Tryno Maldonado
Noviembre 21, 2023
METALES PESADOS
Este 17 de noviembre se cumplen 40 años del nacimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Libertad. Democracia. Justicia. Salud. Alimentación. Vivienda. Esas eran parte de sus exigencias. Tras la traición del Estado mexicano a los Acuerdos de San Andrés muchos de estos ámbitos han crecido en autonomía y se han vuelto autosuficientes en las comunidades zapatistas que hoy abarcan un considerable territorio ganado al Estado.
La reforma al Artículo 27 constitucional que permitía la privatización de los territorios de los pueblos indígenas y la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de 1994 –hoy en día ratificado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador– fue el contexto adverso en el que los pueblos cada vez más organizados alzaron la voz para decir que existían, tenían derechos y exigían, por tanto, una profunda reforma del Estado para ser reconocidos en un nuevo proyecto de nación que el liberalismo vino construyendo durante los últimos 200 años.
El levantamiento zapatista implicó una modificación profunda. Creó las posibilidades que ya estaban en una perspectiva distinta. En palabras de Carlos González –miembro de la coordinación del Congreso Nacional Indígena del que forma parte el EZLN–, a partir de entonces “los pueblos empezaron a juntarse distinto a la lógica de aislamiento de la Revolución mexicana; empezaron a generar organización colectiva. Lo que se aceleró con las mesas de San Andrés. Nuestras comunidades adquirieron significativa conciencia de su existencia, de su historia, de su importancia en el conjunto del tejido de la nación. Antes de 1994 nuestros pueblos eran menospreciados. El zapatismo hizo estallar esa inercia. Un impacto decisivo desde los lugares en los cuales luchamos. Tuvo efectos políticos directos sobre los pueblos originarios”.
Pero hubo efectos significativos del EZLN también en las ciudades, en la vida cultural, intelectual y artística del país. En movimientos no sólo de México y no sólo indígenas, sino también de buena parte del mundo. Hay una influencia indiscutible del zapatismo en sectores significativos de las izquierdas latinoamericanas, europeas y de las izquierdas más críticas de los abajos.
“El EZLN vino a cambiar el lenguaje de lo político y le viene a dar un contenido inédito”, afirmó alguna vez la antropóloga Alicia Castellanos. “Un lenguaje democrático que marcaba una postura ética: marcado por la inclusión de género, de la diversidad cultural, sexual, de modos de participación en lo político y que marcó la lucha. Rompía con los discursos de partido, de una izquierda que siempre privilegió lo electoral, y a distanciarse tremendamente de las organizaciones populares. Un discurso poético que atrajo muchísimo a la sociedad civil, que impactó en el ámbito universitario. Propuestas por la ética y por la estética de dimensión nacional e internacional. En la práctica se va consolidando en los procesos organizativos y autonómicos. Además de la participación de las mujeres en la acción y organización como profunda conciencia anti-patriarcal”.
En el más reciente comunicado de noviembre 12, el subcomandante insurgente Moisés detalla la nueva estructura de la autonomía zapatista que han consensuado las comunidades después de 10 años de deliberación entre sus bases:
“La base principal, que es no sólo donde se sostiene la autonomía, también sin la cual no pueden funcionar las otras estructuras es el Gobierno Autónomo Local (GAL). Hay un GAL en cada comunidad donde habitan bases de apoyo zapatistas. Los GAL zapatistas son el núcleo de toda la autonomía. Son coordinados por los agentes y comisariados autónomos y están sujetos a la asamblea del pueblo, ranchería, comunidad, paraje, barrio, ejido, colonia, o como se autonombre cada población. Cada GAL controla sus recursos autónomos organizativos (como escuelas y clínicas) y la relación con pueblos hermanos no-zapatistas vecinos”.
El pensador Raúl Zibechi ha sido enfático en que, a 40 años de la fundación del EZLN, “el gobierno de (Andrés Manuel) López Obrador está lanzando una guerra de desgaste contra los territorios autónomos zapatistas impulsando a grupos paramilitares”. Y ha dicho que “la autonomía es como la vida práctica de los pueblos: sucede en todo momento, en todos los espacios, independientemente del lugar donde estemos. La autonomía no puede ser sino colectiva. La autonomía no son instituciones. La autonomía son prácticas. Se emparienta con el autogobierno.” Tal como en los procesos de praxis del EZLN.
Debido a todo esto, el EZLN se ha reorganizado este año en estructura y disposición en vías de aumentar la defensa y seguridad de los pueblos y recursos en caso de más “agresiones, ataques, epidemias, invasión de empresas depredadoras de la naturaleza, ocupaciones militares parciales o totales, catástrofes naturales”. Se han preparado, en sus propias palabras, “para que sobrevivan nuestros pueblos, incluso aislados unos de otros”.
“El progresismo es la ofensiva más fuerte contra los pueblos”, ha concluido Zibechi. “Está envuelta con los código de los pueblos. Y eso representa la 4T. Una de las ofensivas más fuertes contra el EZLN”.