EL-SUR

Sábado 18 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

100 años de Nacho López

Humberto Musacchio

Septiembre 11, 2023

LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS

Humberto Musacchio

100 años de Nacho López

Cuartoscuro, la publicación que dirige Pedro Valtierra, en su entrega 178, correspondiente a septiembre-noviembre, ofrece un muy merecido homenaje a Ignacio López Bocanegra, más conocido como Nacho López, uno de los grandes maestros de la fotografía mexicana. La revista publica textos de la doctora Susana Rodríguez Aguilar, de Denisse Hernández Rubio y del propio Valtierra, quien con Víctor León Díez, Alicia Ahumana Salaiz, David Maawad, Rubén Pax y Eleazar López Zamora participó en el Grupo de los Siete, donde la figura mayor fue Nacho, de quien además de creatividad, rigor técnico y talento, se recuerdan opiniones como aquella que emitió al negarse a participar en el primer Coloquio Latinoamericano de Fotografía, convocado por el Consejo Mexicano de la especialidad, al que acusó de olvidar “que la fotografía fundamentalmente es un reflejo de la realidad y no jueguitos de experimentación estética”. Por supuesto, el maestro no desdeñaba la búsqueda de belleza, pero su propósito central era la gente, aquello que lo rodeaba, en lo que vivía… Denisse Hernández recuerda que para él, “un buen fotógrafo, ya después de muerto, podrá presumir de haber producido escasamente un par de fotografías realmente valiosas. No creo que puedan ser más”. Tal vez, pero él y otros genios han producido más, mucho más. Afortunadamente.

Proyecto La Mariscala

Con el fin de darle uso a siete terrenos situados entre la avenida Hidalgo y Garibaldi, mismos que suman más de cinco mil metros cuadrados, el Instituto Nacional de Bellas Artes ha echado a andar el Proyecto Mariscala, que comprenderá una sala escénica, otra de conciertos y una más de ensayos; un museo de arquitectura, un área de documentación artística de consulta pública, y zonas de servicios del INBA. Para hacer autosustentable lo comprendido en el proyecto, habrá espacios comerciales en alquiler, un hotel y lugares compartidos para el teletrabajo (coworking en espanglish). La razón –dicen– es que el Palacio de Bellas Artes está sobresaturado, lo que ocurre porque las actuales autoridades “culturales” amontonan todo sin diferenciar lo importante de lo secundario ni de lo accesorio o prescindible. Los estudios sobre el proyecto deberán presentarse en octubre para saber de qué magnitud será la inversión, misma que financiará el Fondo Nacional de Infraestructura. Lamentablemente, todo indica que estamos ante otro proyecto faraónico que no será concluido en este sexenio, porque la intención es distraer del desbarajuste que reina en el sector cultural.

Los extintos billetes de 5 pesos

Los viejos de la tribu, y los no muy jóvenes, recordarán que en los desaparecidos billetes de cinco pesos aparecía el rostro de una mujer que, decían, era “la gitana”. También solía identificarse a la dama con Leona Vicario, pero lo cierto –según la Wikipedia– es que era la cara de una catalana llamada Gloria Faure, quien con su hermana Laura formaba un dueto de bailarinas que solían amenizar, y no sólo con danzas, intensos momentos de los altos funcionarios del callismo. Se creía, tal vez con razón, que Gloria era amante de Alberto J. Pani y que su hermana satisfacía al propio Calles. Gloria debió ser menor de 21 años, pues en un cateo, la policía de Nueva York la encontró con otras chicas en el departamento de Pani, quien fue acusado de trata de blancas y consideró necesario dejar el cargo, pero el Jefe Máximo rechazó la renuncia con el argumento de que no quería “eunucos en su gabinete”. Y la muchacha apareció en aquellos billetes.

Jazzamoart en sus inicios

En la revista Abogacía, David F. Uriegas y Mateo Mansilla Moya entrevistan al pintor Francisco Javier Vázquez Estupiñán, quien explica porqué adoptó el nombre profesional de Jazzamoart: “A finales de la década de 1960 y principios de 1970 tenía la gran consigna de diferenciarme de los artistas que admiraba y que fueron mis maestros directos e indirectos. De repente, uno se parecía evidentemente a Picasso o a Polo o a Saura o a la pintura matérica española; o, en México, en mi caso, a Gilberto Aceves Navarro, a José Luis Cuevas y sus grandes personajes así como su virtuosismo dibujístico, a las abstracciones de García Ponce, Manuel Felguérez, Gironella y su gran influencia poética taurina. Al tener esa piedra tan grande encima, pensaba: ‘Cómo carajos le hago para no parecerme a estos cuates’. Un día, abrumado por tanta penuria, me cuestioné cómo superar esa prueba que iba más allá de la pintura y como un arqueólogo me puse a rascar hasta realizar el gran hallazgo: los restos prehistóricos, lo que quería encontrar y sobre lo que me puse a trabajar y desarrollar hasta el cansancio. Tengo la certeza casi absoluta de que ningún pintor en la historia del arte universal ha trabajado tanto y tan profundamente la cuestión de la música, sobre todo del jazz, aunque muchos la han abordado, como Kandinsky y Klimt. Se volvió algo obsesivo, compulsivo y lo llevé hasta sus últimas consecuencias, lo que me trajo buenas y malas críticas. El jazz, sobre todo, fue mi necesidad de encontrar algo que al abordarlo tuviera un sello propio”.