EL-SUR

Lunes 20 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

1968, 50 años

Arturo Martínez Núñez

Julio 31, 2018

El 26 de julio de 1968, hace ya 50 años, inició el movimiento estudiantil que habría de transformar para siempre el sistema político mexicano.
La represión brutal por parte de las fuerzas del orden del Estado consiguieron que lo que originalmente era una protesta inocua de estudiantes, terminara poniendo en jaque al mismísimo sistema de gobierno institucional surgido de la revolución mexicana.
A finales de los sesenta, el régimen vivía momentos gloria; en el mundo se hablaba del “milagro mexicano”. Varios años de crecimiento económico sostenido, parecían avalar la eficacia del sistema. En la lógica priísta la democracia podía esperar, la apertura no era necesaria, la única disidencia aceptada era la que ocurría dentro de los márgenes y límites del propio régimen.
Para 1968, el régimen había sofocado con éxito, sin reparar en los métodos legales o no, a los movimientos ferrocarrilero, agrarista, de doctores y magisterial. La sucesión presidencial se acercaba y los distintos tapados jugaban en el baile de máscaras sexenal.
La soberbia política alimentó a un movimiento que pasó de ser una lucha entre bachilleres al mayor movimiento popular hasta ese entonces conocido.
El gobierno no atinaba a comprender el origen y el alcance del movimiento. No comprendió que en 1968 estallaron años y años de represión contenida y de dictablanda. Los jóvenes salieron a las calles a reclamar libertades democráticas y encontraron las balas de fusil, las bayonetas y los tanques de guerra. Buscaban libertad y encontraron encarcelamientos. Buscaban el diálogo público y recibieron el tolete policial. Exigían apertura y recibieron cerrazón.
El régimen pensaba que podía encerrar como lo había hecho con Demetrio Vallejo con Valentín Campa y con Othón Salazar. Pensaba que podía asesinar como con Rubén Jaramillo. Creía que unas buenas nalgadas habrían de calmar a los greñudos y revoltosos. Jamás pensaron que a partir de 68 nada sería igual. El movimiento popular arrebató al gobierno las calles y las plazas públicas y las convirtió en escenario de su lucha.
El 68 mexicano no fue el principio del fin sino el fin del principio. Tomaría aún 50 años a la izquierda alzarse con el poder, medio siglo. Pero lo que ocurrió en esos poco más de dos meses, del 26 de julio al 2 de octubre, cambiaría para siempre a México.
En 1968 México entendió que el verdadero poder estaba en la calles y no en los cuarteles. Que el conocimiento era también de los estudiantes y no solamente de los maestros. Que es posible desafiar al poder y exigir justicia de manera pacífica. Que es más poderosa la fuerza de la razón que la razón de la fuerza.
La generación del 68 abrió brecha para muchas luchas posteriores que concluyen una etapa más con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador. A partir de aquí se abre una nueva época. Ojalá que sus protagonistas sepan estar a la altura del pueblo de México.