EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Liderazgos campesinos torcidos

Héctor Manuel Popoca Boone

Octubre 21, 2004

 

Existe una sensación de hartazgo campesino en torno a ciertos líderes sociales sempiternos. No exteriorizan su inconformidad porque llevan el riesgo de sufrir represalias o exclusión, mínimamente de los beneficios gubernamentales que obtienen de su organización social. Causas y motivos son diversos, siendo los más frecuentes, en términos generales, los siguientes:

Los campesinos no están conformes con que sus dirigentes les rasuren los apoyos gubernamentales. Tampoco en sufrir discriminación o trato inequitativo a favor de familiares, compadres, amistades o incondicionales de los propios dirigentes. La operación del Programa de Empleo Temporal adolece de tal defecto. El entregar los recursos económicos a los directivos de organizaciones sociales y no darlos en forma nominativa a los agremiados se ha convertido en buena fuente de ingresos económicos ilegítimos de los primeros.

Se dan casos en que las bases campesinas empiezan a repudiar a sus dirigentes porque se eternizan o tratan de hacerlo en los cargos directivos. Hay liderazgos campesinos que han durado más de 15 años en los puestos de dirección; mostrándose renuentes a cederlos a dirigencias emergentes con sangre, trabajo, visión y emoción nuevas. Son los mismos de siempre, que se rotan en los cargos directivos y que por lo mismo convierten los liderazgos en un buen modus vivendi. No es que se sacrifiquen por la causa social sino que lucran por medio de ella. La última moda es dirigir organizaciones campesinas a control remoto desde centros urbanos.

También empiezan los campesinos a darse cuenta que sus dirigentes los usan como objetos de mercadeo político; es decir, los utilizan para ofrecer el voto colectivo, pretendidamente cautivo, al mejor postor político, a cambio de canonjías, prebendas económicas o futuros puestos políticos o administrativos. Esta práctica va quedando obsoleta a medida que pasa el tiempo, en virtud de que a la hora de votar, los electores lo hacen por quien mejor les parezca, a pesar de que sus líderes hayan comprometido su sufragio en paquete a algún partido político o candidato.

La experiencia demuestra que muchas organizaciones campesinas se han dividido y desintegrado, no tanto por el hostigamiento o represión gubernamental, sino por la disputa de los recursos económicos gubernamentales entregados. El dinero público y su administración se convierten en manzanas de la discordia que los llevan al conflicto interno y a la fragmentación organizacional, tarde que temprano.

La falta de transparencia y rendición de cuentas a los agremiados son prácticas inusuales en los dirigentes. Les pasa lo mismo que a los partidos políticos: hacia afuera de la casa claman por mayor democracia y rendición de cuentas; pero a su interior no las practican o las ejercen en forma manipulada. Dirigir un partido político o una organización social productiva puede convertirse en negocio personal redituable, económico y político.

También debemos de reconocer que corrupción como prácticas viciadas en la conducción social han sido inducidas o fomentadas desde siempre por el mismo aparato gubernamental o por los políticos de toda laya. Más que ejemplos edificadores de pulcritud, honestidad, transparencia y ejercicio democrático, algunos servidores públicos, políticos y gobernantes de todas las ideologías propician y fomentan la prostitución social, que no es otro nombre el que merece el hecho de comprar conciencias y voluntades.

La errónea concepción que los problemas políticos y sociales salen más baratos resolviéndolos con dinero en el momento puede que lo sea, pero a la larga no es así. Al contrario, se complican y su solución será más difícil por los intereses y hábitos perversos creados y enraizados con tal remedio. La solución dura mientras haya dinero.

Esta incipiente inconformidad campesina para con algunos de sus líderes pocas veces aflora por temor de las bases a que sus dirigentes tomen desquites. Máxime si éstos son solapados y apoyados por servidores públicos o políticos inescrupulosos que los impelen a actuar con desfachatada impunidad.

Termino precisando que mis consideraciones anteriores pudieran pecar de temeridad, de no aclarar que son generalidades de fenómenos sociales que por fortuna son acotados por la existencia de honrosas excepciones de líderes campesinos, servidores públicos y políticos honestos y trabajadores, que por lo mismo, son la esperanza real de regeneración y recomposición del movimiento social en el medio rural.

 

PD1. La primera autorización de recursos públicos federales de la Sagarpa-México a la Cooperativa La Pintada de Arturo Martínez Nateras, para el proyecto de la planta agroindustrial, fue cancelada porque el expediente técnico que presentó contenía un documento apócrifo en donde se asentaba que el gobierno estatal aportaría 4 millones de pesos al proyecto. En dicho documento fue falsificada la firma del gobernador. Los documentos están a la vista.

PD2. Nunca he estado en contra de los proyectos productivos de las organizaciones sociales; siempre estaré en desacuerdo con las formas fraudulentas de obtener recursos públicos para financiarlos.

PD3. La nueva versión del cuento es que Pinocho le espeta a Guepeto: ¡Mientes!