EL-SUR

Sábado 20 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

80

Arturo Martínez Núñez

Mayo 05, 2020

 

Hoy hace ochenta años nació en Tuxpan, Michoacán, un mexicano ejemplar, con muchos defectos pero con muchísimas más virtudes.
Arturo Martínez Nateras es el tercero de ocho hermanos del matrimonio que formaron Celia Nateras Arteaga y Arturo Martínez Marín. Quizás haber nacido en una fecha tan importante en el calendario cívico nacional (la Batalla del 5 de Mayo) o haberlo hecho el mismo día que Karl Mark marcaron al pequeño Arturo que tuvo una infancia feliz llena de travesuras e historias cuando los niños podían estar fuera de casa todo el día con el único riesgo de sufrir descalabros, fracturas, piquetes de animales, cosas de chiquillos traviesos jugando libres en un pequeño municipio del oriente de Michoacán.
Arturo estudió la primaria y la secundaria en su natal Tuxpan hasta que emigró a Morelia y se inscribió en el Bachillerato Único de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. En Morelia el mundo se abrió para aquel adolescente. En esos años la universidad nicolaíta como algunas otras del país, eran los centros donde se daba la discusión política. Desde finales de los cincuenta, el llamado modelo estabilizador mexicano mostraba algunas rendijas profundas que se visibilizaron principalmente con los movimientos de los maestros encabezado por Othón Salazar y de los ferrocarrileros de Valentín Campa y Demetrio Vallejo.
Doña Celia, ferviente católica, trata de evitar que su hijo querido fuera a ser adoctrinado por los “rojillos” que pululaban en la Universidad Michoacana y decide enviar al hijo amado a Monterrey para que estudie Ingeniería en la Universidad de Nuevo León (la autonomía llegaría hasta el 71), pero sobre todo para alejarlo del comunismo.
En Monterrey, Arturo entra en contacto con las células locales, ingresa a la Juventud Comunista y es enviado clandestinamente a la Escuela de Cuadros de la Komsomol (la Organización Juvenil del Partido Comunista de la Unión Soviética). A su regreso a México, Arturo se dedicará de lleno a las tareas del partido. En abril de 1966 se constituye la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED) de la cual es elegido secretario de Relaciones Internacionales.
Arturo dejó de ser Arturo y se convirtió en El Micho contracción de El Michoacano. Es en la Ciudad de México donde radica ya de tiempo completo donde conoce en casa del escritor campechano Juan de la Cabada –que se había convertido en una especie de guarida de estudiantes expulsados y de intelectuales militantes–, a María de la Luz Núñez, compañera de Guerrero que había retomado sus estudios en la UNAM tras haber sido expulsada de la UAG en 1967, junto con varios compañeros como Pablo Sandoval Ramírez.
El 26 de julio del 68, fecha clave en el conflicto estudiantil, encuentra a El Micho al frente de una manifestación en solidaridad con el pueblo cubano. Esa marcha coincide con otra convocada por la FNET en protesta por la represión desmedida de un conflicto entre estudiantes politécnicos y pandilleros. Alguna mano siniestra preparaba el camino hacia el endurecimiento del gobierno a unos meses de los Juegos Olímpicos que mostrarían al mundo al México moderno, próspero y en orden que proclamaba el régimen.
Después del 2 de octubre el gobierno no quiere dejar ningún cabo suelto y a ningún dirigente libre. El Micho es detenido en noviembre y permanece preso en la Penitenciaría de Lecumberri durante poco mas de tres años.
Durante los setentas, El Micho forma parte de la dirección del PCM, coordina la campaña presidencial de Valentín Campa que desde la clandestinidad y sin registro consigue poco mas de un millón de votos. Es pieza clave en la expansión y apertura del partido, su acercamiento a una versión menos cercana a Moscú y más cercana a Lázaro Cárdenas. Es parte del equipo que negocia y consigue la legalización y el registro del PCM como partido político nacional.
Arturo sería después creador de una revista nacional que algún éxito tuvo. Trabajó con los migrantes y el movimiento chicano y a partir de principios de los ochenta se dedica de lleno a la organización de la Cooperativa La Pintada en la sierra de Atoyac. Escribano imparable que llena cientos de cuadernos, libretas, discos duros de computadoras y papelitos por doquier.
Su obra como editor y sus libros propios suman decenas de volúmenes. Después del PCM no volvió a militar en partido político alguno. Sin embargo, logró ser presidente municipal de su pueblo natal a través de las siglas del PARM.
El Michoacano es también guerrerense, chilango, regio y un poco madrileño.
Por sus frutos los conoceréis, dice el evangelio. Yo tengo nula objetividad al hablar del hombre más trabajador, más generoso, más amoroso y más solidario que conozco. Lo único que puedo decir en este día es: gracias papá por darme la vida y dejarme ser parte de la tuya. Te amo profundamente. Felices 80 primaveras, ya festejaremos en forma en cuanto la pandemia nos permita abrazarnos y besarnos.