EL-SUR

Lunes 06 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

A dos años del desastre por el impacto del huracán Otis

Octavio Klimek Alcaraz

Octubre 25, 2025

 

En la teoría del desastre, se dice que estos son socialmente construidos. Es decir, no es posible magnificar al huracán Otis, un fenómeno natural potenciado por el cambio climático, como el simple causante del desastre, que azotó, en la noche del 24 de octubre, particularmente a Acapulco hace dos años. El principal problema fue, que existían las condiciones de vulnerabilidad ambiental, económica y social, que llevaron a incrementar los peligros del huracán Otis.
Al respecto, no se debe usar de ninguna manera al cambio climático, como coartada para ocultar responsables producto de un sistema político ineficiente, oscuro y corrupto, lleno de complicidades entre múltiples actores, que en nombre del desarrollo de Acapulco durante décadas privatizaron ganancias y sociabilizaron las pérdidas, los villanos, aunque también han existido héroes y/o ciudadanía comprometida con el puerto. Falta seguramente construir la historia socioambiental de todo esto, para no continuar repitiendo los mismos errores y existan consecuencias para los villanos.
En general, todo tiene que ver con malas decisiones en políticas públicas acumuladas durante décadas, de construir todo tipo de infraestructura en zonas costeras, vulnerables a inundaciones causadas por las altas precipitaciones y/o a fuertes vientos de las tormentas en la zona costera de Acapulco, como el huracán Otis.
Por todo ello, la devastación ambiental de Acapulco y sus alrededores ha cobrado su precio potenciando los efectos adversos del huracán Otis.
Las evidencias presentadas indican que, por ejemplo, no es sensato rellenar humedales para construir desarrollos habitacionales de alta densidad adyacentes al cauce del río La Sabana, ni en la estrecha franja de tierra entre el mar y la laguna de Tres Palos, así como en la laguna de Coyuca, frente a lluvias extraordinarias. Tampoco es sensato construir grandes edificios en la línea de costa frente a vientos huracanados con las actuales normas constructivas, destruyendo además el paisaje costero.
Esto se agrava, cuando se presupone que la probabilidad de que eventos de la intensidad del huracán Otis sean más frecuentes en los próximos años. Por lo que se requiere tomar las previsiones de adaptación para ello.
Sin duda alguna, las múltiples actividades humanas han contribuido al deterioro de todos los ecosistemas naturales no solo de Acapulco, sino de toda la costa de Guerrero. Por un lado, un sistema lagunar costero con serios problemas en mantener sus ciclos hidrológicos, además de estar muy contaminados, en muchos casos con grandes problemas de sobrepesca. Por otro lado, los manglares han desaparecido, rellenados, quedando fragmentados; las selvas bajas y medianas convertidas en potreros para el ganado, o huertas de frutales o nuevos asentamientos humanos. Difícil de estimar la pérdida de la diversidad biológica refugiada en los escasos oasis de naturaleza, que han dejado los potreros, las huertas y los asentamientos humanos, pero seguramente la destrucción no es irrelevante producto de las actividades humanas.
Pero se infiere, que los impactos del huracán Otis agravan aún más la salud de los ecosistemas en Guerrero. En las evaluaciones y la información de los impactos por el huracán Otis, tierra adentro de la región de Acapulco, se reportó que existían superficies significativas de ecosistemas de manglar, selvas bajas y medianas deterioradas por el huracán, con su biodiversidad altamente impactada por consecuencia. Al tener estos ecosistemas vegetación dañada o derribada, han afectado a su vez los espacios de vida de la fauna silvestre. Adicional a los avatares de los ecosistemas terrestres, de los ecosistemas marinos y lagunares costeros se conoce de sus manglares arrasados, de arrecifes de coral enfermos, pero falta mucho por saber.
Asimismo, en esta coyuntura del huracán Otis, y las subsecuentes tormentas tropicales, se requiere hacer mucha mayor actividad preventiva en el manejo del fuego, ya que en la temporada de estiaje en 2024 causó que la vegetación, en especial la derribada, fuera combustible fácil para los incendios forestales.
En ese contexto, es relevante y estratégico el cuidar del Parque Nacional El Veladero, que, con sus 3 mil 617 hectáreas de superficie decretada, se extiende en las partes altas de la bahía de Acapulco. El Parque Nacional representa un ejemplo de la importancia de conservar a la naturaleza, con sus múltiples contribuciones de la naturaleza a las personas de Acapulco, una de ellas poco considerada es la contribución que otorga a la mitigación de impactos contra huracanes, ya que actúa y actuó como amortiguador natural con su vegetación ante las tormentas tropicales. De no existir, el impacto del huracán Otis hubiera sido de mayor magnitud, simplemente porque los asentamientos estarían ocupando y sellando las tierras forestales en la parte alta de la bahía.
Otro tema significativo desde la conservación de la naturaleza y la protección ambiental es el destino de los residuos producto del desastre del huracán Otis, pese a experiencias anteriores, como el huracán Manuel en 2013. Es muy probable que los residuos extraordinarios producidos por Otis fueron en la emergencia a dar a sitios de disposición final inadecuados, que posteriormente podrían generar problemas de contaminación y deterioro ambiental. Debería quedar claro, que en estos desastres no debe ser la ley de la selva, en donde los camiones con residuos acaben rellenando humedales, o tirándolos en los acantilados a la orilla del mar, para que después contribuyan en una futura tormenta tropical a inundar sus cercanías o a destruir las bases de la vida marina afectando las pesquerías. Además, la propia reconstrucción está generando muchos residuos de escombros. La emergencia del Otis, y las que posiblemente sigan, no deben convertirse en sinónimo de impunidad ambiental con los residuos del desastre. Se necesita tener a la brevedad buenos planes de manejo de residuos de desastres en todos los municipios de Guerrero, derivados de emergencias como la de Otis. No esperar a que vuelva a suceder.
En la reconstrucción se trata de recuperar al menos las condiciones de vida anteriores a un desastre como el huracán Otis, pero además debe lograr reducir la vulnerabilidad del territorio ante el enorme riesgo de que un fenómeno natural como este huracán se repita. Se tienen que identificar claramente las causas del desastre y en consecuencia mitigar e incluso eliminar estas. Desastres derivados de huracanes como Paulina, Manuel, Otis o John pueden mitigarse si se actúa con inteligencia, conocimiento y sentido común. No se puede continuar siendo reactivos ante estos fenómenos naturales, potenciados ahora por el cambio climático, los enormes costos de no invertir en prevenir saltan a la vista. El manejo de una crisis de esta magnitud no debería ser para ir aprendiendo en el camino.
Es urgente atender las desigualdades de los dos Acapulcos, el de los pocos ricos y muchos pobres. Se trata de una nueva planificación urbana centrada en la mayoría de la gente y no desarrollar planes urbanísticos para que todo siga igual. No es sólo la mejora de la infraestructura existente para el turismo de fin de semana y tratar de responder a reducir riesgos en el corto plazo. Acapulco requiere cambios sistémicos, profundos y a largo plazo. Se necesitan construir de manera colectiva visiones hacia el 2050 e incluso hacia el 2100. En donde se logren cambios de conducta y de los actuales estilos de vida de la mayoría de su población. Me pregunto: ¿Cuáles son los límites biofísicos de Acapulco? ¿Cómo va a afectar al puerto en sitios determinados los incrementos significativos del nivel del mar en los próximos años? ¿Cuántos turistas puede recibir sin colapsar en sus playas? ¿Cuantos cuartos de hotel y de hospedaje en casas y departamentos pueden ser aceptables sin deteriorar más la salud de los ecosistemas costeros? Son muchas preguntas para atender por la investigación relacionada a la actividad turística en tiempos del cambio climático y no deben ser mera ocurrencia su respuesta.
Al respecto, en la reconstrucción de manera prioritaria es urgente reubicar en Acapulco a aquellas personas, que son las más pobres históricamente, que se encuentren expuestas y vulnerables a peligros como derrumbes e inundaciones. Dichas zonas se encuentran claramente identificadas en las evaluaciones realizadas respecto al impacto de los huracanes Otis, Manuel o Paulina. En las mismas áreas debe cuidarse de autorizar nuevas obras u actividades que sean catalizadoras y acumulen de un aumento del riesgo de desastres. Para ello, deben existir mayores restricciones legales y técnicas para que esto no se realice como hasta ahora se ha venido haciendo.
Lo anterior implica una mayor disposición de recursos presupuestales para trabajar en este tipo de acciones preventivas y restaurativas por los tres órdenes de gobierno. Necesariamente se tiene que invertir en la conservación de ecosistemas naturales como manglares o selvas bajas y medianas en la zona costera de Guerrero, contribuye a reducir el riesgo de que un desastre causado por huracanes como el Otis se repita. Soluciones basadas en la naturaleza y la comunidad son de las mejores inversiones en política pública para reducir riesgos de desastres.
En especial, se requiere fomentar y apoyar a los investigadores que trabajan sobre los ecosistemas terrestres y acuáticos en la región de Acapulco, para así tomar decisiones basadas en el conocimiento científico respecto a la conservación, manejo y restauración de los ecosistemas impactados por Otis. El puente entre la ciencia y las políticas públicas debe ser realidad. Es una de las mejores inversiones de futuro para Acapulco. En la actual coyuntura posterior al huracán Otis pueden olvidarse las previsiones para ese tipo de inversión en investigación de ecología aplicada, restauración ecológica o prevención de incendios forestales, dado que se destinan en su mayor parte a acciones de recuperación básica, que no necesariamente tienen la mayor rentabilidad ambiental o social, como las que antes se señalan, ya que simplemente prevalece la rentabilidad económica o política.
Esto de la inversión se recalca, porque los recursos públicos hacia acciones con la naturaleza se observan por lo común como un gasto, no urgente, ni prioritario. Muchas veces se invierte en forma desproporcionada, en medidas muy básicas y cosméticas como encementar banquetas, que en lo anterior.
Finalmente, señalaría dos temas para que funcione y tenga éxito la reconstrucción de Acapulco en el mediano y largo plazo.
El primero es la participación ciudadana y la rendición de cuentas. Las instituciones de gobierno en general deben tener un diálogo constante, organizado y representativo con la ciudadanía en distintos niveles del territorio en donde la participación de la ciudadanía sea real y efectiva, y no para legitimar decisiones ya antes construidas. Se necesitan comités y/o consejos reales representativos de la ciudadanía en Acapulco. Se requiere que, por ejemplo, la ciudadanía participe en la adopción de prioridades, que exista un espacio público donde se informe y opine periódicamente sobre metas, avances y gastos de los tres órdenes de gobierno, que haya vinculación de las opiniones ciudadanas.
El segundo articulado a la participación ciudadana es la absoluta transparencia en la gestión de fondos públicos y la contratación de obras y adquisiciones. La gran cantidad de recursos públicos que se requiere movilizar en la reconstrucción conlleva riesgos de corrupción. Se debe comprender que, si la reconstrucción fracasa, el riesgo de tener un desastre mayor que el huracán Otis puede llegar a convertirse en poco tiempo en una terrible realidad. Ya se está en cambio climático, y el país, en especial Guerrero y Acapulco, demostró su falta de adaptación y terrible vulnerabilidad al mismo.
Es decir, se necesita desarrollar un Plan de Reconstrucción por lo menos hacia el 2030, cuando concluye el gobierno federal actual. En este Plan, se requiere considerar la participación coordinada de los tres órdenes de gobierno –federación-estado y los municipios afectados– y la representación real y equitativa de todos los sectores de la sociedad de Guerrero y Acapulco en su desarrollo. Esta participación incluyente de la sociedad tiene que ver con múltiples sectores económicos y sociales, que poseen información y aprendizajes valioso que aportar al Plan. Por ejemplo, cómo lograr fortalecer el sistema de distribución de energía eléctrica o el de agua potable y aguas negras, que colapsaron, cuidar que las escuelas, las clínicas y hospitales sean funcionales ante los fenómenos naturales, entre otros aspectos. Considerar reordenar el territorio para evitar asentamientos humanos en áreas de inundación frecuente. Se trata de construir un Plan de Reconstrucción para los próximos años y décadas, que sería de la recuperación permanente, y que sin duda será la fase más compleja en términos políticos, ecológicos y sociales, y la más cara en términos económicos, además de que llevará más tiempo en realizarse. Una reconstrucción debe reducir riesgos a través de la reducción de la vulnerabilidad de personas y bienes, así como aumentar la resiliencia frente a fenómenos naturales intensificados por el cambio climático, para que no vuelva a suceder lo mismo o algo peor.
Finalizo señalando, que un aspecto clave, es eliminar la visión tecnocrática de dominar la naturaleza en la reconstrucción, para que funcione ésta debe ser con la naturaleza y no en contra de ella. El gran reto es que las zonas costeras de Guerrero, en especial Acapulco, sean resilientes a impactos de grandes huracanes y otros fenómenos naturales en tiempos de cambio climático, probablemente más recurrentes en los siguientes años. Evidentemente si se trata de reconstruir como siempre, para que se vuelva a caer lo reconstruido en pocos años sería inversión pública y privada tirada literalmente a la basura, además de las graves consecuencias para las personas, sus bienes, la naturaleza, su biodiversidad y ambiente. Se entiende, que nadie querría algo así.