EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

10 años de Fukushima, otro cementerio nuclear

Octavio Klimek Alcaraz

Marzo 13, 2021

Hace 10 años, el 11 de marzo de 2011, un severo terremoto de 9 grados en escala de Richter golpeó la costa noreste de Japón por la tarde. El movimiento desencadenó un tsunami, cuyas olas alcanzaron más de 10 metros de altura. El agua provocó inundaciones masivas. Destruyó carreteras, el suministro de energía y otras infraestructuras en la costa noreste de Japón. La información que se tiene es que más de 15 mil personas fallecieron y alrededor de 3 mil más se dan como desaparecidas.
El terremoto fue directamente responsable de la pérdida de la fuente de energía externa de la central nuclear de Fukushima Daiichi. El tsunami provocó el colapso de todos los sistemas auxiliares de agua de refrigeración, así como gran parte del suministro de energía eléctrica de la planta.
Esto provocó el sobrecalentamiento y derretimiento de la mitad de los núcleos de uranio de la planta, que acabaron fundiendo las vasijas de acero que albergan los reactores. En síntesis, al menos tres de sus seis reactores han sufrido una fusión total o parcial del núcleo, al igual que dos de las siete piscinas de combustible usado. Las explosiones de hidrógeno acaecidas en los días siguientes dañaron tres de los edificios de contención y lanzaron al aire cantidades considerables de partículas radiactivas. La nube contaminante obligó a evacuar a 160 mil personas de sus hogares.
Se considera que este es el peor accidente nuclear que ha sufrido el planeta después del desastre nuclear de Chernobyl en el año de 1986. Aparte de Chernobyl, el catastrófico accidente de Fukushima sigue siendo el único clasificado en el nivel 7 más alto de la Escala Internacional de Clasificación de Eventos Nucleares (INES).
El accidente en Fukushima también mostró que situaciones que antes se descartaban como imposibles pueden surgir en la realidad. Hoy es evidente que la central nuclear de Fukushima Daiichi no fue diseñada ni adaptada para terremotos de esta magnitud. Ni siquiera se asumió el riesgo de un tsunami de esta gravedad por el equipo de seguridad de la planta. Esto significa que no hubo suficientes precauciones para resistir tal terremoto con un tsunami posterior.
Agrava este hecho que el operador de la central nuclear Tokyo Electric Power Company Incorporated (TEPCO), no aplicó las recomendaciones internacionales para mejorar la seguridad. Más bien, se conoce ahora que para TEPCO era importante mantener bajos los costos y evitar debates sobre la seguridad de los sistemas de seguridad nuclear.
Así que, con todo esto, se aplica la aseveración de que los desastres son socialmente construidos.
En la actualidad y en las próximas décadas, se debe realizar un trabajo extenso para desmantelar los edificios y recuperar las barras de combustible. Los expertos estiman que se necesitarán de 30 a 40 años para localizar y recuperar de forma segura todo el combustible nuclear de las unidades 1 a 3. Para hacer esto, los edificios de los reactores deben primero limpiarse y descontaminarse.
En primer lugar, se deben asegurar los elementos combustibles de la piscina de almacenamiento. Luego, puede comenzar a obtenerse el combustible de los recipientes a presión del reactor destruido. La contención debe ser reparada e inundada con agua, ambos tipos de contenedores deben abrirse, el combustible debe empaquetarse y retirarse de manera segura. El procedimiento exacto se discute intensamente. Todo esto implica grandes desafíos operativos.
La exposición a la radiación permanentemente alta también es problemática para los trabajos de reparación y limpieza. Incluso 10 años después de la fusión del núcleo, las plantas todavía tienen altos niveles de radiación, lo que significa que a los trabajadores no se les permite ingresar a los edificios del reactor o sólo se les permite ingresar a ellos por un tiempo muy corto.
Los recipientes a presión de los reactores, los recipientes de contención y las estructuras de los edificios, y posiblemente también los cimientos, están en gran parte destruidos y con fugas. Por tanto, todavía existen emisiones de radiactividad. Además de la radiactividad en el núcleo del reactor, también hay grandes cantidades de agua de refrigeración contaminada en el sitio.
En los alrededores de la instalación afectada por el accidente se han llevado a cabo diversas medidas de descontaminación con el fin de volver a hacer habitables las zonas y reducir aún más la exposición a las radiaciones en las zonas que vuelven a estar habitadas. Para ello, se limpian las superficies del techo con una manguera, se eliminan algunos centímetros de la superficie del suelo o se recolecta material orgánico. Esto da como resultado cantidades muy grandes de desechos contaminados. Hasta ahora, estos se han almacenado en instalaciones de almacenamiento temporal en la región de Fukushima. El manejo a largo plazo de estos residuos aún no está claro. Incluso si tales medidas reducen la exposición de la población a la radiación, el éxito a largo plazo de tales actividades es cuestionable. Además, el viento o el agua pueden transportar sustancias radiactivas de las áreas sin limpiar a las áreas limpias. Se estiman en 22 millones de sacos con suelo contaminado y otros residuos sólidos generados por la catástrofe, además del uranio empleado como combustible.
La reconocida organización internacional Greenpeace acaba de dar a conocer un informe de radiación en Fukushima 2011-2020 (https://es.greenpeace.org/es/sala-de-prensa/comunicados/greenpeace-revela-que-el-85-de-la-zona-afectada-por-la-radiactividad-permanece-contaminada/), los hallazgos clave de dicho informe se citan a continuación:
“La mayor parte de los 840 kilómetros cuadrados del Área Especial de Descontaminación, el 85 por ciento, donde el gobierno es responsable de la descontaminación, permanece contaminada con cesio radiactivo”.
“El análisis de los propios datos del gobierno muestra que sólo un 15 por ciento del Área Especial de Descontaminación se ha descontaminado”.
“En muchas áreas no se alcanzará, en el plazo de tiempo fijado, el nivel objetivo de descontaminación a largo plazo del gobierno japonés de 0.23 microsieverts por hora (?Sv / h) [1]. La población estará sujeta durante décadas a una exposición a radiación superior al 1 mSv / año recomendado como máximo”.
“En las áreas donde se levantaron las órdenes de evacuación en 2017, específicamente Namie e Iitate, los niveles de radiación permanecen por encima de los límites seguros, lo que potencialmente expone a la población a un mayor riesgo de cáncer. Por ejemplo, en una antigua escuela y jardín de infancia de la ciudad de Namie, el 93 por ciento de todos los puntos medidos permanecen por encima del objetivo de 0.23 ?Sv / h”.
“El muestreo y análisis confirman la presencia de estroncio-90 radiactivo (Sr-90), liberado en el accidente, un radionúclido que se concentra en los huesos y la médula ósea”. “El gobierno japonés no está realizando análisis de laboratorio y utiliza aproximaciones que fueron indicadas como imprecisas en 2015. Queda una enorme cantidad en los núcleos de combustible del reactor fundido y también una cantidad significativa en los 1.23 millones de toneladas de agua contaminada almacenada (casi 500 piscinas olímpicas) y que el gobierno quiere descargar en el océano Pacífico”.
En un segundo informe, Greenpeace, que también puede consultarse en la dirección citada, analiza los distintos planes de desmantelamiento del complejo nuclear establecidos por el gobierno japonés y concluye que son inalcanzables. Según dicho estudio “la tarea de desmantelamiento de Fukushima Daiichi es única en su desafío a la sociedad y la tecnología y necesita desesperadamente de un camino alternativo: un nuevo enfoque que reconozca la escala del desastre y la cantidad de material y tierra contaminados. Recuperar el lugar tal y como estaba antes no es posible, por lo que se debería reconocer lo que en realidad ya es: un sitio de almacenamiento de residuos nucleares.”
Conclusión, hoy el lugar del desastre continúa inmerso en situación de crisis. La mayoría de los antiguos residentes, al igual que en Chernobyl, seguramente no podrán regresar, porque los niveles de radiactividad siguen siendo altos en las proximidades. Granjeros y pescadores quizás jamás retomen sus actividades.
Es pertinente comentar que después del accidente de Fukushima, todas las plantas de energía nuclear en funcionamiento en Japón fueron cerradas gradualmente hasta 2012. Después de un extenso proceso de inspección formal, el gobierno japonés ordenó inspecciones in situ de las plantas de energía nuclear para examinar el nivel de seguridad de las plantas. Hasta la fecha, 21 de las 54 plantas de energía nuclear japonesas que estaban en funcionamiento en ese momento han sido cerradas permanentemente. De los 33 restantes, nueve sistemas estaban ahora nuevamente en la red (a mediados de 2020), el futuro de los 24 sistemas restantes aún no está claro. Aunque, se detuvo la construcción de nuevas plantas de energía nuclear, no se tomó la decisión de eliminarlas gradualmente. Esto a diferencia de países como Alemania, que cerrará todas sus plantas nucleares el próximo año 2022.
Concluyo señalando que la energía nuclear por los riesgos intrínsecos que representa para producir energía eléctrica no es opción ni en el presente ni en el futuro. Hay que empezar a debatir el futuro de la central nucleoeléctrica de Laguna Verde. Recuérdese si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar.