Florencio Salazar
Julio 21, 2025
Las normas morales actúan en el individuo a través de la «voz de la conciencia». José Antonio Marina.
Triunfos y traiciones es la crónica personal de Ignacio Pichardo Pagaza sobre lo ocurrido en 1994, año de inflexión del régimen priista (Océano, 2001). Testimonio puntual, meticuloso, de lo ocurrido en ese año aciago: el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, los asesinatos del cardenal Posadas Ocampo, Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu, la catástrofe económica y la áspera ruptura entre Carlos Salinas de Gortari y su sucesor.
En nuestro país los políticos no suelen escribir sus memorias o autobiografías. Las magníficas memorias de José Vasconcelos y las de Jaime Torres Bodet; Apuntes de Lázaro Cárdenas; Así lo recuerdo, de Luis M. Farías; Mis tiempos de José López Portillo; Sobre mis pasos de Cuauhtémoc Cárdenas; Mi historia en la oposición de Porfirio Muñoz Ledo; Ahora recuerdo de Carlos Tello Macías; La Canciller de Rosario Green; La duda sistemática de Francisco Labastida Ochoa; y Memorias de un ex presidente de Vicente Fox, son las más notables; pero, en general –a diferencia de europeos y estadunidenses–, los políticos mexicanos no publican testimonios de su vida pública, acaso biografías a modo o informes de gobierno.
Por lo anterior, el libro de Pichardo Pagaza es singular. Desde su cargo de presidente del comité nacional del PRI –del cual era secretario general José Francisco Ruiz Massieu– analiza con rigor y sin malas pasiones, sus relaciones con el presidente Carlos Salinas de Gortari y con el candidato y luego presidente electo Ernesto Zedillo; también sobre el homicidio de Ruiz Massieu y el protagonismo exacerbado de Mario Ruiz Massieu, quien insistía en señalar a la “nomenclatura del PRI”, como la responsable del magnicidio. Me referiré solamente a este último episodio, pues el texto es de 324 páginas, no obstante que se refiere a sólo un año.
El año de la inflexión priista
El 28 de septiembre de 1994, a las 9 de la mañana, “Una tragedia violenta y un vuelco inescapable cayó ese día sobre la clase dirigente priista. Arrastró consigo la suerte del partido. No se alcanza a vislumbrar su fin”. Por el teléfono rojo Mariano Palacios Alcocer, líder del sector popular (CNOP), le informó que acababan de disparar sobre José Francisco Ruiz Massieu. “Voy a alertar al presidente de la República, contestó Pichardo”. Salinas de Gortari, pregunta seco: “¿A dónde lo llevaron?” Minutos después, el presidente, el presidente electo y la familia de Ruiz Massieu se encontrarían en el Hospital Español, en donde falleció el ex gobernador de Guerrero. “Flotaba sobre la concurrencia silenciosa la ominosa inmediatez del recuerdo del atentado contra Colosio. Nos preguntábamos qué o quién seguía”.
En la explanada del PRI se realizo el homenaje luctuoso. Dante Delgado anunció las guardias y luego las palabras del presidente del PRI, Ignacio Pichardo:
“La bala asesina nos ha arrancado tu presencia física pero no nos quitará las enseñanzas de tu inteligencia (…) Recordaremos tu respeto a las formas y tu capacidad para discernir lo sustancial de lo adjetivo; tu agudo sentido del humor, que no hería pero hacía ver que la circunspección no es necesariamente señal de sabiduría.
“La democracia mexicana pierde con tu muerte.
“El partido exige una respuesta clara y convincente sobre el agravio que lastima no sólo a la familia Ruiz Massieu, a los amigos y compañeros de José Francisco, sino al Partido Revolucionario Institucional y a la República entera que demanda paz, seguridad y certidumbre jurídica (…)
Hemos perdido un líder, pero no perderemos sus ideas, sus convicciones, ni sus sueños”.
Enseguida Pichardo Pagaza relata la información y el análisis de periodistas sobre los presuntos responsables y el móvil del homicidio. La autoría intelectual del diputado Manuel Muñoz Rocha, cuyos cómplices argumentaban que el homicidio obedeció a la intención de Ruiz Massieu de reformar al PRI, lo cual iba contra sus intereses. “Desde el primer momento –señala Pichardo Pagaza– la prensa abrigó la duda de que un político relativamente menor y poco conocido a nivel nacional, hubiera sido el único autor intelectual del atentado (…) a través de filtraciones de policía judicial, se atrevieron a insinuar que alguien más se hallaba atrás del complot”.
Sorprendente reunión en Los Pinos
Una respuesta clara y convincente sobre el agravio exigido por el presidente del PRI pronto encontraría respuesta. El 2 de octubre de 1994, María de los Ángeles Moreno, líder cameral; Humberto Benítez, procurador; Santiago Oñate Laborde, jefe de asesores del Presidente; Jorge Carpizo, secretario de Gobernación; y el propio dirigente priista fueron convocados a la “sorprendente reunión en Los Pinos”, el 2 de octubre a las 7 de la noche. Mario Ruiz Massieu ingresa a la sala por una puerta lateral “con frialdad retratada en la mirada” y enseguida “sin la sonrisa irónica que habitualmente se dibujaba en sus labios, apareció el presidente Salinas de Gortari como si hubiera estado conferenciando con el subprocurador pero no deseara que lo supiéramos”.
Con la anuencia presidencial el subprocurador Ruiz Massieu procede a leer un largo boletín.
“Un párrafo del texto daba cuenta de cierta afirmación singular a la que, curiosamente, nadie había aludido; sus posibles implicaciones en materia de imputabilidad –en caso de resultar verdaderas– eran de enorme trascendencia, pues apuntaban a un presunto responsable intelectual distinto a quien los medios empezaban a señalar como tal”, anota Pichardo Pagaza y rechaza un párrafo que consideró inaceptable: “Puntualizaba que el crimen había sido cometido por militantes en activo del PRI; que era un asesinato político cometido por políticos priistas. Tras lo ocurrido a Luis Donaldo Colosio y las especulaciones subsecuentes me pareció que aceptar esa sentencia equivaldría a reconocer la descomposición total del partido”. María de los Ángeles Moreno y Jorge Carpizo también se opusieron, siendo la respuesta de Mario que, de impedirse la difusión del documento, “renunciaría ante los medios de todo el país” y señalaría a quienes se oponían al comunicado. Al publicarse el documento el párrafo acusatorio fue eliminado.
El también ex gobernador del Estado de México, Ignacio Pichardo –con amplía experiencia en gabinetes presidenciales– se sorprende por la actitud de Mario, quien tiene el rostro enrojecido. Salinas de Gortari condesciende con su comportamiento brusco y de coraje. “Habíamos sido testigos de un acontecimiento excepcional: Mario Ruiz Massieu amenazó al presidente de la República; el presidente no había reaccionado: La situación era ominosa”, concluye Ignacio Pichardo.
“Hay otro punto sobre el que deseo conocer su opinión”, dice el Presidente: “Respecto al fuero constitucional de que goza el diputado Muñoz Rocha, se presentan dos posibilidades para detenerlo para que rinda declaración: La primera, que se siga juicio en la Cámara para quitarle el fuero; la segunda, que pida licencia para que se ponga a disposición de las autoridades”. “Creo que debemos seguir el procedimiento de declaración de procedencia”, respondieron el presidente del PRI y la líder cameral. No obstante, en la sesión de la Comisión Permanente la fracción del PRI propuso otorgar licencia a Muñoz Rocha; posiblemente no fue tomada en cuenta la diputada Moreno, ya que la presidencia recayó en el Senado.
Como lo señala Pichardo Pagaza, en efecto, se murmuró en la sesión de la Permanente respecto a la falsedad de la solicitud de licencia de Muñoz Rocha; llegó por fax y en la copia que observé era notoria la burda firma.
Mi voto en contra
“Todos los diarios capitalinos dieron muestra pormenorizada de la sesión de la Permanente. De los argumentos de una y otra parte; del valor civil del senador Florencio Salazar (yo era diputado) y su posterior depresión”. Afirmé que el crimen de Ruiz Massieu era un crimen político. Mi voto fue de conciencia, razonado, igual a las bancadas del PAN y el PRD. La emoción fue inevitable. El senador Alfonso Martínez Domínguez, que ocupaba la curul contigua a la mía, me dijo: “Los políticos debemos tener templanza”. Momentos antes, al anunciar mi voto en contra, el presidente de la Permanente, el senador Humberto Lugo Gil, declaró un receso; durante ese lapso recibí varias notas de algún ujier urgiéndome a que acudiera a contestar el teléfono rojo en la oficina de la líder; no lo hice. Al terminar la sesión dije que ya podía contestar la llamada. Respuesta: “Ya no es necesario”. Al parecer alguien no querían mi asistencia a la sesión; en días previos fui invitado a presidir una comisión parlamentaria que iría a Alemania. La rechacé. Tal vez la crónica mas completa de esa sesión –señala Pichardo Pagaza– es la de Torres Weber publicada en El Universal en la primera plana del día siguiente, 4 de octubre.
El último día de octubre los miembros de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, acudimos a Los Pinos para informar al presidente Salinas de Gortari de la clausura del periodo legislativo y la conclusión de las legislaturas. Fuimos colocados, de pie, en semicírculo, al frente el presidente. Después de los discursos el presidente saluda de mano a todos; yo, estaba al último, al estirar nuestros brazos él se volteó de inmediato y apenas nos rozamos los dedos.
La aspiración presidencial de Ruíz Massieu
¿Qué provocó el homicidio de José Francisco? Tal vez la respuesta sea la siguiente: Pichardo Pagaza y Ruiz Massieu “Viajábamos rumbo al porfiriano University Club.
“Mi proyecto personal consiste, Nacho, para que lo sepas, en ser a partir de ese momento [después de instalar la Cámara de diputados como coordinador de la fracción mayoritaria], secretario de Gobernación y posteriormente, en su momento, candidato a la presidencia de la República.
“Me quedé boquiabierto por el desparpajo y la franqueza inusual. No me pidió que se lo comentara a Ernesto; supuso, correctamente, que así lo haría. Zedillo escuchó el relato sin parpadear, esbozó un instante de sonrisa, movió la cabeza y no pronunció palabra”.
¿Quién o quiénes no lo querían en la presidencia de la República? ¿Por qué Ruiz Massieu –talentoso y experimentado– comentó su aspiración con varias personas, además de Pichardo, y no fue hermético con ese proyecto tan delicado? Este 22 de julio cumpliría 79 años.
Nunca he tenido oportunidad de saludar al Lic. Ignacio Pichardo. Tuve noticias de él por comentarios de mi desaparecido y brillante amigo Abraham Talavera, también del Estado de México. Serio con sus opiniones, Talavera siempre se expresó de él con reconocimiento a su capacidad, honorabilidad y eficacia. Su libro –debería ser leído por los dirigentes priistas para entender el porqué de la debacle de su partido– así lo demuestra.