EL-SUR

Sábado 26 de Noviembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

2016, ¿un año pandórico?

Saúl Escobar Toledo

Enero 06, 2016

La violencia es un asunto mayor que ha puesto en crisis al régimen y a la llamada transición democrática, al pluralismo político y a las instituciones del Estado. El asesinato de la alcaldesa de Temixco, Morelos, Gisela Mota, una mujer de lucha y compromiso con su pueblo, no sólo es parte de una larga cadena de muertes que afecta a casi todo el país, en especial a Guerrero. Es también una demostración de fuerza de los grupos del crimen organizado y de la fragilidad de nuestras instituciones, en varios casos puestas al servicio de la delincuencia que dicen combatir.

Poco antes de que terminara el 2015, la expectativa de un año nuevo más próspero fue desmentida severamente por Cristina Lagarde en un artículo publicado en Alemania. La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó un 2016 “duro” debido a la inestabilidad financiera global. El aumento en las tasas de interés en Estados Unidos, ligado a la desaceleración del crecimiento de China, dijo, anuncian tiempos difíciles. “Todo ello significa que el crecimiento global será decepcionante y desigual”. También señaló que la caída en el comercio mundial provocará una disminución de los precios de las materias primas (incluyendo el petróleo) y problemas a las economías en desarrollo que exportan las “commodities”. Doña Cristina no se detuvo aquí y aseguró también que los ataques terroristas y la afluencia masiva de migrantes provenientes de Asia y África a Europa son un síntoma de intensas tensiones políticas y económicas que también amenazan la estabilidad mundial.
Quizás con menos dramatismo, pero en un tono igualmente pesimista, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) en su Balance preliminar de la economía de América Latina y el Caribe publicado a fines del año pasado, confirmó que “la economía mundial continúa mostrando bajos ritmos de crecimiento, tendencia que persistirá en el mediano plazo”. También señaló que “no cabe esperar un repunte de los flujos de financiamiento disponibles para los mercados emergentes”, es decir que es previsible una mayor fuga de capitales de las regiones menos desarrolladas hacia Estados Unidos. La Cepal se mostró particularmente preocupada en el caso de América del Sur pronosticando un crecimiento negativo de -0.8 por ciento.
Para México, la CEPAL espera un repunte del PIB de 2.6 ñpor ciento y el FMI de 2.5 pero ambas instituciones apuntan riesgos significativos por la volatilidad financiera, es decir el peligro de una significativa fuga de capitales. A ello hay que agregar el impacto de la devaluación del peso frente al dólar. Así pues, para nuestro país, la incertidumbre es también la nota dominante para el 2016.
A este panorama económico habrá que agregar la situación política. De un lado, las tensiones regionales en una enorme franja geográfica que incluye Turquía, Siria, Irak, Israel, Palestina y el conjunto de la península arábica motivadas por los diversos conflictos: principalmente la guerra civil en Siria y la ocupación de una importante porción del territorio de este país e Irak por el llamado “Estado Islámico de Irak y Siria” (ISIS por sus siglas en inglés). Las acciones terroristas del ISIS en Europa y Estados Unidos han desatado una guerra de alcances imprevisibles en la que participa una amplia coalición de países. A esta situación hay que agregar ahora, por los hechos acaecidos en los primeros días de enero, el conflicto entre Irán (de mayoría chiita) y Arabia Saudita (de mayoría sunita). En este conflicto pesan razones religiosas, la enemistad de más de mil años dentro del mundo musulmán entre esas dos tendencias, que tiene su propia historia.
En el año 656 el yerno de Mahoma, Ali, fue elegido cuarto califa, pero tuvo la oposición del gobernador de Siria, destacado líder de los Omeyas. La contienda entre ambos culminó al siguiente año sin un arreglo, lo que dio lugar a dos corrientes dentro del islam: los sunníes y los chiíes. Esta disputa se consolidó debido a que cada bando adoptó distintas interpretaciones del Corán y ritos y prácticas religiosas tan distintas que unos y otros se acusan desde entonces de herejía. Actualmente, los sunníes (los hombres de la Sunna o del libro del Corán) son mayoría abrumadora dentro del islam (alrededor del 85 por ciento) y los chiíes (partidarios de Alí, el primo y yerno de Mahoma) la minoría (entre el 10 y el 15 por ciento). Los primeros son dominantes en África del Norte, Libia, Egipto, Arabia Saudita, Siria, Pakistán, Indonesia y África negra, y los chiíes en Irán, Irak y Líbano. Este viejo conflicto fue alimentado por Estados Unidos ya en el siglo XX al proteger al grupo islámico más radical de los sunníes para que se hiciera del poder en Arabia Saudita, poder que aún conservan, a cambio de asegurarle el suministro del petróleo. Después, también protegió y financió a otra ala radical sunnita, Al Qaeda, para que hicieran frente a la invasión rusa de Afganistán. Y finalmente, la invasión de este país por los propios norteamericanos y luego de Irak fue un elemento decisivo para la radicalización de otro grupo anti chiita que derivó en el ISIS.
Las confrontaciones en esta región del mundo no se explican por razones puramente religiosas y el fundamentalismo de estos grupos. Hay una pugna por el control territorial y los recursos naturales, sobre todo el petróleo de la Península Arábiga. También se juega la enorme riqueza financiera de los estados sunitas como Kuwait y Qatar. Se trata de un conflicto muy complejo. Lo peor es que no se vislumbra un arreglo que pudiera traer la paz a la región en el corto plazo. La confrontación entre los sauditas y los iraníes agravará las cosas e impide por lo pronto cualquier solución pacífica.
Si en Medio Oriente los fundamentalismos religiosos alimentan ideológicamente el conflicto armado, en Occidente el radicalismo también se ha fortalecido con la aparición de tendencias político-ideológicas de corte “fascista” en Europa y Estados Unidos. Joschka Fischer, ex ministro de relaciones exteriores y ex vicecanciller de Alemania asegura que Donald Trump, Marine Le Pen en Francia, Orbán en Hungría y Kaczynski en Polonia, entre otros, tienen en común su xenofobia (y en particular su islamofobia) y adoptan una definición de nacionalidad según la cual los ciudadanos pertenecen a una comunidad en razón de una ascendencia étnica y religiosa, lo que les da una inspiración fundamentalista obsesionada por el etnonacionalismo, el racismo y la guerra. Es, según Fischer, el fascismo “de Occidente”, de “los ricos”, resultado del miedo de que el “Mundo del Hombre Blanco” esté en decadencia terminal tanto a escala global como en las sociedades occidentales y de su apreciación de que la globalización económica ha resultado en una pérdida de poder de ese “mundo” en beneficio del Oriente, en particular de China. De ahí su repudio violento a la inmigración proveniente de Asia y África (en Europa) y de México (y América Latina) en el caso de Estados Unidos. La posibilidad, todavía muy lejana, de que Trump sea electo presidente de Estados Unidos en las elecciones de fin de año, representa un serio riesgo para México y para el mundo.
En nuestro país, además de la expectativa para 2016 de un bajo crecimiento y la prolongación de un panorama de empleos precarios, bajos salarios y predominio del trabajo informal, tenemos el problema de la violencia. Se trata de un asunto mayor que ha puesto en crisis al régimen y a la llamada transición democrática, al pluralismo político y a las instituciones del Estado. El asesinato de la alcaldesa de Temixco, Morelos, Gisela Mota, una mujer de lucha y compromiso con su pueblo, hace unos días, no sólo es parte de una larga cadena de muertes que afecta a casi todo el país, en especial a Guerrero. Es también una demostración de fuerza de los grupos del crimen organizado y de la fragilidad de nuestras instituciones, en varios casos puestas al servicio de la delincuencia que dicen combatir.
Así pues, los pronósticos para 2016 no pueden encontrar muchas razones para el optimismo. Y, sin embargo, siempre podremos recordar a Rubén Darío (en su poema Salutación del optimista, 1905) que decía que “en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron” encontraremos también “la celeste Esperanza”. “Abominad la boca que predice desgracias eternas” recomendaba, y… “únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos”. Pues esos “zodiacos funestos” son el anuncio de un nuevo momento en el que “mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto; retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte…”

Twitter: @saulescoba