23 mayo,2020 8:53 am

Impacta el Covid-19 la economía del señor Juan Nava, vendedor de cocos en Chilapa

 

Chilapa, Guerrero, 23 de mayo de 2020. La contingencia por el Covid-19 doblegó la economía de la familia del señor Juan Nava. De los 50 cocos que a diario vendía hasta marzo ahora vende sólo cuatro al día.

“Con esos cuatro cocos pues nomás para volver a comprarlo porque es caro. Y para mantenerse, me gasto los 100 pesos nomás en las tortillas y unos huevitos y con eso comemos. Ya no podemos ganar más la vida”, dijo.

El señor Juan Nava tiene unos 20 años vendiendo cocos. Llegó del vecino municipio de Atlixtac a esta ciudad en busca de trabajo. Probó con la venta de cocos que le funcionó y desde ahí le agarró amor a su oficio. Con una caseta de madera de unos cinco metros cuadrados ha mantenido a una familia y aún tiene a uno de sus hijos estudiando.

Su local está ubicado sobre la avenida Prolongación Constitución, a unos metros de la entrada del panteón de la ciudad, que permanece cerrado como medida para evitar la propagación del coronavirus. También le queda de paso a los estudiantes del Conalep, que de igual forma ha suspendido actividades.

Si de por sí las pocas ventas por la baja movilidad ya las tenía desde principios de abril; con la cuarentena y el cierre del panteón de plano cayeron. “No tenemos estudio y pues le buscamos al trabajo. Vi que me fue bien en el primer viaje que eché de coco y empecé a vender más o menos bien. Y ahora seguimos con lo mismo. Pero a finales de marzo las ventas comenzaron a caer”.

“Anteriormente vendía unos 30, 40 o hasta 50 cocos al día, ya ahorita en estos tiempos, lleva más de un mes que no he vendido mucho, me he traído 15 cocos que hasta me llegan hacer 15 días”, señaló.

A la 1 de la tarde y con una temperatura de unos 30 grados, el señor Juan sólo ha vendido cuatro cocos en el día. No hay nada, dice, mientras algunas familias llegan al panteón con flores, pero se regresan porque está cerrado.

“Las bajas ventas son por la enfermedad Covid-19 que pues está pegando, pero quien sabe por qué, nosotros no sabemos, no salimos a otros lados”, indicó.

Explica que la afectación es porque ya nadie quiere salir y se ha sabido que hay pueblos que han cerrado el paso.

“Ya no quieren ir a traer coco, sólo trayendo mucho coco a lo mejor sí, pero para unos 200 cocos, como ya no se vende, no podemos traer bastante”, indicó.

“Traemos poquito para que nada más vayamos sobreviviendo, vamos al día nosotros”, agregó.

En su crisis de ventas, el señor Juan recomienda su producto como un suero natural que puede inhibir las enfermedades provocadas por el piquete de zancudo, como el chikungunya, para regular la presión de la sangre y reducir los triglicéridos.

“El coco es bueno para el cuando te pica el zancudo, te pega la chikungunya, todo eso. Te tomas unos cuatro o cinco diarios en unos tres días y te compones rápido. Si tomas uno o dos no te hace bien”, explica.

“Para subir de las plaquetas, es bueno el coco porque tiene muchas vitaminas, es suero natural”, añadió.

Antes de la contingencia el señor Juan llegaba a su casetita de madera a las 8 de la mañana y se iba hasta las 4 de la tarde. Ahora espera hasta las 3 de la tarde, cuando ve que ya no hay nada. “Ahorita menos que ya cerraron el panteón, ya nadie viene a dejar sus flores, toda la gente viene y se regresa. Antes venían aunque sea uno o dos cocos se iba vendiendo y ahora pues no hay nada, en todo el día he vendido cuatro cocos”.

“Con esos cuatro cocos ¿pues qué?: nomás para el coco y para comprarlo, es caro. Y para mantenerse me gasto los 100 pesos, nomás en las tortillas y unos huevitos ahí. Y con eso comemos, se gasta todo, ya no podemos ganar más de la vida”, dijo.

Si la contingencia económica continua, dice, él la resistirá. “Tenemos que aguantarnos. Uno tiene que ir al día, tiene que almorzar, tiene que comer, aunque sea unos frijolitos, lo que haya, tiene que pasarla porque en realidad está todo caído”, concluye mientras pela un coco de media cuchara.

Texto y foto: Luis Daniel Nava