EL-SUR

Jueves 13 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

A la sombra, con Martín Luis Guzmán (I de IV)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Julio 02, 2020

La Zanja o La Poza

Martín Luis Guzmán Franco se afana en abrevar el agua de un coco de media cuchara y en la primera intentona empapa la pechera de su alba camisa de cuello duro.
–¡Que cosas! –exclama sorprendido el notable escritor y periodista achicando la inundación con sus propio pañuelo–, ¡nunca pensé que tomar a boca de coco demandara habilidades especiales!
El biógrafo más fiel de Pancho Villa dicta su cátedra al leve vaivén de una mecedora de palma. Lo escuchan devotamente, como si escucharan el sermón dominical, campesinos acuclillados y mujeres arrebozadas en el corazón mismo del poblado de La Poza o Zanja del Teniente. Todos bajo la sombra de un árbol frondoso de mango, cuyos frutos cuelgan cual esferas navideñas. La última palabra de la exposición del novelista norteño es un no rotundo pero amable.
Rechaza con vehemencia que su nombre se inscriba en el portal de la nueva escuela del poblado acapulqueño y a cuya inauguración ha venido sólo para cumplir con una invitación de la comunidad. Argumenta a su favor la falta de merecimientos para recibir tan señalado honor, pero, básicamente, por razones de conciencia y congruencia.
–Ya me veo –el crítico severo y permanente de los tontos que buscan trascender imprimiendo sus nombres en mármoles y bronces–, convertido en uno de ellos inaugurando una escuela con su nombre. –¡“Escuela primaria Martín Luis Guzmán” –deletrea burlón– ¡Sí que estaría yo lucido!
–Pero es que ya habíamos quedado, señor licenciado –recueda el más anciano del grupo–. Tanto Kamal como nosotros queríamos rendir este modesto homenaje al soldado (¿literario?) más leal de mi general Villa.

Extranjero generoso

–Sucede amigos míos –retoma la palabra el novelista– que al buen amigo Kamal se le olvidó comentarles mi temprana negativa para ser objeto de tal honor. Se la hice saber el mismo día en que me participó su hermoso proyecto. El de construir con recursos propios una escuela destinada a los niños de la comunidad que le ha brindado hospitalidad y cariño. Es por ello que mi presencia tiene hoy aquí dos propósitos: saludar la generosidad de Kamal y pedir a ustedes que entiendan mi negativa. Les doy a cambio mi palabra de que este momento lo guardaré en mi corazón lo que me reste de vida.
A Kamal Assam, comerciante y agricultor de origen hindú, asimilado de tiempo atrás en La Poza, le había fallado la estrategia. Pensó que don Martín Luis, presionado por los hombres del campo, por quienes guarda particular respeto y aprecio, aceptaría finalmente que la escuela llevara su nombre. Se quedará entonces con la enorme placa de bronce con el nombre de uno de los precursores mexicanos de la novela histórica .
Ahora que no habían sido sencillas las condiciones impuestas por el autor del Aguila y la Serpiente para aceptar la invitación de Kamal, No deseaba alternar con autoridades civiles o militares del puerto. ¿Por qué habrían de estar presentes si no habían aportado ningún recurso para levantar el plantel? Tampoco los acostumbrados contingentes infantiles formando vallas bajo el rayo del sol, lanzando hosanas al paso de los monarcas trianuales o sexenales. Nada de fanfarrias y , ¡ah!, algo muy muy importante: ¡nada de flashazos cegadores ni preguntas obvias e incómodas de fotógrafos y periodistas!
Sobre esto último el anfitrión advierte al novelista que sólo ha invitado a un reportero de Trópico, el mejor diario de Acapulco, su amigo Anituy Rebolledo.
–Bueno, ¡pero sólo uno! –condiciona el periodista–.

La sombra del caudillo

Pieza clave de la novela de la Revolución Mexicana, La Sombra del Caudillo narra los asesinatos de dos aspirantes a la Presidencia de la República –fusilamientos los llamó el gobierno– que preludiaron el magnicidio del presidente reelecto, general Álvaro Obregón, oficialmente a manos de un fanático religioso.
–Señor, ¿su opinión sobre la censura a la película La Sombra del Caudillo?
–¿Usted debe ser el reportero invitado Kamal? Mire joven, esta será la ocasión número mil que responda esa pregunta en los últimos seis meses. Y lo haré como la primera vez: A mí no me lo crea, amiguito, pero dicen que la película de Julio Bracho no le gustó al secretario de la Defensa Nacional, general Agustín Olachea Avilés (1958-1964). Según él, la cinta habría provocado una reacción airada de los generales acusando a la cinta de denigrar al Ejército Mexicano y a la propia Revolución Mexicana, ¡Vive Dios!
–¿Su reacción, maestro?
¡Ni sorpresa pero tampoco enojo! La sombra del caudillo fue escrita y editada durante mi primer destierro en España. Los primeros ejemplares llegados a México fueron incautados por órdenes del presidente Calles, además de prohibir la circulación del libro en todo el territorio nacional. Para mi fortuna, y de la libertad de expresión, hubo personas que lo hicieron desistir de tamaña atrocidad. Con todo, el bilioso Jefe Máximo amenazó con cerrar la empresa editora, Espasa-Calpe, y expulsar a su personal hispano si publicaba una nueva obra mía. Prohibición que eximía textos anteriores como Mina, el mozo; Filadelfia, paraíso de los conspiradores y Piratas y corsarios .
Para el prosista formidable resultaba absurdo que se prohibiera la explotación comercial de la película (1960) y en cambio circulara libremente el libro en el que estaba basada.
–¡Dejaríamos de ser, señor, un país con tercer año de primaria y nulo hábito por la lectura! –interviene el recién nombrado director de la escuela que llevaría el nombre del autor–.
–¡Es verdad, es verdad! –acepta Marín Luis. Nada, sin embargo, deberá hacer la censura sobre ninguna forma de expresión del pensamiento. Resulta muy peligroso que en México se den tan bárbaras manifestaciones de intolerancia, sin que se produzcan respuestas sociales de la misma intensidad.

La inauguración

Llega el momento de la inauguración de la escuela primaria de La Poza, cuyo nombre lo decidirán más tarde las autoridades educativas, debiendo el escritor chihuahuense abandonar su cátedra insólita bajo aquella. Tendrá el tiempo justo para reconocer el altruismo y generoso desprendimiento de su amigo Kamal Assam. Una respuesta sólo a la altura de lo que ha recibido de hombres, mujeres y niños de este pueblo que lo han arropado amorosamente.
Enseguida, entre el vocerío de manifestaciones agradecidas de los pobladores, Martín Luis Guzmán pasará a la redonda mesa del banquete localizada bajo la misma sombra del mango. Los anfitriones lo complacen con langostinos gigantes al mojo de ajo. ¡Dios!

Las identidades

Luego vendrá la huida al aeropuerto simulada con una visita urgente al baño. La ha pedido así para no distraer más a sus generosos anfitriones, a quienes ha dejado con Kamal un mensaje cariñoso.
–¡Se te va!, alerta Kamal al reportero. ¡Síguelo!
–Una última pregunta maestro: ¿ Son todos los personajes de La Sombra del Caudillo réplicas de personajes reales?
–Todos, con excepción de Axcaná González. Él es el único personaje ficticio de la novela. Con él pretendí darle voz al pueblo. Es un poco el coro de la Tragedia Griega buscando que el mundo ideal cure las heridas del mundo real. Axcaná es bien visto la conciencia revolucionaria.
–¿Y las identidades de los demás personajes, maestro?.
–¡Ya, jovencito, que por tu culpa me va a dejar el avión! ¡Anote pero rápido!:
Alvaro Obregón (El Caudillo), Francisco Serrano (Ignacio Aguirre); Plutarco Elías Calles (Hilario Jiménez); Arnulfo Gómez (Protasio Leyva); Jorge Prieto Laurens (Emilio Oliver Fernández); general Guadalupe Sánchez (Francisco Reyes); Jorge Carregha (Eduardo Correa); general José Villanueva (Jacinto López); Luis N. Morones (Ricalde); Antonio Díaz Soto y Gama (López Nieto).
–¡Y ya no me pidas más nombres, chamaco! Quizás no lo sepas, pero La Sombra del Caudillo la escribí hace 40 años. ¡Adiós!

La escuela

La escuela de La Poza o Zanja del Teniente, construida con recursos generosos del extranjero Kamal Assam, llevará finalmente el nombre del general Ignacio Zaragoza. El valiente héroe de la batalla de Puebla del 5 de Mayo de 1862.

La película

Escrita por Martín Luis Guzmán en España en 1929, La sombra del caudillo es censurada en México por lo que el cineasta Julio Bracho la conoce hasta 1936. Será entonces cuando decida llevarla al cine, para lo cual adquiere los derechos correspondientes.
No obstante, será hasta 1959 cuando Bracho presente el guión ante la Secretaría de Gobernación, mismo que le es autorizado sin ninguna anotación. La cinta se filma en las ciudades de México y Toluca contando incluso con el apoyo del presidente López Mateos. Agradecido, Bracho le obsequia una de las seis únicas copias del filme, que el mandatario dona a la UNAM.
En 1960 la película se exhibe de manera privada en el cine Versalles y es enviada inmediatamente al festival cinematográfico de Karlovy Vary, Checoslovaquia, donde triunfa clamorosamente con laureles para el director Bracho y el actor Tito Junco. Considerada como una de las grandes películas mexicanas de todos los tiempos, La Sombre del Caudillo permanecerá secuestrada por cinco presidentes de la República, temerosos de provocar las iras y enojos de los generales mexicanos.
Será hasta el 25 de octubre de 1990 cuando su exhibición sea autorizada en todo el país.

El reparto

Tito Junco (Ignacio Aguirre); Tomás Perrín (Axcaná González); Carlos López Moctezuma (Emilio Olivier); Miguel A. Feriz (El Caudillo); Ignacio López Tarso (Hilario Jiménez); Jorge Arriaga (coronel Saldívar); Víctor M. Mendoza (general Elizondo); José Elías Moreno (Catarino Ibáñez); Antonio Aguilar (Jáuregui); Roberto Cañedo (presidente de la Cámara de Diputados); Víctor Junco (gobernador de Jalisco); Tito Novaro (diputado); Agustín Isunza (Remigio Tarabana); Manuel Arvide (general Protasio Leyva); Noe Murayama (mayor Segura); Carlos León (asistente de Aguirre); Arturo Soto Rangel (director Cooperativa).
Las damas: Bárbara Gil (Rosario), Kitty de Hoyos (La Mora) y Prudencia Griffel (la dueña del burdel).