EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

50 fotógrafos en el DF

Humberto Musacchio

Noviembre 23, 2015

El martes, en el Museo de la Ciudad de México (Pino Suárez 30 con República de El Salvador), se presenta el libro Un lugar común. 50 fotógrafos y la ciudad de México (Ed. Hacerse de Palabras-GDF, 2015), con prólogo de Fabrizio Mejía Madrid y semblanzas de los incluidos a cargo de Carmina Estrada. Lamentablemente no se aclara quién hizo la selección del material gráfico en el que hay verdaderas joyas, valiosos descubrimientos que ratifican –si hiciera falta– que la capital mexicana ha sido tierra de promisión para hombres y mujeres de cámara. Por supuesto, no están todos los que son aunque sí son todos los que están. La coordinación general de la obra se debe al estupendo diseñador Pablo Moya. La edición (?) también se le debe a Moya y a Mariela Carcagno y la “investigación y enlace con archivos” fue responsabilidad de Raquel Navarro. La obra se presenta mañana, martes 24, a las 19 horas, y participarán Yolanda Andrade, Lourdes Grobet, el citado Rodrigo Moya, Ernesto Ramírez, Pedro Valtierra y Adam Wiseman. Este inmoderado republicano fungirá como “moderador”. Habrase visto. En fin, allá nos vemos.

Reeditan Tiempo de ballenas

Poeta de amplia producción, Jorge Ruiz Dueñas es también un ensayista prolífico y creativo, como lo demuestra su Tiempo de ballenas, obra aparecida originalmente en 1989 y que ahora llega a su tercera edición con el sello de la UAM, institución de la que el autor fue un eficiente secretario general. Tiempo de ballenas es un despliegue de agudezas y descubrimientos de Ruiz Dueñas, quien supo amasar con buena prosa los productos de su inteligencia. Un mérito más del libro es la colección de estampas que ilustran sus páginas, reproducciones de pinturas, dibujos, grabados y hasta un vitral que hacen referencia a los cetáceos. Hay obras que –suponemos– fueron ejecutadas por encargo del autor y otras que ha ido captando en diferentes lugares o sacado de libros. En fin, un trabajo dedicado que resultó en un libro memorable: Tiempo de ballenas.
Rosario Manzanos: festivalitis

En un artículo aparecido en Excélsior (20/XI/2015), Rosario Manzanos abre una indispensable crítica contra lo que llama “la festivalitis”, en este caso de danza, que es la especialidad de la autora, pero que bien puede extenderse a otras disciplinas. Se supone que los festivales son fiestas de una entidad, una especialidad o una población. No todos los días los habitantes de la mayoría de los estados tienen la oportunidad de admirar a nuestros grandes cantantes, a los mejores bailarines, a las sinfónicas y conjuntos de cámara más prestigiados, a los escritores más creativos o la obra de los más destacados artistas plásticos. Los festivales ofrecen esa oportunidad, o deberían ofrecerla, pero ocurre que generalmente está a cargo de las actividades culturales la señora esposa del alcalde fulano o del gobernador zutano, porque se supone, como declaró alguna vez un gobernador, que “eso es cosa de viejas y de jotos”. La inaceptable expresión sexista muestra sin tapujos el desprecio que le merece a nuestros políticos la cultura, cosa que dejan en manos poco calificadas, lo que da por resultado que las “jornadas culturales” sean un amasijo infame de malos intérpretes, creadores mediocres y, por supuesto, estrellitas de la televisión mercantil que no saben leer de corrido. Hay razones para oponerse a la festivalits, que buen dinero cuesta a los contribuyentes.

José M. Muriá y Zorrilla

Los mexicanos crecimos en el ritual de ver cada año el Don Juan Tenorio de José Zorrilla en alguna de sus múltiples versiones e inacabables parodias. Zorrilla, lamentablemente, forma parte de la cultura popular, por eso es más importante un reciente artículo de José M. Muriá (La Jornada, 21/XI/2015), parcialmente basado en los trabajos sobre Zorrilla de Pablo Mora Pérez Tejada. Es más o menos sabido que Zorrilla se convirtió en el autor de cámara de Maximiliano y la loca Carlota y que incluso le permitieron poner uno de sus bodrios en el estreno del Teatro de la Emperatriz, salón del Palacio Nacional que luego sería sede del Senado. Pues bien, Muriá ha tenido el acierto de poner en su sitio al sinvergüenza de Zorrilla, quien vivió en México y se benefició de la aristocracia rastacuera, esa que antes doblaba la espalda ante todo lo europeo y ahora frente a lo gringo. En fin, que el tipo fue tratado inmerecidamente bien por los mexicanos, pero al caer el imperio él perdió la aviaduría que le dio el Habsburgo y pese a que había prometido no escribir contra México y su gente, mintió y lo desenmascara Muriá, quien cita versos de El drama del alma, obra del azorrillado dramaturgo, a quien en estos días le rinde homenaje alguna dependencia oficial, pese al rencor que esputa contra la nación mexicana:
Ojalá seas yankee y luterana,
porque para llegar hasta ese día
has de arrojar la lengua castellana
la religión del hijo de María
y tu ruin libertad republicana
en el vil lodazal de tu anarquía:
y sin fuerza, sin honra y sin altares,
entregarás al yankee tus hogares…
(…)
¡Nación infame y vil, nación atea!
¡Ojalá seas yankee y yo lo vea!