil en México.

“El niño de esta visión romántica es inocente: no sabe, no decide, no opina, no conoce de la sexualidad, no conoce de la política, no conoce de la economía, entonces lo condiciona y lo subyuga a un estado de subordinación frente al poder y al saber de los adultos”.

Las autoras, quienes compendian en este libro las diversas interpretaciones en torno de las infancias mexicanas, además de reunir las aportaciones del Seminario de Historia de las Infancias y las Adolescencia (Sehia), fundado por ellas y auspiciado por la UNAM y la Autónoma del Estado de Morelos, instan a pensar en plural.

“Por eso referimos en el libro ‘infancias’ y no ‘infancia’: porque reconocemos la pluralidad de condiciones, de formas de vivir la infancia, de concepciones que existen en una misma sociedad en un tiempo determinado y a lo largo de la historia cómo se van transformando”, puntualiza Alcubierre.

Lo que caracteriza la historia de las infancias es la contradicción, complementa Sosenski, responsable de la edición del Diario de una niña en tiempos de guerra y exilio (1938-1944).

“En tanto la infancia es una posición y es un lugar, es también un campo de conflicto, de tensiones y de negociaciones políticas, sociales, religiosas, étnicas, económicas… Es decir, es un campo en el que los adultos también están todo el tiempo en tensión, discutiendo si los niños deben tener o no acceso a la educación sexual o si son del Estado o de las familias, si deben tener o no una formación religiosa, lo cual fue un debate también en la propia historia de México.

“Lo que caracteriza a la historia de las infancias en México es justamente esa serie de conflictos y de contradicciones, por ejemplo leyes que tratan de protegerlas del trabajo infantil, pero al mismo tiempo los gobiernos se hacen de la vista gorda frente al trabajo infantil porque conviene en determinados momentos de la historia”.

En la actualidad, los niños y las niñas son considerados, sobre todo, como consumidores, señala Alcubierre: “La idea de los niños como consumidores y como objetos de consumo es, creo, contra la que tenemos que actuar, o por lo menos tener bien identificada”.

Una historia que escuche a las infancias será más completa y más rica, coinciden las investigadoras.

“La mirada de los niños y las niñas ofrece otras perspectivas”, precisa Sosenski, “es una ventana diferente para observar ciertos acontecimientos. Tenemos, por ejemplo, casos de niñas que escribieron diarios infantiles.

“Hemos logrado recuperar algunos y no es lo mismo estudiar la Guerra Civil Española o un golpe militar como el dirigido contra Salvador Allende en Chile en 1973 a partir de los documentos de los adultos, que desde las palabras infantiles. Cuando uno observa las palabras infantiles aparecen emociones que en los textos de los adultos a veces no están, como las relacionadas con el temor, con la angustia o con la felicidad”.

Los niños y las niñas, añade, también son fundamentales por las perspectivas críticas que aportan en relación con las acciones de los adultos, de manera destacada en el tema medioambiental.

“Devolverles la voz es la cruzada fundamental”, enfatiza Alcubierre: “Hay que devolverles la voz, hay que visibilizarlos, hay que atender lo que tienen que decir, no ponerles etiquetas, como la de ‘generación de cristal’, porque están haciendo un reclamo casi siempre muy válido de violencias que están normalizadas, que están interiorizadas y son constantes desde el lenguaje y las actitudes en general de los adultos.

“Hay que escucharlos, no podemos desautorizarlos nada más porque son niños o adolescentes, y debemos dejar de verlos como un proyecto. No son un proyecto, no son el futuro: son el presente”.

Texto: Yanireth Israde / Agencia Reforma