EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

2018-2024

Jesús Mendoza Zaragoza

Septiembre 17, 2018

Excesivamente altas son las expectativas relacionadas con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Yo diría, hasta abrumadoras. Tan altas, que podría ser del mismo tamaño la decepción al paso del tiempo, hasta llegar al 2024. Y es que existe tantísimo dolor acumulado desde décadas y tantas frustraciones relacionadas con los gobiernos anteriores, que se antoja que el próximo gobierno se convierta en un mago que sane las heridas que México ha recibido en los últimos años. Hay una honda necesidad de un cambio de régimen. Y una gran exigencia, también, de un gobierno diferente, que dé un trato respetuoso al pueblo y que cumpla sus obligaciones relacionadas con la seguridad, la paz y la justicia.
La verdad, es necesario ser realistas y entender que un sexenio no alcanza para tanto como desearíamos. Y por otra parte, no será fácil este cambio de estilo de gobernar –si es que se da– para sacar a este país de las condiciones desastrosas que tiene. Si se llega a dar un gobierno centrado en el bien público, tendrá que lidiar con inercias estructurales e institucionales en todos los ámbitos de la realidad del país. Tendrá que lidiar, en primer lugar con el viejo régimen que ha secuestrado la política para convertirla en un negocio. Y tendrá que lidiar, también, con el poder económico, nacional y trasnacional. Los dueños del dinero están mansitos por ahora, pero no creo que este sea el tono de su actitud si ven que tocan y afectan sus intereses. Transformar la política en un instrumento al servicio de la nación no será fácil, ni transformar la economía para que disminuyan sustantivamente las desigualdades, tampoco será fácil.
Si López Obrador no es ningún mago, y si tiene sólo seis años en sus manos para conducir el país, ¿hasta dónde podría avanzar para sacarlo de la postración que sufre? Yo entiendo que el rezago en todos los órdenes, es de décadas y el desastre humanitario que tenemos es mayúsculo, tanto que necesitamos al menos dos décadas para que el país pueda tener condiciones aceptables de gobernabilidad, de igualdad económica, de paz y de justicia. Y eso, si es que transitamos en la dirección correcta y ponemos el remedio adecuado a nuestros grandes problemas nacionales. Quiero, a manera de cálculo, apuntar algunas de mis expectativas para este ciclo de seis años de gobierno.
Primera. Que la oferta de combate a la corrupción se cumpla con un cero tolerancia, mediante políticas públicas suficientes para asegurar que la clase política no siga figurando como una sanguijuela que desangra al país. En seis años puede llegarse a niveles sustancialmente bajos de corrupción poniendo todos los controles necesarios, tanto legislativos como institucionales, para que la honestidad se convierta en una actitud política. Para empezar, el próximo gobierno tendría que sacudirse a “ratas” y “cucarachas” que se han ido colando en los poderes públicos a través de Morena en el pasado proceso electoral. Y si a esto sumamos la austeridad como política pública institucionalizada, mejor.
Segunda. Que se haga el saneamiento y la profesionalización de todo el sistema de justicia, tanto de la procuración de justicia como de la administración de la misma por el Poder Judicial. Que las fiscalías sean autónomas y distantes de intereses políticos. Esto daría como resultado el abatimiento sustancial de la impunidad que padecemos y la restauración de la confianza de los ciudadanos en estas instituciones nada confiables hasta ahora.
Tercera. Que la economía tenga un rostro más humano en cuanto que las desigualdades se sometan a un proceso de disminución, mediante una mejor distribución de los beneficios económicos que alcance a los abandonados de hoy. Se requiere que el gobierno no esté subordinado a los poderes económicos sino que tenga la capacidad de regular con eficacia a la economía para que no sea factor de desigualdades ni de privilegios. En nuestro contexto global, no será tan fácil, lo sé y lo adelanto.
Cuarta. Que se dé un fortalecimiento y un empoderamiento de la sociedad, como contrapeso político y como colaboración con el poder público, que podría garantizar políticas de Estado más allá del sexenio lopezobradorista. Si la sociedad se entiende a sí misma como aliada de un gobierno que busca su bien, le otorgará a éste la legitimidad y la autoridad moral para que sostenga el paso hacia una sociedad más democrática y pacífica.
Quinta. Que integre un talante ético a la política, de manera que aparezca como un servicio y no como un negocio. Que el gobierno recupere la autoridad moral que necesita para liderar al país y conseguir la confianza de los ciudadanos y de los pueblos.
Sexta. Con el cumplimiento de las expectativas anteriores, creo que se darían las bases para desactivar los principales factores de la violencia y de la inseguridad que han desatado el desastre nacional que tenemos en el país. El cáncer de la violencia se ha apoderado del poder público y ha dañado profundamente a la sociedad y se requiere una terapia de largo alcance. ¿Hasta dónde se podría avanzar en estos seis años? Aquí veo el papel fundamental de la educación en todas sus expresiones, tanto las institucionales como las informales. Todos necesitamos reeducación para que la así llamada Cuarta Transformación tenga un componente cultural fundamental. La clase política necesita reeducarse para transformarse en un capital humano que beneficie al país. Los empresarios necesitan reeducarse para la solidaridad económica, las universidades y las escuelas tienen que repensar su rol educativo para el desarrollo del país sobre bases humanistas que sean duraderas. La sociedad tendría que reeducarse en la participación, en la solidaridad y en los diferentes valores cívicos. Sólo así podemos esperar la reconciliación y la paz, como valores humanos y espirituales, que tanto necesitamos hoy.
Podemos convertirnos en un gran país, con una cultura adecuada para una paz sostenida y con un espíritu firme ante las adversidades. Vamos, con estos logros en este sexenio me conformo. ¿Será esto mucho pedir?