EL-SUR

Viernes 07 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

2018: la oposición ganó… con una buena ayudada del gobierno

Jorge G. Castañeda

Mayo 05, 2021

(Segunda de dos partes)

Un segundo caso emblemático fue Baja California Sur. El gobernador del estado, Carlos Mendoza Davis, era en principio panista, pero siempre rechazó la candidatura presidencial de Anaya. Desde tiempo atrás formaba parte del círculo de amigos del candidato presidencial priista José Antonio Meade y de Luis Videgaray, el estratega presidencial. Mendoza fungió, para todo efecto práctico, como gobernador priista, antes, durante y después de las elecciones. López Obrador obtuvo 14 por ciento más en Baja California Sur que en su promedio nacional; Meade 7 por ciento menos que el suyo.
La clave, además de la relación entre Mendoza Davis y los tecnócratas de Peña Nieto, fue quizá la operación política del anterior gobernador, Leonel Cota, en San José del Cabo, el segundo municipio del estado, a favor de López Obrador, con o sin el consentimiento de Mendoza Davis. Es cierto que Mendoza Davis ha formado parte del frente federalista de gobernadores que se oponen al gobierno federal. Su apoyo a López Obrador en 2018 no habría sido para salvar su pellejo u obtener recursos, sino como un favor convenido con Meade y Videgaray, es decir, con Peña Nieto.
Una tercera ilustración de este extraño comportamiento electoral se puede detectar en Sinaloa. López Obrador consiguió 15 por ciento más votos en ese estado que su promedio nacional. El gobernador Quirino Ordaz es priista. Hasta allí nada nuevo. Pero poco tiempo antes de la elección, su jefe de asesores, Rubén Rocha, priista de muchos años, renunció a su cargo para postularse como candidato al Senado por… Morena. Amigos suyos de muchos años, al cuestionarlo sobre esta decisión, en apariencia inexplicable, recibieron una respuesta lapidaria: “Es con el visto bueno del ‘góber’, y además quiere que opere la elección a favor de AMLO”. Tres años después, Rocha es candidato a gobernador por Morena, se sospecha que con todo el apoyo, pactado, desde luego, de AMLO y de Quirino Ordaz. Sinaloa es uno de los estados más visitados por el presidente López Obrador desde diciembre de 2018.
El último caso es el de Morelos. Como ya vimos, López Obrador obtuvo ahí casi catorce puntos porcentuales más que su promedio nacional. El candidato del PRI, José Antonio Meade, sacó 6 por ciento menos que su promedio nacional. Gente cercana al gobernador de entonces, Graco Ramírez, no atribuye la diferencia a la presencia en la boleta de Cuauhtémoc Blanco, que hubiera podido arrastrar una mayor votación por López Obrador. El círculo de Graco explica el resultado “anormal” más bien por el mal candidato que llevó su partido a la gubernatura y debido a los escándalos de corrupción atribuidos a la familia del exgobernador. El hecho es que en Morelos, López Obrador obtuvo una votación superior a la que se esperaba. Es posible, como dice la versión de los adversarios del gobernador, que el pacto lo haya incluido de manera indirecta. A pesar de múltiples investigaciones, nadie de su administración o de su familia ha sido imputado. O porque no hay nada de qué acusarlos, o porque se decidió no buscar donde había algo.
Por ahora no hay forma de comprobar la veracidad de estas hipótesis. Con el tiempo, algunos gobernadores y operadores priistas tal vez aclaren en público lo que sucedió. Asimismo, correlaciones más finas, ya con las cifras de la elección de senadores, diputados y presidentes municipales del PRI en varios estados (por ejemplo en el corredor azul del Estado de México), podrán corroborar o desmentir esta tercera pata del trípode fraudulento de la elección de 2018. Mientras, hay que aceptar que los mismos hechos aquí descritos pueden encerrar explicaciones muy distintas. Entre ellas, el tsunami lopezobradorista en todo el país por consideraciones puramente locales y casuísticas, incluso por el azar, o por el manejo político de la votación desde el liderato nacional del PRI, desde la Presidencia de la República, idea rectora de este análisis.
La confirmación de esta idea no significaría que el movimiento social-electoral que llevó a López Obrador a la presidencia haya sido un mito. Para nada. Hubo un rechazo a los malos gobiernos de 2006 a 2018, cada uno malo por distintas razones: el de Fox por no cumplir las expectativas y no romper con el pasado. El de Calderón por la guerra elegida, inútil y sangrienta contra el narco. El de Peña Nieto por la corrupción, la frivolidad y el sectarismo mexiquense. López Obrador despertó la esperanza de muchos mexicanos. La división de los opositores y los errores de la campaña del Frente fueron factores importantes e inexcusables. Pero todos los errores de esta hipótesis, los errores de la oposición, no alcanzan a explicar los treinta puntos porcentuales de ventaja de López Obrador ni los 18 millones de votos de diferencia.
La confirmación o el desmentido de esta tesis se dará en las elecciones de junio. Si a Morena le va muy bien en los mismos estados donde gobernaban priistas en 2018, la hipótesis se caerá por su propio peso. Habrá elecciones de gobernador en varios de los estados mencionados aquí: Tlaxcala, Baja California Sur, Sinaloa, Campeche. Salvo en el caso de Sinaloa, no parece haber disposición del gobernador saliente a ayudar a Morena. Si el partido del presidente gana con números parecidos a los que obtuvo en 2018, la hipótesis difícilmente se sostendrá. Querrá decir que no lo ayudaron entonces los poderes priistas locales. Pero si ahora, cuando los mismos gobernadores priistas pertenecen a la oposición y a la coalición Va por México, a Morena le va mucho peor que a López Obrador en 2018, habrá algunos elementos de comprobación.
Sin los tres pies del trípode revisados en este número de Nexos: campaña de Peña Nieto contra Anaya, apoyo de gobernadores priistas a AMLO, sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados, López Obrador no habría tenido 53 por ciento del voto y una mayoría calificada en la Cámara Baja. Más bien habría logrado un total cercano al 43 por ciento de Fox en 2000 y apenas una mayoría simple en la Cámara. Nada mal, pero de ninguna manera la marea por el cambio. Si no hay tal marea, todo lo demás se cae por añadidura. El PRIAN habría rozado el 60 por ciento del voto, como en efecto lo tuvo, cerca de esa cifra, si se suman sus votantes. El rechazo a la corrupción, a la desigualdad, a la violencia habría sido real, pero no se hubiera extendido de modo tan drástico como se extendió en la narrativa política posterior a los acontecimientos.
Si todo esto es cierto, la oposición no está tan desacreditada, Morena no es tan amada ni López Obrador tan admirado. Ganó, pero con un mandato “normal”, y no por un margen “histórico”.
Ganó, como dirían los clásicos, con una ayudadita: With a little help from his friends.