EL-SUR

Jueves 20 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

25 años del Congreso Nacional Indígena

Tryno Maldonado

Octubre 26, 2021

METALES PESADOS

A un cuarto de siglo desde el inicio de la conformación del espacio considerado “la casa de los pueblos indígenas” y al que se autoconvocó el primer Congreso Nacional Indígena (CNI), el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que es a su vez parte del CNI, denunció en el comunicado “Chiapas al borde de la guerra civil” los hechos ocurridos el día 11 de septiembre pasado, en los que miembros de la ORCAO –organización paramilitar al servicio del gobierno chiapaneco– secuestraron en horas de la mañana a las autoridades autónomas de la Junta de Buen Gobierno de Patria Nueva: Sebastián Núñez Pérez y José Antonio Sánchez Juárez.
La ORCAO, denunciaron los zapatistas, “es una organización político-militar de corte paramilitar, tiene uniformes, equipos, armas y parque obtenidos con el dinero que reciben de los programas sociales. Se quedan con una parte y la otra la dan a los funcionarios para que publiquen que se está cumpliendo con el asistencialismo. Con esas armas disparan todas las noches contra la comunidad zapatista de Moisés y Gandhi”.
El EZLN, a decir de ellos mismos, “aguardó con paciencia hasta agotar los canales posibles para la solución. Mientras el gobierno del estado de Chiapas saboteaba y estorbaba la liberación, fueron organizaciones defensoras de los derechos humanos y la Iglesia católica progresista quienes valoraron con justeza lo que podría ocurrir”.
Estas agresiones no son en absoluto nuevas. Las hemos venido denunciando una a una en este mismo espacio durante los últimos años. En el sureste mexicano se lleva a cabo desde hace tiempo una guerra de baja intensidad. Lejos de los temas que le interesa imponer todas las mañanas al poder, se está empleando simultáneamente una estrategia sistemática de contrainsurgencia contra las comunidades originarias que construyen otros modos de vida digna, que trabajan en el desarrollo de sus autonomías y que ejercen su libre determinación. Esto al poder no le gusta.
La apuesta de las comunidades zapatistas, por su parte, ha sido desde siempre por modos de vida que superan la esquemática imaginación política de partidos y gobiernos capitalistas, llámense a sí mismos de izquierda o de derecha. Estas formas de organización que tienen la autonomía como horizonte permanente, se han vuelto modelo y referente para las resistencias en todo el mundo. Su expansión en ámbitos como la educación, salud y seguridad –que el propio Estado capitalista les ha negado por generaciones–, así como su despliegue territorial en los últimos años, son una piedra en el zapato para los intereses extractivistas y de despojo de los partidos políticos y los grandes capitales a los que éstos responden.
El llamado internacionalista que ha hecho el EZLN en los últimos meses ante este escenario sistemático de despojo y contrainsurgencias, es a la Europa solidaria de abajo y de izquierda, donde una delegación y miembros del Congreso Nacional Indígena se encuentran intercambiando y tejiendo experiencias de luchas y resistencias.
Todo esto ocurre en torno al vigésimo quinto aniversario de que los pueblos indígenas en resistencia se convocaran por primera vez en un histórico Congreso Nacional Indígena. El 12 de octubre de 1998, tras la traición del gobierno mexicano a los Acuerdos de San Andrés, y acompañados por el EZLN, 3 mil delegados de los pueblos indígenas de todos los rincones del país y más allá de las fronteras impuestas por los Estados-nación, acompañados por el Comité Clandestino Revolucionario del EZLN acordaron conformar un espacio organizativo propio y guiado bajo los siete principios zapatistas del mandar obedeciendo.
A 25 años de esa iniciativa que poco a poco ha abierto grietas en el sistema capitalista patriarcal y que ha sembrando semillas de dignidad, imaginación, organización y vida a su paso, exhorta en el contexto actual de contrainsurgencias, violencia, militarización de la vida pública e imposición de megaproyectos como el mal llamado Tren Maya, a todas y todos aquellos que “en lo colectivo o en lo individual son parte del CNI, o han acompañado, así sea como observadores, su paso en este cuarto de siglo, a una reflexión colectiva profunda que, mediante reuniones, foros, conferencias y actividades de toda índole que se realicen a partir de este 12 de octubre y hasta el 12 de octubre del año 2022, culminando con una gran Asamblea, busque respuesta a la pregunta “¿Qué sigue?”.
Hasta que la dignidad se haga costumbre.