EL-SUR

Sábado 18 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

2017, un año de incertidumbre en Francia

Gaspard Estrada

Enero 04, 2017

El año 2017 empezó de la misma manera que terminó el 2016, es decir con otro drama humano. Cerca de cuarenta personas murieron en un atentado terrorista en una discoteca en la ciudad de Estambul, la capital económica de Turquía. A pesar de un importante despliegue policiaco (más del 17 mil agentes estaban presentes en las calles el 31 de diciembre), el autor de este crimen continúa libre. Si bien es probable que en los próximos días las autoridades lo arresten, el efecto político y mediático esperado por estos grupos terroristas se ha logrado de nueva cuenta. El miedo y la percepción de inseguridad provocada por estos atentados seguirán alimentando el debate entre seguridad ciudadana y libertades democráticas en el electorado europeo. Los resultados de las encuestas de opinión publicadas recientemente en este continente han traducido en cifras la profundización de este viraje político e ideológico, que ha beneficiado principalmente a los partidos y movimientos de derecha y extrema derecha. ¿Cuál será la consecuencia política de esta nueva realidad, teniendo en cuenta que varios países, incluyendo Francia, elegirán jefes de Estado y de gobierno en los próximos doce meses?
En este país, las elecciones regionales de diciembre de 2015 han dejado un balance agridulce para la extrema derecha, dirigida por Marine Le Pen, del partido Frente Nacional y candidata a la Presidencia de la República en abril próximo. Si bien su partido obtuvo la mayoría de los votos en la primera vuelta en buena parte de las regiones en juego, la existencia de una coalición informal de los partidos llamados “republicanos”, tanto de derecha como de izquierda, provocó que los candidatos de esta formación racista y xenófoba, perdieran el escrutinio final. Hoy en día, a poco más de cuatro meses de la primera vuelta, las encuestas indican que el escenario de una eliminación en segunda vuelta de Marine Le Pen es el más probable, de la misma manera que en 2002, cuando el padre de esta última, Jean-Marie Le Pen, perdió en la segunda vuelta con poco más de 17% de los votos, frente a los 82% del entonces presidente Jacques Chirac. Desde entonces, Marine Le Pen ha intentado transformar la imagen pública de su partido, así como su mensaje electoral. Concretamente, su plataforma política ha retomado un discurso de defensa del rol protector del Estado-Nación, frente a la Unión Europea, acusada de ser la responsable de la pauperización de las clases medias-bajas, así como de la clase obrera de ese país, que anteriormente era un electorado fiel de los partidos de izquierda, y que han pasado a votar en buena medida por la extrema derecha. Por otro lado, para evitar que el partido continúe estando contaminado por la pésima imagen de Jean-Marie Le Pen (quien ha cuestionado públicamente que haya existido el holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial) el Frente Nacional decidió expulsar de sus filas a este último.
En el campo de la derecha, a raíz de un proceso de elecciones primarias, el ex primer ministro de Nicolás Sarkozy, François Fillon, se impuso como el candidato del partido Los Republicanos. En un primer momento, la sorpresa y la amplitud del margen entre François Fillon y el segundo, Alain Juppé, de más de 30 por ciento, alimentó en la clase política una percepción de fortaleza de esta candidatura. Sin embargo, en las semanas siguientes a esta victoria, los medios de comunicación empezaron a disecar el programa electoral de Fillon. Entre las principales propuestas de este último, los periodistas destacaron las económicas y sociales, en particular la propuesta de eliminar más de 500 mil puestos de trabajo en la función pública, así como la voluntad de replantear el funcionamiento del seguro social. Esas dos propuestas crearon una fuerte polémica pública, lo que causó que Fillon haya perdido algunos puntos en las encuestas de opinión. Sin embargo, continúa encabezándolas, con un promedio de entre 25 y 30 por ciento de las intenciones de voto.
Finalmente, la izquierda se encuentra profundamente divida, inclusive después del sorpresivo anuncio del presidente François Hollande de no ser candidato a su reelección. Dentro del Partido Socialista (PS), la organización de elecciones primarias a finales de este mes para elegir a su candidato presidencial no parece haber creado una dinámica política positiva, contrariamente al año 2011, cuando la candidatura de François Hollande recibió un fuerte impulso después de vencer en la elección interna. En esta ocasión, cuatro candidatos tienen una posibilidad de triunfo: Manuel Valls, Benoît Hamon, Arnaud Montebourg y Vincent Peillon. Todos fueron ministros de Hollande, y por ende, será difícil para cualquiera de ellos distanciarse de su durante la campaña presidencial. Este difícil posicionamiento tiene desde ahora una traducción en las encuestas de intención de voto. Ninguno de los contendientes rebasa el 15 por ciento de las preferencias electorales. Frente a ellos, dos candidaturas de antiguos miembros del PS, Emmanuel Macron y Jean-Luc Mélenchon, parecen condenar las posibilidades de llegada a la segunda vuelta del vencedor de la interna socialista. Tanto Macron como Mélenchon no están dispuestos a renunciar a sus aspiraciones presidenciales, y en este contexto, la división puede ser fatal para la izquierda. La derecha, visiblemente, se encuentra bien posicionada para volver a gobernar Francia.

* Director Ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París.
Twitter: @Gaspard_Estrada